Arte y Letras Filosofía

Teoría del asombro

Asombro
Londres, 1936. Fotografía: Getty
Uno. Sobre los pingüinos

«No esperen de mí otro documental sobre pingüinos» es lo que respondió Werner Herzog cuando la National Science Foundation le invitó a rodar un documental sobre la Antártida, en concreto sobre McMurdo, la base principal que Estados Unidos tiene en el continente. Tierra de soñadores profesionales, promesa e interrogante, la Antártida es muchas cosas, pero sobre todo una: un enigma. Con la única ayuda de un camarógrafo, hasta allí se desplazó Herzog para rodar Encuentros en el fin del mundo.

A pesar de que en el documental abundan los glaciares, animales que viven en las más adversas condiciones, organismos que habitan en las profundidades del silencio y la oscuridad y, en definitiva, naturaleza en el más puro estado, el vector de asombro de Herzog se dirige hacia otro lugar. Su filmografía puede ser entendida como una carta de amor y admiración a los exploradores —Aguirre, la cólera de Dios, Fitzcarraldo, La cueva de los sueños olvidados y un larguísimo etcétera—, de manera que, en esta ocasión, también pone el asombro, entendido como el principio de la filosofía, al servicio de los singulares encuentros con los habitantes de las antípodas del mundo conocido. Biólogos marinos que bucean bajo el hielo, físicos teóricos, especialistas en inmensos icebergs de trescientos kilómetros de longitud, estudiosos de la leche materna de las focas o de la sexualidad de los pingüinos.

El filósofo Alan Watts contaba que a través de nuestros ojos el universo se percibe a sí mismo. Y así es como percibimos nosotros este universo particular de la Antártida, a través de las conversaciones que mantiene Herzog con los habitantes de McMurdo, mediante las que indagamos en las razones que los llevaron allí. Uno de estos habitantes es Stefan Pashov, el personaje que escoge Herzog para abrir y cerrar el documental. Se lo encuentra bajando de su excavadora y le pregunta qué lo trajo a la Antártida: «Es una larga historia. Exploré muchos lugares de la mente y muchos mundos de ideas y empecé antes de aprender a leer y escribir. Mi abuela me leía La Odisea y La Ilíada, así que empecé a fantasear sobre mi viaje antes de saber que tenía los medios para llevarlo a cabo, pero mi cabeza ya estaba preparada. Ya viajaba con Ulises y los argonautas a aquellas tierras sorprendentes y eso se me quedó grabado, la fascinación por el mundo, y me enamoré del mundo».

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5 comentarios

  1. bravo

  2. Xoan Bóveda

    Etimológicamente hablando, asombrar quiere decir sacar a alguien de la sombra. En filosofía, el asombro es lo que ilumina la mente, permitiéndole al ser humano salir de la oscuridad con respecto a su propia existencia, la del entorno y la del universo. Pero también existe otra clase de asombro, el que acaece después de entrar en la sombra»

    En realidad, es justo al revés. Etimológicamente hablando, «asombrar» quiere decir meter a algo o alguien en la sombra. Deriva de sombrar (Del lat. *subumbrāre, de sub- ‘so-‘ y umbra ‘sombra’), al que se le añade el prefijo a- (del latín ad-), típico del castellano para formar verbos derivados de sustantivos o adjetivos: abaratar, acomplejar, acortar, afirmar, ahorcar, amansar… Sacar a alguien de la sombra sería «absombrar».

  3. Qué belleza de texto!
    Saludos desde La Patagonia!!!

  4. No entiendo que tiene que ver «Enamorarse del mundo tiene que ver con una renovada capacidad de sentir asombro» con la definición de argonauta. Me resulta más sencillo pensar que los argonautas causan asombro.

  5. Elena Ibáñez

    Precioso texto.

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