Arte y Letras Literatura

Gloria, pasión y muerte del soneto

Casa Lope de Vega Madrid
Casa de Lope de Vega (Madrid). Fotografía: Real Academia Española (DP).

Llega la ancianidad y el gran sujeto
de tanta inspiración surge triunfante:
¡es la muerte que asoma en el terceto!

José María Rojas Garrido, «La vida es soneto»

Se atribuye a Giacomo da Lentini, poeta siciliano del siglo XIII, la invención del soneto, aunque es más probable que fuera el resultado de una combinatoria de estrofas simples (cuartetos y tercetos) de la que, por evolución memética, acabó emergiendo una composición dominante que, apadrinada por Dante y Petrarca, se impuso con rapidez en la floreciente poesía renacentista italiana, para reinar luego durante siglos en toda la lírica occidental.

El soneto se compone de dos cuartetos y dos tercetos de arte mayor, normalmente endecasílabos, y aunque admite ligeras variantes (1), su estructura canónica es ABBA ABBA CDC DCD: el primer verso rima en consonante con el cuarto, el quinto y el octavo; el segundo, con el tercero, el sexto y el séptimo; el noveno, con el undécimo y el décimo tercero; y el décimo, con el duodécimo y el décimo cuarto.

El extraordinario éxito del soneto se debe, en buena medida, a su estructura «dramática», que lo hace especialmente idóneo para expresar, de forma tan  intensa como sucinta, el eterno drama de la pasión, tanto de la espiritual como de la carnal, lo que llevó al poeta colombiano José María Rojas Garrido a decir —en un soneto, naturalmente— que «la vida es soneto». En el soneto clásico, el primer cuarteto suele hacer las veces de planteamiento, y el segundo, de nudo, mientras que los tercetos ofrecen, con su comedido cambio de ritmo, un desenlace en dos tiempos: reflexión y conclusión. 

El soneto llegó a España —para quedarse— en el siglo XV, de la mano de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana, con sus «Sonetos fechos al itálico modo»; poco después fue aclimatado al castellano por Juan Boscán y Garcilaso de la Vega, y alcanzó su máximo esplendor en el Siglo de Oro.

Entre los cultivadores del soneto en lengua castellana, que fueron muchos y algunos muy buenos, destaca de forma clara —sobre todo por lo que a la cantidad se refiere— Lope de Vega, a quien se le atribuyen unos tres mil. Para alcanzar ese récord hay que escribir una media de un soneto diario durante nueve años, por lo que es razonable suponer que no todos los que salieron de la pluma de Lope obedecían a esa necesidad imperiosa de compartir las entretelas del alma de la que hablaba Rilke. Decía Jorge Guillén que hay muy pocos poetas verdaderos e incluso esos pocos lo son pocas veces. Es indudable que Lope era un poeta verdadero, pero no lo era siempre: los ejercicios de estilo y los juegos de palabras ingeniosos prevalecen a menudo en sus versos sobre la intensidad poética, como en el terceto final de uno de sus sonetos más famosos:

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6 comentarios

  1. Entonces, no solo el soneto, sino toda la rima está muerta, ¿no?

  2. Muerta del todo no, pero en la poesía contemporánea su presencia es mínima. Y en parte es por puro agotamiento. Al igual que ha ocurrido con las marcas comerciales, casi todas las rimas viables han sido utilizadas.

  3. De hecho, los motivos musicales básicos hace tiempo que están agotados. Pero la música permite una combinatoria mucho más rica y flexible que la de la rima; las palabras escritas no tienen matices de ningún tipo, son siempre iguales a sí mismas. Por eso la poesía experimental intenta aprovechar recursos tipográficos y espaciales para dar una nueva dimensión al lenguaje escrito, que, desde el punto de vista formal, es una rígida cadena de palabras estáticas.

