
Nadie sabía que ella estaba allí. Aquella noche de 1972 se camufló entre los asistentes del Festival de Cine de Nueva York como una espectadora más. La ocasión lo requería. Bernardo Bertolucci presentaba, en la ceremonia de clausura del festival, su nueva película, El último tango en París. Era un pase público. Ningún crítico había sido invitado al evento. Ella, por supuesto, tampoco. El presidente de United Artist —la distribuidora de Bertolucci— lo había dejado muy claro: debían proteger la película a toda costa antes de su estreno oficial en cines. No funcionó. Pero tuvieron suerte. A ella le entusiasmó la película. Tanto, que dos semanas más tarde la encumbró en una crítica para The New Yorker. En el día de su estreno, las colas para ver El último tango en París eran infinitas. Así era Pauline Kael, así era su influencia. Solo quedaba una pregunta por responder: «¿cómo?». ¿Cómo había conseguido colarse la crítica más importante de Estados Unidos en el preestreno de la película sin que nadie se enterase? Pues comprándose una entrada. Como todo el mundo.
A pesar de la astucia de Pauline aquella noche, el haberla reconocido entre la multitud no habría sido una tarea tan difícil. Quienes la conocían sabían que acudir al cine con ella conllevaba estar dispuesto a que te echasen en cualquier momento. Lejos de cualquier puritanismo cinéfilo, a Pauline no le importaba ser la persona más ruidosa de la sala. Suspiraba, jadeaba, carraspeaba. Afilaba el lápiz y la lengua. Entonces, comenzaba a escucharse el siseo de la mina gastándose poco a poco en el papel mientras tomaba anotaciones fugaces que más tarde transformaría en sus críticas en frases lapidarias:
El amor después de mediodía de Eric Rohmer podría catalogarse como una película perfecta, de una manera que supongo que lo es, pero he de decir que se ha evaporado de mi mente tan solo media hora después de verla. Es todo lo olvidable que una película puede ser […]. Ese juego de lo-hará-no-lo-hará que tiene el protagonista (una versión intelectualizada de la situación de las chicas vírgenes de Broadway) dura tanto tiempo que nuestro héroe aprensivo está destinado a no ser nada más que un completo imbécil.
Lo peor venía a la salida. En la puerta del cine, siempre la misma pregunta envenenada: «¿Qué te ha parecido?». Peligro. Todo el mundo sabía que, si no te gustaban las mismas películas que a ella, no podías ser su amigo. Menos aún su amante. «Creo que para una mujer es muy difícil salir con un hombre con el que claramente no está de acuerdo en términos de gustos. Realmente se sienten muy ofendidos si les discutes algo. Así que, o te callas, o encuentras a otro chico. O ninguna de las dos cosas», contó en una entrevista. Pauline hablaba desde la experiencia. Al primer novio que tuvo en la universidad lo dejó por West Side Story.
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Curioso. Creo que su trayectoria se puede extrapolar a la de Carlos Boyero, incluso con afinidades en la falta de glamour por parte de ambos. «Por entonces soñaba Pauline Kael —veintidós años, rompecorazones…»`¡¡Rompecorazones!! Esto será un delirio personal de la autora del artículo porque he buscado imágenes de Pauline en la red, por si las aportadas aquí eran fruto de un mal día de nuestra protagonista y no he podido captar ese «sex-appeal» imprescindible para ser un rompecorazones. Creo que en lo tocante a sus críticas, quizá hubiese sido un admirador entregado; «Sonrisas y lágrimas» siempre me pareció una mierda y Bonnie and Clyde es una de mis películas favoritas desde que la vi en 1968 y con el paso del tiempo, solo ha hecho que ganar enteros en mi apreciación.
Maestro, aquí discrepo con usted: Sonrisas y Lágrimas es un peliculón, lo único malo de ella es su traducción del título.
No lo digo de broma, es un Peliculón, con mayúsculas, y lo sigue siendo por encima del 90% del cine «familiar» actual. Tiene absolutamente todos los ingredientes (también les puedes llamar tópicos, ¿por qué no?) para ser una maravillosa película familiar, para ver en familia una tarde de domingo. Lo digo por experiencia. Los buenos ganan, la bso es edulcorante, los niños son solo niños, no hay violencia gratuita ni dramas deprimentes, ni chistes groseros que no vienen a cuento….
Pero claro, NO es una película para una mujer soltera con autoridad, mala leche y bastante autoconfianza (¡algo muy elogiable los 60!), porque no le dirá nada. Como tiene que ser.
Comprendo su punto de vista, de verdad. Y es que la familia puede ser una densa tela de araña que mantiene a los niños y a sus padres, tíos y abuelos, prisioneros de patas en el azúcar que destilan estas cosas. Se empieza viendo «Sonrisas y lágrimas» y se acaba viendo «Cars» con los peques y jurando a nuestros conocidos «adultos» que son el no va más. Saludos.
Casualmente, hay que ver lo que es el azar, ayer, buscando datos sobre Doug McClure (Trampas, en «El Virginiano») encontré esta opinión del muchacho sobre «Sonrisas y Lágrimas»:
«Watching Sonrisas y lágrimas (1965) is like being beaten to death by a Hallmark card.»
