Arte y Letras Literatura

Conversaciones con suicidas

Alfonsina Storni en Mar del Plata 1925. Archivo General de la Nacion
Alfonsina Storni en Mar del Plata en 1924. Foto: Archivo General de la Nación Argentina (DP).

¿Saltó Safo desde la última roca? ¿Fue capaz de asumir que nunca podría olvidar el amor no correspondido? Al escuchar un canto de sirena, el suicida siempre se la imagina bella, atractiva, necesaria. Alfonsina Storni reflexiona al respecto sentada sobre la arena de la playa de La Perla, en Mar del Plata. Ha dejado todo atado, muy bien atado. Se las ha ingeniado para que su hijo no sospeche la verdad: su madre se ha escapado del hotel para observar el mar en calma, aunque el joven crea que solo se trata de una noche más. Pero Alfonsina sabe que no. Alfonsina y, por supuesto, también Safo. Porque Safo es la poesía, se dice. Ella alcanzó la plenitud que nadie alcanzaría más tarde, por lo que su salto al vacío desde la roca estaba más que justificado. Y si la poesía, como diría después Jaime Gil de Biedma, es el único recurso para dialogar a la vez con tus contemporáneos y con tus antepasados, quién sabe si esto no es ahora un diálogo. Alfonsina sonríe, y sobre la escena sobrevuelan unos versos de la diosa de Lesbos:

Bajo tierra estarás,
nunca de ti, muerta,
memoria habrá.

(Safo)

Al cerrar los ojos, su memoria estalla. Recuerda las últimas tardes en el mundo real. Allí, la misma roca desde la que un día se suicidó Safo es utilizada hoy para apedrear a un amigo de Alfonsina: su querido Leopoldo Lugones. El viejo había acompañado su suicidio con la dosis perfecta de whisky. Todo suicidio debería acompañarse con whisky, pensó. Alfonsina lo recuerda perfectamente: el sucio bistró en Buenos Aires, vasos vacíos y los versos del Martín Fierro sobre la mesa. Pocos meses más tarde, Lugones sería encontrado muerto en un lugar tan sucio y maloliente como aquel viejo bistró porteño. Sobre la mesilla que hubo de presentarse como testigo al suicidio encontraron la botella de whisky, un vaso de agua, las huellas del cianuro y un texto que comenzaba así: «No he podido terminar el libro». El tiempo no se detiene: habían transcurrido ocho meses desde el suicidio de Lugones hasta la escena que ahora protagoniza Alfonsina, que sigue mirando al mar sin inmutarse.

Llueve. La lluvia lánguida trasciende
Su olor de flor helada y desabrida.
El día es largo y triste. Uno comprende
Que la muerte es así…, que así es la vida.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

5 comentarios

  1. Pagadle el doble al autor de este artículo.

  2. Recordar tu busto claro, tus omóplatos
    asomando como dunas en arenas con
    ventisca, esa forma de tu espalda y aquel
    bucle inquieto que todavía hoy se hamaca
    junto al salitre del aire y el ir y venir
    de las olas con los miles pensamientos
    de los que por aquí en soledad pasaron,
    a las gaviotas que flotaban fijas en el
    mar sin ninguna vela, la espuma de las
    crestas momentáneas y la bruma húmeda
    sobre el mar siempre embravecido.

    Del otro lado sigue estando la África, ¿No?
    preguntaste y tus ojos la buscaban
    en medio de la nada y sin gente en la playa.
    Era mucho mejor para vos el estar sola
    orillando el vientre primitivo de tu líquida
    y fría madre que te dio por hermana
    las amebas y los caracoles vacíos.

    (Qué ganas de volver a los orígenes,
    si no fuera por tu recuerdo ya me hubiera
    ido; cerrar los ojos felices, tomar el aire
    y entrar en el hogar líquido. Si se pudiera
    morir de alegría sin saber que se muere
    de tristeza, por esos milagros cotidianos
    de despertar y olfatear agua, arena y playa.
    Quisiera ser el antihéroe cobarde que huye,
    que abandona comandante y camaradas
    y se despega y desapega de todos, loco
    de alegría por el instinto de andar otra vez
    juntos con nuestros medios cuerpos desnudos
    descubriendo y abandonando las aguas).

    Un poeta cuyano, labrador y transformador de troncos en objetos cotidianos, sin morada fija, de buen beber y coloquio y con la justa dosis de misantropía.
    Merecido recuerdo de poetizas. Gracias por la lectura.

  3. El Extranjero

    Sólo una corrección: «Alfonsina y el Mar» es una canción con letra de Félix Luna y música de Ariel Ramírez; en bellísima versión de Mercedes, claro, pero no es de ella. Por lo demás, este artículo es todo lo que está bien.

  4. Pingback: Las complejidades del refugio - Jot Down Cultural Magazine

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*