Arte y Letras Historia

Progreso: de la máquina de vapor a la renta básica universal (y II)

Coalbrookdale de noche pintura al oleo del artista ingles de origen frances Philip James de Loutherbourg
Coalbrookdale de noche, de Philip James de Loutherbourg.

(Viene de la primera parte)

A mediados del siglo XIX, mientras el avispero de la intelectualidad estaba revuelto y ocupado con interminables debates sociológicos, hubo unas décadas de aparente ralentización de los avances tecnológicos. Este frenazo tranquilizó a quienes temían encontrarse por segunda vez con un mundo nuevo e irreconocible, pero esa tranquilidad no iba a durar. El paréntesis era la calma antes de la tormenta, pues se estaba gestando una segunda y todavía más vistosa oleada de avances. En 1855, el inglés Henry Bessemer patentó un nuevo mecanismo metalúrgico con el que podía producirse acero en grandes cantidades. Su «convertidor Bessemer» permitió que el acero se convirtiera en un ingrediente básico de la industria y la construcción. La amplia oferta de esta aleación abrió nuevas puertas, entre ellas la fabricación en serie de piezas metálicas que podían ser ensambladas para construir con rapidez diversos tipos de máquinas. Dicho de otro modo: las máquinas no solo iban a ser más abundantes que antes, sino también más asequibles, más resistentes y más fiables.

Esto generó una nueva percepción sobre los sistemas de producción y sobre las posibilidades de la ciencia. El progreso técnico se solidificó como una realidad indiscutible, ya no solamente como una idea que podía ser debatida. Muchas mentes empezaron a trabajar con febril entusiasmo en la consecución de ese progreso, inventando cosas o mejorando las que ya estaban inventadas. El ritmo se volvió frenético. Unos inventos propiciaban otros inventos, que a su vez inspiraban otros más. La «Segunda Revolución Industrial» estalló en la década de 1870 y la humanidad contempló con asombro el triunfo del ferrocarril, el telégrafo, la electrificación, la producción en masa, y la metamorfosis de campos como la construcción o la medicina. Aunque no todas las regiones del mundo se subieron al carro de la Revolución Industrial, todas notaron sus efectos: algunas como protagonistas activas, otras como perseguidoras esforzadas, y las demás como víctimas pasivas tanto de la modernización bélica como de la voracidad que las potencias recién industrializadas mostraban hacia las materias primas.

Fue tal el entusiasmo investigador durante el último tercio del siglo XIX que en cada rama de la ingeniería y la ciencia había varias personas trabajando en la persecución de un mismo avance. Un caso célebre fue la muy debatida invención del teléfono. El italiano Antonio Meucci diseñó un transmisor electromagnético que le permitía, mientras trabajaba en el laboratorio del sótano de su casa, hablar con su mujer enferma que pasaba muchos días postrada en una habitación de la segunda planta. Meucci bautizó su invento como telettrofono. En 1871, tras haber elaborado una treintena de prototipos del aparato, acudió a la oficina estadounidense de patentes y anunció su intención de registrar su invento (aunque no formalizó la patente propiamente dicha, porque no disponía de dinero). Este anuncio se realizaba rellenando un formulario conocido como patent caveat, «aviso de patente», que tenía carácter provisional y, aunque no era válido como registro definitivo de un invento, concedía cierto plazo para que el inventor encontrase financiación con la que asegurarse la patente, o para que completase el requerido y complicado informe técnico. Así se evitaba que otro individuo con mejores recursos pudiera robarle la idea y adelantársele de manera ilegítima. En otras palabras, Meucci inventó el teléfono, pero no lo patentó y solamente anunció su intención de patentarlo. Como tampoco presentó un informe técnico completo, solo cabe fiarse de su palabra (y la de varios testigos) en torno al telettrofono, aunque históricamente se considera probado. La ley permitía renovar el caveat cada dos años, pero Meucci estaba tan consumido por las deudas y la mala salud que en 1874, cuando acabó el segundo plazo de renovación, no se presentó. Dejaba el camino abierto para que otro inventor pudiese patentar un aparato similar.

