La página par Opinión

Manuel Jabois: ¡Otros preferirán la juventud!

Lo que no está bien, en particular, es que todas esas sesiones, a dos o a tres, de una hora o una noche, en las que hacen más o menos —eso depende de lo que cobran o del aspecto del cliente—, van minando poco a poco a las que son felices. A veces llego a sentir cierta melancolía al verlas desmoronarse así ante mis ojos. “¡Y pensar que un día serán viejas, unas porteras!”, me dije entonces. Pero mentiría si sólo me refiriera a mi pesar. ¿Acaso esa fatiga amorosa que vidria y oscurece sus ojos y les endurece un poco el rostro no es lo más excitante de su belleza? Cuando las veo, después de una noche de trabajo, molidas, como se dice, y algo sucias, disfruto con emoción de toda esa usura brillante y triste. ¡Otros preferirán la juventud! Si fueran frescas como chicas de buena familia, no sé si estas mujeres me gustarían tanto.

 Paul Léautaud, Recuerdos ligeros

En sus primeros diarios, Iñaki Uriarte relata la actitud displicente de un personaje de Monnier la primera vez que vio el mar: “Tal cantidad de agua roza lo ridículo”. Lo recuerdo cuando me cruzo con la entrevista que Robert Mallet le hizo a Paul Léautaud, y que tradujo Emilio Quintana: “¿Cómo explica usted una repulsión tan absoluta por el mar?” “Eso no tiene explicación, es así y punto. Por más que lo miraba, me parecía una lata (…) Me gusta más una pequeña orilla en un paisaje que el mar. Encuentro que tiene más expresión”. Curioso este Léauatud, que responde sobre el presunto consuelo de la naturaleza: “Para mí la naturaleza es una cosa espantosa. Piense usted en todas las muertes sucesivas que representa la naturaleza. En la naturaleza, el pequeño sirve de alimento al grande, la naturaleza no es más que una sucesión de crueldades. ¡Los árboles! ¡Incluso los árboles! Se matan entre ellos con las raíces y con las sombras de las copas”.

A Souvenirs légers (Recuerdos ligeros), su primer libro, el editor le cambió el título por Le Petit Ami. Está en él este escritor “personal hasta el disgusto, libre hasta la afrenta, sensible hasta la ridiculez, imperfecto hasta el exceso” que llevó el manuscrito al editor diciéndole que en él trataba la vida de un hombre que tiene relaciones con “ciertas putillas”. Una vida que era la suya y que el prudente editor, en gesto desenfadado, catalogó como novela para ira de Léautaud, que no concibió mayor ejercicio en su vida que el dejarla por escrito a lo largo de más setenta años. Acaso el libro instaure un orden propio, que es el orden de Léautaud, un género entre generos construido con materia de sí mismo, sin concesiones a estilosas ficciones ni convenios con nada desplazado de la realidad. “Ciertos momentos de mi vida los he vivido dos veces: viéndolos, y en seguida al escribirlos. Sin duda los he vivido más profundamente al escribirlos”.

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3 comentarios

  1. Ese Stendhal, traducido al bable, quiere decir que el límite de todo ego es el ridículo.

    Leautaud, un tipo sumario. Prefiero al santanderino Jesús Pardo.

  2. Léautaud y Pla están hechos de la misma madera. El único escritor español que le gustaba a Léautaud era Baroja.

  3. La cita sobre la naturaleza me recuerda lejanamente a la de Schopenhauer:
    «Si queréis en un abrir y cerrar de ojos ilustraros acerca de este asunto, y saber si el placer puede más que la pena o solamente si son iguales, comparad la impresión del animal que devora a otro con la impresión del que es devorado».

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