Arte y Letras Historia

La guerra que ganó México: historias del exilio republicano

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Algunos de los 4000 niños vascos evacuados en el S. S. Habana a su llegada a Southampton, Reino Unido, 1937. Fotografía: The Times / Cordon Press.

Siempre me ha atraído ese espacio minúsculo, el espacio que ocupa un solo ser humano, uno solo… Porque, en verdad, es ahí donde ocurre todo. (Svetlana Aleksiévich, El fin del «Homo sovieticus»)

Queridos padres y hermanas: Esperando que al recibo de esta se encuentren bien de salud ya que esto es para nosotros motivo de alegría, les diré para su tranquilidad que por acá todos nos encontramos bien ya que tanto los niños como María y yo estamos bien.

Nada extraño habría en esta carta a sus padres que firma Juan junto a su familia —su mujer, María, y sus hijos, Julieta, Carmela y Quico—, remitida a Utiel, Valencia, y fechada en la Ciudad de México el 23 de agosto de 1959, si no fuera porque para entonces Juan ya estaba muerto.

Juan Francisco Yuste Pérez había llegado a México como refugiado de la guerra civil española, dejando en Utiel a sus padres y a sus dos hermanas, Julia y Carmen. Aquí se casó con una mexicana, María López, y prosperó, pero la mala suerte se le presentó en forma de cáncer de pulmón y murió a los cuarenta y siete años. Respetando su voluntad, su mujer acordó con sus cuñadas, a las que nunca conocería, no contarles jamás a sus padres, ya ancianos: lo perdieron una vez, no resistirían una segunda. Ellos sobrevivieron dos o tres años más. Durante ese tiempo, María escribía a sus suegros como si fuera su marido, mecanografiando e imitando su firma, y, ahogando las lágrimas, leía en voz alta las cartas de respuesta al hijo que vivía, feliz, en América.

Pequeñas tragedias como esta o finales felices, protagonistas con grandes nombres o gente anónima, las historias del exilio republicano en México tienen en común dos elementos inapelables: el dolor por la guerra que desgarró no solo España sino sus propias vidas y la esperanza en un país que, como ninguno, les abrió la puerta de par en par.

Los hechos son conocidos. Como parte de su política, el entonces presidente de México Lázaro Cárdenas apoyó incondicionalmente al Gobierno legítimo de la Segunda República. Durante la contienda, enviando armas, provisiones e incluso hombres —unos doscientos cincuenta jóvenes mexicanos, entre ellos el pintor David Alfaro Siqueiros, lucharon en las Brigadas Internacionales—, y con la derrota, recibiendo a más de veinte mil refugiados de los cerca de quinientos mil que huyeron de la paz franquista cruzando los Pirineos o embarcándose a ultramar.

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2 comentarios

  1. Alfredo Lagos olvera

    viva México, viva la madre patria…y todo lo bueno que trajeron los hermanos exiliados pues eso le dio un gran impulso, educativo, cultural y científico a una gran nación…Mexico

  2. Gustavo Darias

    Mujica, para describir el desembarco de europeos en tierras latinoamericanas, en contraste con nuestra mirada atlántica para asuntos mediterráneos, utilizaba el verbo vomitar. Me sorprendió que no protestara la Xunta de Galicia ni se inmutara Europa cuando decía algo así como que el viejo continente «vomitó» a las costas sudamericanas millones de refugiados el siglo pasado. Quizá su indignación con nuestro estrábico sentido del derecho internacional lo haga comprensible o que fuera un síntoma de las secuelas que sus torturadores le habían infringido. Al fin y al cabo, fuera de México, somos carne de chiste en las superpotencias de la carne congelada. Tres décadas de gloria en una historia de miseria pueden hacernos olvidar lo cerca que estuvimos de la calamidad, y hacer con el sudaca una visión vizca que nos haga olvidar que somos igual de pobres, igual de víctimas e igual de vomitados por la dictadura del FMI que nos promete un consumo típico de ricos para trabajadores del ganado y camareros de costa

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