
Su reticencia respecto a la intimidad fue lo que le privó de ser un gran escritor europeo. (Gabriel Ferrater sobre Josep Pla)
«Osez Joséphine», en castellano «Atrévete, Joséphine», es el título de una canción de Alain Bashung, intérprete francés fallecido hace unos años. «Atrévete, Joséphine, nadie te para en la noche». Nada se opone a la noche es el título de la mejor obra de la escritora francesa Delphine de Vigan, que en el año 2011 se atrevió a excavar en sí misma y a lidiar con todos los problemas, riesgos y dramas colaterales que trae consigo esa materia tan viva y vibrante que llamamos «intimidad».
Delphine de Vigan nació en 1966 en Boulogne-Billancourt, una población aledaña a París. La historia que narra en Nada se opone a la noche arranca el día que descubre el cadáver de su madre, afectada por una psicosis maniaco-depresiva, en su apartamento parisino donde llevaba varios días muerta tras haberse suicidado, al parecer. Como suelen recordar varios narradores, nada hay más peligroso para una familia en crisis que que uno de sus miembros sea escritor.
La enfermedad de su madre fue el detonante de su interés por la literatura. Así lo cuenta ella misma. Fue en 1980, y tras visitarla por primera vez en el hospital psiquiátrico. Tal vez fue la forma que encontró de controlar el caos y mantenerse firme en la vida: «Esas puertas cerradas detrás de mí, el tintineo de los manojos de llaves, los enfermos que erraban por los pasillos, el ruido de los transistores, esa mujer que repetía “Dios mío, por qué me has abandonado”».
De hecho, el primer libro de Delphine de Vigan, publicado en el año 2001, creció sobre el sufrimiento causado por la enfermedad de su madre. Se tituló Días sin hambre y lo publicó con el seudónimo de Lou Delvig por temor a una reacción de rabia por parte de su padre. Fue la primera incursión de De Vigan en la ciénaga de la intimidad. En su intimidad y, lo que es más difícil aún, en la privacidad de la vida familiar. La enfermedad mental y, sobre todo, los trastornos de la alimentación, nunca son exclusiva ni primariamente personales, aunque estallen en un sujeto concreto. Días sin hambre es un extraordinario relato de los años que la autora pasó en tratamiento psiquiátrico a causa de una anorexia nerviosa que revolvió su adolescencia. Está escrito con toda la osadía de las primeras obras. Y con todos los temores que asaltan al escritor debutante: las frases cortas, las descripciones exhaustivas de los ambientes que llaman la atención sobre la intensidad emocional… En Días sin hambre se intuye una autora tan valiente como atormentada. Hay fragmentos de gran carga afectiva, sentimental. Y hay otros que, al ser detonados, se llevan por delante a los protagonistas de una historia tan descarnada, a los seres queridos sobre los que se sostiene el relato autobiográfico.
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ºEscribió Nietzsche, los poetas carecen de pudor, explotan sus vivencias. Escriben como terapia y nosotros los leemos. Supongo que deberían pagarnos ellos.
Me parece que las editoriales deben alentar a escritores que también aborden temas que resulten más agradables para la sociedad y que aporten sonrisas y un poco de humor, que en estos tiempos tanta falta hacen. No es dando argumentos depresivos y que alienten al suicidio que se garantizan los éxitos editoriales.
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