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19 comentarios

  1. El problema que veo a su artículo es que promete algo en falso. ¿Dónde está la renta básica universal, aparte de en el título?

  2. Por supuesto que la existencia humana puede (no sólo debe) ser más agradable, incluso para los de abajo. El ‘incluso’, por tanto, sobra.
    El desencanto del comunismo y el abandono deliberado del estado social en los estados capitalistas. ¿Tal cual? ¿Seguro?
    Fracasó un proyecto concreto, el soviético. Las razones darían para otro artículo, pero es un hecho incontrovertible. Sin embargo, la idea y posibilidad del comunismo no han caducado.
    Primero, y además, en el camino, el poder de los soviets más la electricidad, en palabras de Lenin, llevaron a la URSS del feudalismo al siglo XX, con incrementos brutales de productividad. En 1930 era un país atrasado; en los 40, frenaron y machacaron a los nazis. En los años 50 todavía el crecimiento en la URSS era superior al occidental. En la carrera espacial durante muchos años la URSS y USA anduvieron parejos. Los inventos soviéticos siguen hoy empleándose, forman parte del progreso tecnológico.
    China. Comunismo o capitalismo político autoritario. Unos lo caracterizan en la línea comunista; para otros, con la conceptualización de B. Milanovic, de la segunda forma. Lo cierto es que hace unos lustros China era un gigante famélico, hoy compite con USA. Cuando se la quiere insultar, es comunista; cuando se la quiere alabar, es capitalista. La China de Schrodinger, JA.
    Si algunos leyeran el Manifiesto Comunista, se sorprenderían de ver que Marx no aboga por un anticapitalismo (eso es cosa de trotskistas e izquierdistas). Es post-capitalista. El capitalismo es progreso y el comunismo puede ser una forma de superación. En China, es el Partido Comunista el que conduce al país por la senda del progreso y no parece que vaya a cambiar. ¿Que no?

    Por último. El abandono deliberado del estado social. Depende de los autores, unos más bien lo llamarían estado socialdemócrata o Estado del Bienestar. Eso sí, llámemosle como queramos, deliberación hubo en el abandono. En cuanto el primo URSS de Zumosol desapareció, lo que tardó el capitalismo en olvidarse de la socialdemocracia fue un visto y no visto. Sólo por eso fue una desgracia histórica la desaparición de la URSS.
    Da penita ver cómo neoliberales utópicos y fundamentalistas llaman comunismo a cualquier intervención ordinaria del Estado y más penita aún ver cómo bajan impuestos y luego reclaman «solidaridad» o exigen «justicia» a costa de terceros. Se fue el comunismo soviético y la alternativa es el nacional-populismo (y el integrismo). Menos mal que nos queda China.
    Pero esto es ya un lamento, una esperanza y una digresión.

