Entrevistas Sociedad

Jake Adelstein: «La Yakuza tiene que mantener una imagen pública de organización humanitaria»

Fotografía: Alex Abian

Jake Adelstein para JD 0

A Jake Adelstein (Columbia, Missouri, 1969) ya no le protege un guardaespaldas de nueve dedos. Aún le quedan residuos de cuando vivía con miedo —una cierta antipatía a los días de lluvia— pero no demasiados. Llegó a Japón a los diecinueve años, llamándose Josh y fantaseando con ser actor. Cuando se convirtió en el primer periodista estadounidense en encargarse de investigar los crímenes de la Yakuza en el principal periódico nipón ya se llamaba Jake. Y fue una carambola. Ocho-nueve-tres, lo que significa ya–ku–za. Una tirada desafortunada a las cartas. Más de dos décadas pasó jugándosela cada día, aunque ahora que nadie vigila su puerta le reste importancia. «Liquida esa información o serás liquidado. Junto a tu familia». Se lo escupió a la cara uno de los líderes de la organización criminal sobre la que pesan, como es lógico, mitificaciones y mixtificaciones. Adelstein tiene un mirar trabajoso y un alegato directo: la Yakuza no son cuatro locos tatuados que van matándose entre ellos con sables samuráis. La Yakuza no es ilegal ni misteriosa. A cómo un tipo de Missouri acaba sentado a la mesa con los cabecillas de la que llegó a ser la mafia más numerosa del mundo, Adelstein responde como si nunca se lo hubieran preguntado. Pronto la Yakuza será una reliquia. Nos recibe en su casa tokiota, rodeado de símbolos, libros y fichas sobre ellos, y lo confiesa: no puede evitar cierta lástima.

Está a punto de llover. No es un arranque romántico, sino algo que solía atemorizarte. ¿Por qué?

Es bastante sencillo: si vas a matar a alguien y no quieres que te pillen, los días de lluvia son los mejores. Por eso la Yakuza solía cometer asesinatos en esos días, porque el agua borra las evidencias, las huellas de pisadas o neumáticos, pero también otras menos obvias. Disminuye mucho la probabilidad de que haya testigos, gente por la calle, hay mala visibilidad, el sonido de disparos puede amortiguarse más… Mi guardaespaldas, que fue yakuza, me impedía salir a la calle cuando llovía, especialmente en la época de guerra de bandas.  

Pero ya no tienes miedo. ¿Es eso una especie de termómetro de la situación actual de la Yakuza?

No lo había pensado así. Y no, ya no tengo miedo. Ahora la Yakuza tiene otros problemas diferentes a mí [ríe]. Su líder, Tadamasa Goto, que era quien quería acabar conmigo, creo que está en Camboya. Y yo, personalmente, ahora vivo una vida perfecta y pacíficamente tranquila.

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Un comentario

  1. Gran entrevista sobre un tema que, al menos para mi, es bastante desconocido, más allá de un par de películas que asumo con muchas libertades artísticas… Lo mejor es que se ha hablado poco de la vida de este señor, un par de cositas básicas para entender el contexto de su obra y poco más. Ojala todas las entrevistas fuesen así.

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