Política y Economía

Cómo construir Constantinoplas: sobre las ciudades artificiales de Arabia Saudí

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Arabia Saudí, 2020. Fotografía: Getty.

El proyecto fue anunciado por Dileita Mohamed Dileita, el primer ministro de Yibuti, en un evento que reunió delegaciones diplomáticas de diecinueve naciones asiáticas y africanas. El puente tendría 29 kilómetros de largo y cruzaría el estrecho de Bab el Mandeb, allí donde Asia y África se lanzan dos brazos de tierra la una a la otra pero no consiguen tocarse, solo rozarse y desmigajarse en unas cuantas islas desperdigadas por el mar Rojo. Se llamaría «Jisr al-Qarn al-ʾIfriqiyy», el Puente del Cuerno de África, y permitiría la circulación de cien mil vehículos al día y cincuenta mil personas en tren, entre otras muchas cantidades portentosas. Los papeles estaban firmados, la financiación estaba asegurada y los promotores saudíes se encontraban allí aquel día, en el lujoso salón de conferencias del hotel Kempinski de la capital, posando para las fotos junto al primer ministro yibutí y paseando entre las maquetas del proyecto como Gulliver entre los liliputienses. 

Era el 30 de julio de 2008. El Puente de los Cuernos, como se acabó conociendo en español, estaría acabado en el año 2020 y entonces empezaría la segunda fase del proyecto, que era la verdaderamente colosal. La obra se trasladaría a los dos extremos del viaducto, en el Yemen y en Yibuti, donde hoy solamente hay desierto, y allí se levantarían dos ciudades gemelas, tan gemelas que solo tendrían un nombre: Medinat an-Noor, la Ciudad de la Luz. Mitad de Yibuti, mitad del Yemen, verdaderamente saudí. Para entendernos: una nueva Constantinopla. Tendría siete millones de habitantes, o eso dijeron aquel día. Dos y medio en el lado africano y cuatro y medio en el asiático1. Tendría dos distritos financieros, los mayores de África y Asia respectivamente, uno de los mayores puertos comerciales del mundo y sería la primera ciudad de la Tierra autosuficiente energéticamente. También se construiría una maraña de autovías que confluirían desde Doha, Riad y Dubái, las grandes metrópolis de la península arábiga, para ingresar en la ciudad de Al Noor, franquear el Puente de los Cuernos y ramificarse desde allí hacia el interior del continente africano. Lo harían, en principio, hasta Adís Abeba, en Etiopía, y Mogadiscio, en Somalia, pero incluso se dejó caer el nombre de Nairobi, en Kenia, ubicada al sur del ecuador, a mil setecientos kilómetros de distancia. 

Esas serían las venas del nuevo corazón de Oriente. Sus arterias irían por mar. Las ciudades gemelas de Al Noor serían un coloso de Rodas que se apropiaría de la entrada al golfo de Adén, por donde circula una de las rutas marítimas más transitadas del planeta y la principal del mercado energético global. Prácticamente todos los barcos que cruzan el canal de Suez tendrían que pasar antes o después bajo el tramo central del Puente de los Cuernos, por el estrecho corredor de apenas dos kilómetros de ancho que resulta navegable para los buques de carga. Eche mano a un mapa: es la ruta que conecta el Índico y el Mediterráneo, la más directa entre China y Europa y la que siguen los petroleros que parten del golfo Pérsico y surten los mercados europeo y americano. Por aquí pasan diariamente 6,2 millones de barriles de petróleo crudo condensado y refinado y 2,5 millones de barriles de gas natural licuado2. Cada minuto de cada día hay millones de dólares navegando por esta ruta, que precisamente por eso atrae a la mayor concentración de piratas del mundo3.

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5 comentarios

  1. Sólo se me ocurre una cosa, después de leerlo: apasionante

  2. Muy revelador. Muy interesante. Enhorabuena. Lindo laburo.

  3. The Lady of Shalott

    Estoy flipando. Interesantísimo. Tirando de símiles chapuceros, pensé en las ciudades gemelas de Al Noor y su puente algo así como Los Gemelos de Juego de Tronos, ciudadela guardada por los Frey. Y tiene de similar que percibo a estas gentes sauditas un poco como a los Frey y que -como a ellos- deseo profundamente que «una loba» les rebane el cuello mucho antes de que culminen sus deseos megalómanos. Por mucho que molen sus deseos megalómanos de satélites artificiles, drones voladores, dinosaurios robots y cloud-seeding. Para los Saudíes la auténtica Ciencia Ficción son los Derechos Humanos y civiles.

  4. Imperialista

    Muy interesante y bien documentado. Ha faltado algún mapita por ahí que siempre molan.

  5. Pingback: El sueño improbable de un túnel bajo el estrecho de Gibraltar - Jot Down Cultural Magazine

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