Cine y TV

Cine, periodismo, y dinero: el mundo del tuning

oie 16133633RYWI1pZW
Vin Diesel en un fotograma de Fast & Furious, 2009. Imagen: © Universal Pictures International / Courtesy Everett Collection / Cordon Press.

Jot Down para Autodoc

La saga cinematográfica de más éxito comercial sobre el mundo del tuning no solo recogía casi un siglo de fascinación por los coches modificados. Además nació del reportaje de una revista como esta. En 1998 Ken Li publicaba en Vibe «Racer X», la historia del tuneador y piloto Rafael Estevez, quien después de abandonar el instituto a los dieciséis para trabajar de mecánico, se había convertido en campeón absoluto de las carreras ilegales en Nueva York.

Al atardecer, se adueñan de las calles. Rugiendo y zumbando en manada, sus autos se arrastran por el asfalto con grandes alerones traseros y brillantes pegatinas, atravesando las calles laterales de la parte alta de Manhattan, ya congestionadas por los atascos. Zigzagueando de un lado a otro, se detienen en un semáforo bloqueando el resto de carriles, preparando la calle para la carrera. Momento en que un Nissan 300ZX negro y un Mitsubishi Starion blanco salen del grupo y conducen lentamente hasta la línea de salida. Mientras el sol baila en el río cercano, el sonido de las bocinas de los autos y los demás conductores gritando se ahoga por la onda expansiva del sonido de los motores acelerando antes del despegue. Un latino cachas con camiseta amarillo fluorescente está en medio de «la pista» y levanta sus manos. Ambos autos se sacuden y se detienen como pitbulls encadenados, sus escapes escupiendo humo negro. Las manos caen. 16 km/h: desde la salida, el Nissan sale adelante con un cuerpo de distancia. 65 km/h: todavía en primera, el piloto cambia rápidamente a segunda, y su cabeza se sacude hacia atrás. Las gomas hacen un breve chillido. 160 km/h: el Mitsubishi se acerca. Hay un momento de vacilación donde parece que el Nissan podría perder. Esto solo dura una centésima de segundo. 202 km/h: apretando los dientes, el hombre detrás del volante del Nissan comienza a temblar por la velocidad, su visión se torna borrosa. Él no ve al Mitsubishi acercarse. Cruzando la linea de meta, el piloto del Nissan, Rafael Estevez, gana por un cuerpo de distancia.

Este párrafo en el artículo de Ken Li no solo recoge un testimonio directo sobre la carreras ilegales, parece copiar además secuencias muy recordadas del cine. El periodista llama a Estevez un rebelde sin causa por la película homónima, aludiendo a la «Chikie Run», esa carrera con trágico final donde James Dean y su contrincante tenían que abrir la puerta y tirarse antes que sus coches cayeran por el acantilado. La narración también parece sacada de Grease, concretamente del momento en el que John Travolta y Dennis Stewart corren por el canal al ritmo de «Greased Lightin». La letra de ese tema resume bien en qué consiste la pasión por el tuning de los chicos de la calle: «Nos haremos con alerones, carburadores, inyectores, tapacubos cromados, y conseguiremos el dinero, mataremos por conseguir el dinero».

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

2 comentarios

  1. Para el nivel medio que ofrece JD este artículo es decepcionante. Salpica gazapos importantes: Ni el coche al que os referís varias veces es un Honda S2000, ni Steve McQueen ni tuning llevan más de una «n» por barba, ni el fenómeno de la fibra de vidrio es original de los coches japoneses — si hay un culpable apuntaría antes a los especiales de competición homologados para circular por la calle, pero eso sería simplificar demasiado-.

    Habrá que suscribirse, porque si esto es un toque de atención para que veamos que no todo el «branded content» que hagáis puede ser forzosamente de la misma calidad que los videos de la ginebra, lo habéis conseguido.

  2. Hola, LSD. Efectivamente es responsabilidad del periodista cotejar sus datos, y no tengo disculpa para lo del gazapo del Honda, porque encima sí que sabía que era un Toyota. Mea culpa. Edición ya lo ha corregido. El resto depende más de las fuentes que emplees, pero las opiniones del lector siempre se respetan aquí en la revista, filosofía que comparto. En cuanto a tu opción a suscribirte, bienvenida. Sin duda JD no incluiría ningún tipo de publicidad si pudiera vivir de sus suscripciones, y tampoco artículos branded. Lo único que a gente como yo y a medios como estos les sería un poco más difícil salir adelante. Por eso te recomiendo la lectura de «No disparen al publicista». (http://www.elciervo.es/blog/no-disparen-al-publicista/) Ojo, es un artículo de opinión y mio, así que igual no te apetece leerlo. Pero explica la razón de que los medios de internet necesiten la publicidad para existir. Gracias por enriquecer mi artículo con tu comentario, y un saludo. Su autor, MST.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*