«Ver Sonrisas y lágrimas (1965) es estar siendo golpeado hasta la muerte por una tarjeta de felicitación de Hallmark.»
Hallmark, la más importante empresa estadounidense radicada en Kansas City, dedicada entre otras cosas a la edición y difusión de christmas y postales de felicitación, consideradas por algunos, demasiado cursis o empalagosas.
La crítica cinematográfica no es una ciencia exacta. Los críticos opinan y algunos sustentan sus opiniones, pero sus opiniones no hacen que una película sea buena o mala.
Seguramente usted desconoce el poder sensual de una persona muy inteligente, pero existe y es muy poderoso. Es bien sabido que doña Pauline dejó muchos corazones rotos, me imagino que su sex appeal venía más de su carácter y su inteligencia que de su apariencia. Hoy en día, en la era del porno, esto tal vez no se pueda entender, pero es real.
Sé perfectamente que la inteligencia es muy sensual y poderosa, pero tiene que estar acompañada por una apariencia física lo más favorecida posible para poder romper corazones, expresión que aborrezco, por cierto. Me hace gracia cómo se penalizan los atributos físicos y se vierten loas sobre los intelectuales, como si éstos fueran fruto del esfuerzo y la dedicación, cuando no son más que dones incorporados con los que llegamos a esta vida, exactamente igual que la belleza y otras particularidades físicas y me refiero a lo que está a la vista, porque en última instancia, el cerebro también forma parte del físico, ¿no..? En cuanto a lo de «la era del porno», vamos a dejarlo porque intentar tachar de superficial a alguien, por algo que la biología lleva demostrando tercamente desde hace cientos de miles de años… No dudo de que Pauline, a causa de su carácter e inteligencia dejara tras de sí muchos corazones rotos, tantos como espejos en los que se mirara. Y es que, «Al César…»
Ejem, ejem…
….sin ganas de ser aguafiestas en esta época tan puritana que nos ha tocado vivir, pero «I Lost It At The Movies» no signfica, «Perdí La Virginidad en un Cine» como lo ha traducido la autora sino «Me perdia la cabeza por el cine»… o «Me volvía loca por el cine»…
Lo de saber leer y sin embargo no saber leer… ¿como una critica tan intelectual como P Kael va a titular un libro de criticas suyas «Perdi La Virginidad en un Cine»? Por favor…
Interesante articulo por lo demás, gracias…
Mi primer problema con los críticos de cine es que no suelen fijarse en «¿cuál es el público objetivo de esta película?», pregunta que aparece en la primera página de todo «business case» de un guión. Por eso la crítica profesional y la taquilla no suelen ir parejos (con Internet parece que van cada vez más parejos, ya no mola ir tan de rebelde, parece).
Mi segundo problema es qué hacer con ellos cuando patinan de forma alarmante. ¿Para qué vale un crítico, si no es para poner un poco de sentido común y objetividad ante la opinión «del populacho»?
Porque no olvidemos que la insigne Pauline definió «2001: An space Odissey» como «basura enmascarada como arte» y «una película con una monumental falta de imaginación»…
Bueno, amigo CarlosF, pues aquí sí que me separo totalmente de Pauline y es más, si la hubiera tenido delante cuando excretó esa definición, la habría agarrado de los tobillos y sacándola por la ventana, la hubiese puesto boca abajo pegada a la pared tal cual le hacía Kevin Kline a John Cleese en «Un pez llamado Wanda». Hasta que se retractara.
¡y las tonterías que escribió sobre El cazador! Ni siquiera se dio cuenta de que el quid de la cuestión es que todos los protagonistas son de origen extranjero. El que no es ruso, es italiano… and so on… y se fueron a luchar en Vietnam por su país de acogida en una guerra de puro robo con el fantasma del comunismo en lontananza.
Lo bueno de la Kael es que estaba viva y tenía arrestos, y parece que sí veía las películas que comentaba, no como otros…
¿A quién se refiere usted? ¡¡Es muy fácil tirar la piedra y esconder la mano!!
Jajajá. Quien se pica ajos come.
Tengo todos sus libros y me parece maravillosa, no siempre estoy de acuerdo con su opinión pero se nota que veía y amaba el cine. Escribía con una pasión que se echa de menos. Boyero es un burdo imitador.
Si, amigo, es una maravilla. Yo he leído también sus libros, en inglés, y podría atreverme a decir que era una gran escritora. Igual que usted no siempre estoy de acuerdo con ella, pero pertenecía a esa raza extinta de críticos que sabían escribir, argumentaban bien sus puntos de vista y hacían que sus textos se disfrutaran con su gran agudeza mental.
Ebert era otro de los grandes, pero me parece que estaba más en la tradición de Woollcott, poca profundidad pero mucho humor y mala leche en su textos. Paulina era densa, culta e inyectaba mala leche cuando se requería…algo que echo de menos siempre que leo a toda la escuela de Cahiers du Cinéma, pretenciosos y aburridos…
Boyero tuvo grandes momentos, la polémica con Almodóvar es de antología, dijo lo que había que decir en el momento preciso. Desde entonces se ha vuelto muy vanidoso, una vedette y sus textos no pasan de “me aburrí”, “bostecé”, “miraba el reloj”…hace años que no lo leo.
¡Bueno, pues a mí plim!