  3. Y sin mentar a la bicha.

  4. Constantino

    A propósito de China:
    Lo que se conoce como «Revolución Cultural» ni fue una revolución, ni tuvo nada que ver con la cultura, más bien al contrario. Se trató simplemente de un ajuste de cuentas entre bandas rivales, dentro del Partido Comunista, y por supuesto, ganó el más canalla: Mao Zedong.
    En aquella extraña «revolución» en la que un guardia rojo dijo «porque somos rebeldes, obedecemos» .. a Mao, más de 700.000 personas fueron asesinadas sin piedad. Los alumnos apaleaban a sus profesores, los torturadores eran más tarde torturados … nadie salvo el vicioso Gran Timonel estaba a salvo.
    En ochenta millones se estima el número de víctimas de la represión llevada a cabo por el Partido Comunista chino. Su historia es la del crimen masivo. De continuo, ha buscado grupos de enemigos internos a los que asesinar, con el fin de que cada uno de los miembros del partido comunista fuera un asesino, y lo consiguieron, y acabar con todo vestigio de humanidad y de moral en la sociedad china. Para conseguir sus fines han utilizado de continuo la mentira.
    De manera harto curiosa el Partido Comunista chino ha evolucionado sin dejar nunca de matar. El asesinato es lo que define por esencia al socialismo extremo que es el comunismo. El Partido Comunista chino primero asesinó a cuantos habían luchado contra Japón en las filas del nacionalismo del KMT. Dijo que no lo haría, pero luego mató a todos cuantos pudo porque los consideró infectados.
    Una vez tomado el poder, lanzó a sus militantes y a las masas contra los propietarios de tierras, con el doble objetivo de seguir llenando China de cadáveres y de acabar con la propiedad privada, el dogma más estúpido y más liberticida que se ha inventado en la historia de la Humanidad. Mao dijo que “para matar a los reaccionarios en las zonas rurales, debe exterminarse una proporción mayor al 1/1000 del total de la población… En las ciudades, el porcentaje puede ser menor”. Tan caprichosa estadística significaba el asesinato de 600.000 personas. Fueron muchas más.
    Colectivizado el campo, en lo que Mao calificó como ‘El Gran Salto Adelante’, el Partido Comunista chino consideró que ello mejoraría, sin duda ninguna, no podía ser de otra forma, los resultados de las cosechas. Los funcionarios locales del partido empezaron a emitir estadísticas triunfalistas y cuando se fueron a recoger las cosechas y se vio que eran exiguas, lejos de reconocer el error, se culpó a los agricultores. Como el partido había considerado que la colectivización produciría por sí misma fenómenos milagrosos, se había llevado a muchos agricultores a trabajar en la industria del acero. Se abandonaron de esa forma los cultivos. Cuando no se pudo responder a la demanda del partido, se acusó a los campesinos de ocultar sus cosechas, se les requisó cuanto tenían y se les mató cuando ocultaban algo.
    Durante los tres años de la Gran Hambruna, entre 1959 y 1961, se tienen documentados casos de familias que se comieron a sus propios hijos. En los textos oficiales, se dice que la hambruna, en la que murieron cuarenta millones de personas, fue producida por catástrofes naturales –Desastre Natural de Tres Años, se denomina en la propaganda oficial comunista- pero fueron años más bien de clima benigno. Para no romper la consigna del partido, los funcionarios locales rechazaron recibir ayuda afirmando que tenían víveres de sobra.
    Como no ha habido tesis más ridículas que las del comunismo, éste siempre la ha impuesto por la fuerza y el asesinato.
    Para poder asesinar mejor a los disidentes, recurría de continuo a la mentira. En 1957, lanzó el Movimiento de las Cien Flores, cuyo lema era “dejar que broten cien flores y que debatan cien escuelas de pensamiento”. Animaba a las gentes a expresarse críticamente, prometiendo que “no tiraremos de las trenzas, no se golpeará con bates, no se colocarán sombreros, ni se buscará revancha”.
    Dentro de la secta mayor de asesinos que ha conocido la Humanidad, el comunismo, Mao ha sido, junto con Stalin, el más sádico. Bajo su dirección, el partido comunista chino creó el sistema de terrorismo de Estado más fuerte y despiadado, mediante la violencia, la mentira y, por supuesto, la censura de la información. Siempre sintió una querencia compulsiva hacia el asesinato en masa. Así, en un documento, se lamentó de que “todavía existen muchos lugares donde la gente se siente intimidada y no se anima a matar a los reaccionarios abiertamente y en gran escala”. En 1951, una directriz del partido comunista chino ordenaba “ejecutar de inmediato” a quienes “difundieran rumores”.
