Deportes

El ciclismo, una religión

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Fausto Coppi durante el Tour de Francia de 1949. Foto: Cordon.

La foto es del 4 de julio de 1952. Andrea Carrea, superviviente del campo de concentración nazi de Buchenwald, viste el maillot amarillo del Tour de Francia por primera y última vez en su vida. Agacha la cabeza, avergonzado, mientras el campionissimo Fausto Coppi le acaricia el mentón y sonríe tratando de consolarlo.

Carrea, uno de los gregarios más fuertes y más fieles de Coppi, se había sumado la víspera al ataque de siete ciclistas secundarios. Una tarea de equipo habitual: colarse en las fugas, adelantar un peón en el tablero. Pero el pelotón se lo tomó con calma y los escapados llegaron con muchos minutos de ventaja a la meta de Lausana. Ganó el suizo Diggelmann. Carrea se marchó al hotel y cuando estaba a punto de ducharse apareció la policía para darle un disgusto: le comunicaron que era el nuevo líder del Tour y que debía subir al podio. Carrea llegó al podio acompañado por policías y temblando.

«Cuando le pusieron el maillot amarillo, lloró», escribió el periodista Jean-Paul Ollivier. «Pensó que el cielo había caído sobre su cabeza. Cuando apareció Coppi, Carrea se dirigió hacia él sollozando como un niño y se deshizo en disculpas. “No quería el maillot, Fausto, perdóname, qué hace un pobre hombre como yo con el maillot amarillo…”». Coppi lo abrazó y lo felicitó.

En la salida del día siguiente, Carrea se presentó de amarillo y no sabía dónde esconderse. Cuando se acercaron los fotógrafos, se arrodilló delante de Coppi y se puso a lustrarle las zapatillas. Por suerte para él, ese día subieron al Alpe d’Huez por primera vez en la historia, Coppi ganó la etapa y se vistió el maillot amarillo ya hasta París. Carrea terminó noveno: era un ciclista notable.

Pero los gregarios de Coppi no formaban solo un equipo de ciclistas, no eran una familia, «constituían una especie de secta en la que todos se entregaban al líder, trescientos sesenta y cinco días al año, y permanecieron unidos con el paso de las temporadas», escribe el historiador John Foot en su libro Pedalare. Valerio Bonini, otro de los gregarios de Coppi, habló así: «Estar junto a él era como estar junto a Jesucristo. No quiero blasfemar pero Fausto era un poco como él: un ser fuera de la norma, un santo en carne y hueso». El sociólogo Roger Bastide escribió que la figura de Coppi parecía sacada «de la vidriera de una iglesia, con su cuerpo tan largo y delgado, con las líneas del rostro marcadas por el sufrimiento como las de un monje en éxtasis. Cuando se le ve sufrir, viene a la mente el camino al Calvario». El periodista Gianpaolo Ormezzano habló de Coppi como «el campeón con una cruz a la espalda».

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7 comentarios

  1. Grande Ander, muy entretenido

  2. Precioso, gracias por contarnos esas historias, unas tan bellas y otras tan ilustrativas de un tiempo ya pasado. Si un día la vida lo permite no dejaremos de pasar, aunque sea en coche, por esos lugares «sagrados» y admirar esas reliquias

  3. Muchas gracias , por este relato . Me gustan muchos las historias de ciclismo . Y esta está llena de curiosidades y datos .
    Gracias , gracias sinceras

  4. 5 Giros de Italia, 3 Mundiales en ruta, 4 Giros de Lombardía, 2 Milán San Remo, 41 etapas ganadas en el Giro… Alfredo Binda fue el tío al que pagaron para que no corriera el Giro de Italia para que la prueba recuperara algo de emoción. Sin duda uno de los grandes ciclistas de la historia, una leyenda. Sin discusión.

  5. ¿Y una publicación con todos los artículos de ciclismo publicados hasta la fecha?.

  6. Maravilloso relato. Muchas gracias

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