
En el noviembre de 1967, un joven de dieciocho años llamado Bruce Springsteen ya estaba acostumbrado a alimentar frecuentemente con monedas la cabina telefónica de su quiosco local. El chico no tenía teléfono en su casa y se veía obligado a visitar el establecimiento cada vez que le interesaba charlar con alguna de sus queridas. Pero en aquel invierno ocurrió algo inesperado: entre los magacines y diarios apilados en el establecimiento se topó con el rostro de John Lennon ataviado con un caso del ejército y coronando la portada de un nuevo tipo de periódico que no había visto nunca. Aquello fue una auténtica revelación, el descubrimiento de que existían más personas en este universo apasionadas por el mismo tipo de música que le hacía sentir vivo. En Freehold, una pequeña población de Nueva Jersey que no llegaba a los diez mil habitantes, al muchacho le resultaba muy sencillo enumerar la cantidad de apasionados por el rock and roll que se congregaban en la localidad: casi todos formaban parte de su propia banda. Aquel periódico desde el que Lennon le gritaba que no estaba solo se llamaba Rolling Stone.
Like a Rolling Stone
Jann Wenner es un neoyorquino que dependiendo de a quién se le pregunte puede andar más cerca de la condición de leyenda inmortal o de ser un excepcional recipiente de la herencia genética que tiene un roedor de alcantarilla. En 1967, Wenner tomó prestado un puñado de dinero perteneciente a su familia, y a la de su prometida, para sacar adelante un proyecto periodístico serio junto a su mentor Ralph J. Gleason, un reconocido crítico de jazz tan barnizado por el cliché como para fumar en pipa. La criatura que ambos fundaron en San Francisco abrazó la contracultura hippie de la época pero optó por alejarse del tufo underground y cultivar la profesionalidad que desprendían los periódicos más formales. Su redacción se instaló inicialmente en una esquina de los almacenes de Garrett Press, entre paredes de yeso improvisadas y junto a un horno hediondo donde se fundía plomo constantemente. Los textos que construyeron el esqueleto de la revista decidieron que se sentían muy cómodos balanceándose entre el lenguaje más correcto y el argot que se hablaba en los callejones más mugrientos. Y sus periodistas fueron seleccionados e instruidos con la idea de nutrir la publicación de tanta profesionalidad como pasión desproporcionada: entre sus colaboradores iniciales se encontraba Jon Landau, un ermitaño veinteañero al que una enfermedad intestinal obligaba a vivir recluido en su casa escuchando discos sin parar y tejiendo ensayos sobre blues. Un escritor especializado en música y moldeado por una arrogancia afilada que le llevaba a detestar más álbumes de los que amaba, justo lo que demandaba Wenner para que su rotativo avivase la controversia.
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«Casi famosos» es probablemente una de las películas más desaprovechadas en general, y la más en particular dentro del género del cine sobre música. Personajes planos con la profundidad de un charco, tópicos, y retratados con una ingenuidad y buenismo que da la sensación de que un director atrevido habría filmado una película más transgresora contando la vida de los «Backstreet Boys». No le pido explicitud pornográfica, pero sí escenas más atrevidas con las groupies, y en el asunto de las drogas no se veía a nadie ni tan siquiera esnifando una raya. Quien quiera ver una película musical excelente y hecha con verdadera pasión y conocimiento de causa, que se ponga «24 hour party people».
Tienes que pensar que la película está narrada desde la perspectiva de un crío de catorce o quince años, Cameron Crowe ha dejado claro esto una y otra vez. No sé qué edad tienes tú, pero imagina que te ponen junto a una persona que tiene quince años más que tú y os piden a ambos que describáis un año donde tú tenías diez y esa otra persona veinticinco. Por supuesto que a los diez años si eres un crío espabilado, tendrás recuerdos y experiencias, pero ni por asomo se parecerán a la de un adulto. Tú oías los discos en casa y te instruías leyendo revistas, el otro, todo eso lo vivía en directo, bebía y follaba. Eso es lo que nadie quiere darse cuenta con esa película. Por cierto que sin ser una obra maestra, la escena de todos los pasajeros del autocar de gira cantando «Tiny Dancer» es conmovedora, aún me pone los pelos de punta.
De acuerdo, asumamos que la perspectiva es esa aun con el retrato tan condescendiente que se hace de una época donde primaba el hedonismo salvaje. Me ciño a la unidimensionalidad de los personajes, esbozados como lo haría un párvulo de 4 años. En ese sentido, mucho tendría que aprender Cameron Crowe del irlandés John Carney donde, sin ir más lejos, su última peli, la excelente «Sing Street», estaba protagonizada por chavales de instituto más jóvenes incluso que el pipiolo de «Casi Famosos». Y toca temas como la pederastia, el desarraigo y la desestructuración familiar de un modo acorde con la edad de los protagonistas, sin edulcoramientos ni de forma descarnada.
En ese sentido tienes razón, «Almost famous» pese a que me encanta, no deja de ser un Blockbuster algo más realista que la pésima «Rock Star». Qué tiempos aquellos donde la gente vivía con absoluta libertad y no existían redes sociales donde un montón de inquisidores mandasen a la hoguera a cualquiera que se saliese de lo políticamente correcto. Qué cierto es eso de que en la vida todos los ciclos se repiten. Un saludo, Dani.
Los tiempos están cambiando que diría Dylan, y no para bien en lo que a libertad de expresión se refiere. Siempre nos quedará el cine anterior al de esta época (en la que hay excepciones que se resisten a tragar con lo políticamente correcto, lástima que sean quijotes provectos como Scorsese, Eastwood y Allen), para refugiarse. No obstante, confío en que las plataformas, aunque paradójicamente algunas asoman la patita como Disney con el aviso al principio de sus producciones clásicas, den cabida a los transgresores aunque solo sea porque en su catálogo figuren los trabajos que produzcan de ahora en adelante como seña de prestigio.
Por cierto, gran peli también «24 hour party people», aunque esa obviamente, está narrada desde el punto de vista de gente que ya era MUY mayor en la escena de Manchester y por eso también es más explícita.
Perfecto Dani, la tienes clara. Ahora, ve y haz tu película.
Te agradezco la confianza, pero soy muy consciente de mis limitaciones. Soy buen prescriptor, pero no tengo talento para crear nada.
Yo estoy aquí con Dani.La visión absolutamente endulcorada del mundo del rock no responde a que esté narrada desde el punto de vista de un crío.Mirad las pelis de Cameron Crowe.Son todas igual de pastelonas y para todos los públicos.
«Casi famosos» es ,efectivamente,algo que pudo estar bien y queda en una cosita insípida e inofensiva.
«Solteros» me parece su mejor película, y eso que también es edulcorada y desaprovechada, pero salen casi todos los grupos de la escena de Seattle, y me pilló en la época adolescente. No quiero revisarla porque me temo lo peor viendo la trayectoria posterior de Crowe, con ese manual de autoayuda llamado «Jerry Maguire» que supuso su cénit comercial.
Gran artículo, copóng!
Estupendo artículo!!, como todos los tuyos Diego!!. Felicidades.