    Hay numerosas anécdotas que ejemplifican su sadismo. El 18 de agosto de 1966, Mao Zedong se reunió con los representantes de los Guardias Rojos en la torre de la Plaza de Tinanmen. Song Binbin, hija del líder comunista Song Renqiong, le puso a Mao la manga emblema de los Guardias Rojos. Cuando Mao se enteró del significado del nombre de Song Binbin, ‘amable y cortés’, dijo: ‘Necesitamos más violencia?. Song se cambió el nombre por el Song Yaowu, ‘deseo de violencia’”. A Liu Shaoqi, un expresidente chino, que había sido el número dos de Mao, el día que cumplía los 70 años, la guardia personal de Mao le llevó un regalo, una radio, para que escuchara el informe oficial de la Octava Sesión Plenaria del Comité Central número doce, que decía lo siguiente: “Se recomienda la expulsión permanente del Partido del traidor, espía y desertor Liu Saoqi, así como la exposición y acusación de Liu Shaoqi y sus cómplices por los delitos de traición y conspiración”. Fue largamente torturado, y su cuerpo empezó a pudrirse antes de su muerte.
    Mao consideraba que el comunismo debía estar continuamente asesinando e imponiendo el terror, y es lo que hizo durante toda su vida. En sus tiempos de guerra, cuando huía del invasor japonés, dejando que se deteriorara en la lucha el ejército del KMT, a su ejército lo purgaba de continuo. Se inventó una Alianza Antibolchevique entre sus filas.
    Torturaba a las esposas para que denunciaran a sus maridos. Entendía que el asesinato de unos comunistas por otros estrechaba los lazos de la secta destructiva.
    Para poder asesinar mejor a los disidentes, recurría de continuo a la mentira. En 1957, lanzó el Movimiento de las Cien Flores, cuyo lema era “dejar que broten cien flores y que debatan cien escuelas de pensamiento”. Animaba a las gentes a expresarse críticamente, prometiendo que “no tiraremos de las trenzas, no se golpeará con bates, no se colocarán sombreros, ni se buscará revancha”. Se organizaron debates y muchos, la mayoría comunistas, expresaron críticas para mejorar el régimen. Poco tiempo después, Mao lanzó el Movimiento AntiDerechista, donde estableció que las cerca de 540.000 personas que habían establecido críticas eran ‘derechistas’ y, por tanto, exterminables.
    En 1966 desató la furia del terror rojo con la llamada Revolución Cultural. Mediante conceptos difusos de acabar con las viejas ideas y los viejos hábitos, se instó a los jóvenes chinos a convertirse en asesinos. Los alumnos se dedicaron a asesinar a sus profesores y a cuantos no tuvieran buenos antecedentes de clase, a los “terranenientes, campesinos ricos, reaccionarios, malos elementos y derechistas”. Algunas definiciones eran tan vagas que casi cualquiera podía ser asesinado. Y durante un año nadie estuvo a salvo. Para ingresar en el partido comunista era preciso haber participado en matanzas. En la vorágine de violencia, se produjeron numerosos casos de canibalismo. Más de 7.730.000 personas fueron asesinadas en linchamientos y ejecuciones públicas. Hasta 100.000 millones, una décima parte del total de la población, se vio afectada, expulsada de sus casas, enviadas al campo o internadas en campos de trabajo.
    El asesino compulsivo Mao Zedong recibió el culto de un dios viviente. Durante la Revolución Cultural –un decaimiento absoluto en la barbarie relativista- se exigió a todo el pueblo chino que practicara rituales pseudoreligiosos de culto a la personalidad. “Pedir instrucciones al Partido por la mañana y rendirle cuentas por la noche”, recordar al líder Mao varias veces por día y desearle longevidad ilimitada y pronunciar consignas políticas al levantarse y al acostarse. Se citaba a Mao todo el tiempo, con axiomas como ‘Combate ferozmente cualquier pensamiento egoísta’ y ‘ejecuta las instrucciones recibidas las entiendas o no; profundiza el entendimiento durante la ejecución’. Sólo se permitía leer su libro y el endiosamiento llegó al punto de que no se vendía comida en los locales gastronómicos a la gente que no pronunciara alguna cita de Mao.
    Aún hoy en día en la China del partido único, heredero de esa tradición genocida, se venera a Mao, el asesino en serie, el gran sádico, el canalla. También lo veneran todo género de ignorantes.