  4. …Sonetos, combinaciones, exégeta, psicología, deducciones claras y otras ásperas, deslumbres que se apagan con el devenir incontenible de las palabras y las bocas de los archivos digitales…
    Extraña combinación sos, viejo Carlo,
    matemático… lingüista, una cofradía
    limitada que merecería el ostracismo
    porque, ni nos miran desde allá arriba;
    muy atareados en hablar a dos cabezas
    con el inconsciente, la libido, las fobias,
    siempre la de nosotros, porque la de ellos
    es el secreto de estado mejor guardado,
    hacen cálculos con vocales y consonantes,
    combinan posibilidades ciertas con números
    ¡imaginarios o irracionales! que, reconozco
    hacen más llevadera la insensatez de la
    suerte de la existencia… los envidio, claro,
    y no poco, pero no es pa’ todos la bota e’ potro.
    Espero aceptes esta ironía que trata de ser divertida en tiempos de encierro. Mi admiración, antes que nada. Talvez se deba al trauma que sufrí en la primaria con la materia “Lenguaje”. Me encontré sin culpa de frente a un sistema cognitivo -que creía sólido y fácil de aprender por la cotidianidad-, con un sinfín de excepciones y definiciones de casos con lenguaje ostro gótico. Un infierno, una angustia con los debidos coscorrones de mi viejo maestro ítalo argentino, impecablemente atildado, severo, con una belleza masculina a la antigua, entre un Clark Gable y un Clooney, de mano larga (manesco) pero un gran señor. “¿Cuál es el rio más largo del mundo? Silencio de tumba y nosotros con los ojos como el dos de oro. NI LO saben ustedes NI LO sabe nadie” y reía, el muy canalla.
    PD: Si te ponés a barruntar teorías con las cuales justificar de que trato de sustituir la nociva figura patriarcal por otra de mayor envergadura (mi maestro genial), te digo que ya lo he considerado. Creo hasta un cierto punto en la psicología, pero en este caso particular puede ser cierto. De cualquier manera, me los tengo a los dos, psicología permitiendo. No voy a traicionar la memoria de mi viejo, guapo en los dos sentidos, en español y en argentino, manso, mas no cobarde, rebelde, arriero, un domador de baguales que daba del usted a su madre y a la mía. Tiempos idos, no sé si pa’ mejor. Cuánto me cuesta darte del vos, che. Declaro que todo lo anterior, salvo el “viejo Carlo” son personajes y hechos ficticios, productos de la fantasía literaria, incluyendo al dueño de la voz narradora. (Este bendito rectángulo terminará por diluirme). Pienso que la poesía no tiene que ser solo rimas o musicalidad. Son unas componentes consolatorias y estéticas importantes, pero corresponden a la forma que a veces no permite desarrollar el contenido. De otra manera, en mi caso personal, las traducciones al castellano, disonantes, escabrosas y áridas no me permitirían apreciar las intuiciones asombrosas de humanidad, de política, de la sociedad, del romanticismo de la polaca Wislawa. “Un poeta lee poemas a unos ciegos… siente que cada frase debe superar la prueba de la oscuridad. Tendrá que arreglárselas sola… peligrosa aventura para sus auroras, arco iris… Pero grande es la cortesía de los ciegos… Escuchan, sonríen, aplauden. Alguno de ellos incluso se acerca con un libro abierto al revés pidiendo un autógrafo invisible para él”. Lunga vita a la lectura y escritura, especialmente en tiempos de exilio que me hacen añorar el ser gregario. Siempre gracias, che.

    • A la gran Wislawa la leí en italiano: «Ieri mi sono comportata male nel cosmo. Ho passato tutto il giorno senza fare domande,
      senza stupirmi di niente». Sí, afortunadamente la poesía es mucho más que la rima, incluso más que la música de las palabras (con permiso de Verlaine). Algunos dicen que poesía es lo que se pierde al traducir un poema. Yo opino lo contrario: la esencia de la poesía es aquello que sobrevive a la inevitable traición del traduttore/traditore.

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