    • No sé cómo una persona tan educada, Costi, incurre en tamaña falta de respeto.

      Además no sé cómo una persona tan refinada intelectualmente incurre esta falacia de hombre de paja.

      Qué tendrá que ver que Stalin o Mao sean asesinos o no lo sean con el progreso de sus países. Sobre todo en el caso de Mao, pues el despegue tuvo lugar después, con Deng Xiao Ping. Y como si el capitalismo británico o estadounidense no hubieran desarrollado también su progreso con crímenes que no van a la zaga.

      Estás fallando más que una escopeta de caña. Eso es propio de imbéciles infatuados. Pero no me extraña, siendo tan anticomunista, Costi.

      Esfuérzate más, chavalote.

    • Je je je
      Por cierto, Costi, venir a Jot Down a poner corta-y-pegas no es de recibo. Si no vas a mejorar el silencio con tus propias palabras para desacreditarme, lo mejor es que te abstengas.
      Besitos, cariño.

      • Constantino

        En el post original ya comenté que para desacreditar a alguien, es suficiente con un corta y pega. No voy a gastar más tiempo con usted. Parece que ya ha hecho otros amigos.

        • Por fin, eso es lo que quiero, que me dejes en paz, que no me vuelvas a buscar porque me volverías a encontrar, Costi.

          • Y te volverá a zurrar. ¿También te va el masoquismo?

            • Marco, le remito al comentario de más abajo a Abruptus. Por favor, no sé ponga a su nivel. Con ese carácter de lametraserillos, ya tiene usted bastante.

            • Por cierto, alguien en la primera parte del artículo comentó algo así:

              «Si no tienes algo que decir sobre el artículo en cuestión, ¿por qué no te vas a otra parte a hacer gracietas?»

              ¿Por qué no se aplica usted sus propias palabras? ¿Ha aportado algo usted en este artículo segundo o en el primero?

              Venga, nos vemos, compañero.

  5. Podrías esforzarte más.
    Uno puede pensar que vagueas.
    Todo empeorará si lo haces.
    O no, quién sabe.
    Cuesta dejar los hábitos de prepotencia.
    Ojalá lo consigas.
    Sería lo más saludable para todos.
    Tómate tu tiempo.
    Ignorarlo sería lo peor.

    • Vaya repaso te han dado, Máximo. Lo de Costi, cariño, chavalote… deja en evidencia que te han dejado sin argumentos.

      • Abruptus, no sabe ni usted de lo que habla y muy probablemente no tenga usted ni dos dedos de frente. También es probable que simpatice con el nacional-populismo.
        1. Un corta y pega no es repaso por sí mismo.
        2. Responde a algo que no se ha dicho. Es un puro sofisma.
        3. Lo que yo afirmaba y que el compañero Costi no ha refutado es que
        a- la Urss tuvo un progreso socio económico formidable.
        b- el estado social (un progreso social objetivo en el capitalismo) ha sido desmontado al desaparecer la Urss.
        c- China ha tenido un desarrollo vertiginoso en pocos años y que compite con USA por el liderazgo mundial.

        Así que, Abruptus, pula sus exabruptos. El moralismo hipocritón no contradice mis afirmaciones. Y que yo llame a alguien «chavalote» o «cariño» en unas escaramuzas de odio virtual tampoco descalifica mis argumentos.
        Adiós.

        • Esta hostia es épica. No hay cosa peor que te arrollen con un corta y pega, chato.

          • Santi, se ve que no lee. Si lo hace, verá que no digo nada de Mao en la primera intervención. Que digo que China ha crecido formidablemente. Por muchos crímenes que haya cometido Mao, el copia y pega no niega lo dicho.

            Si no llega a eso, lo mismo tiene que volver a bachillerato. Que esto no es Twitter, chavalote, que los zascas se dan razonando.

            Lo que veo es mucho anticomunista con picor intenso. Ay, la morralla.

  6. ¡¡¡Viva el Rey!!!

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