La “generación de oro” portuguesa daba sus últimas bocanadas: Rui Costa había cumplido 32 años unos meses antes, Pauleta andaba por los 31, Vitor Baía había abandonado la selección tras el Mundial de Japón y Corea… y la gran estrella, Luis Figo, estaba, posiblemente, ante su último gran torneo, también superada la treintena, campeón de todo con el Barcelona y con el Real Madrid, Balón de Oro en 2000, el primer portugués en conseguirlo desde el mítico Eusebio, capitán de un equipo que se jugaba en casa la confirmación o el fracaso.
Había sido un gran año para el fútbol luso: el Oporto de Mourinho se había impuesto al Mónaco en una inimaginable final de la Champions League y a su rebufo empezaban a salir de todas las canteras jóvenes realidades: Carvalho, Ferreira, Maniche, Costinha, el todavía adolescente Cristiano Ronaldo, Simao, Quaresma y sobre todo Deco, el brasileño nacionalizado a última hora, víctima de un presunto boicot encabezado por la vieja guardia para que no le quitara el puesto a Rui Costa.
Aquel era un muy buen equipo, un equipo enorme, pero las dudas le acompañaron desde el principio, desde el primer minuto del partido de inauguración. Acostumbrados a las habituales decepciones portuguesas, a nadie le acabó de sorprender la derrota 1-2 ante Grecia, un equipo ramplón, sin ninguna estrella conocida y que no pasaba de ser la cenicienta del grupo que completaban España y Rusia. El público que llenaba el Estadio do Dragao empezó animando como nunca y acabó silbando como siempre: Karagounis y Basinas pusieron los goles griegos, Cristiano, en el descuento, recortaba distancias para nada.
Había que reponerse y rápido. Una cosa era dejar el fútbol profesional sin ningún gran trofeo a nivel de selecciones y otra cosa era irse en primera ronda en tu propia casa. Figo tiró de galones y trató de unir al grupo. Venía de una temporada muy extraña en el Madrid, su primer año sin títulos desde que llegara del Barça. A mitad de año, con Queiroz, otro portugués, en el banquillo, todo apuntaba al triplete. Al final, no quedaron ni segundos de liga. A Figo le quedaba poco en Madrid, solo una temporada más antes de un retiro dorado en el Inter de Moratti. Era su momento. Era su Eurocopa.
La victoria ante Rusia dejó la clasificación para cuartos de final pendiendo del partido ante España. Con Iñaki Sáez en el banquillo y después de una convincente actuación en el Mundial asiático, España partía como siempre en el grupo de favoritos: ganó a Rusia para empezar la competición y cedió un empate incomprensible ante la rocosa Grecia. Otro empate le valía para pasar a la siguiente ronda. Era la España de Torres y Raúl, la España de Casillas y Xavi. Conducidos por Deco, los anfitriones dominaron la primera parte pero se fueron sin premio; en la segunda, un balón en profundidad para Nuno Gomes se convertía en el 1-0 definitivo.
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La Euro de 2004 fue más el no pudo ser de la estética República Checa que de la anfitriona Portugal. Fue sin duda, el mejor torneo de selecciones que recuerdo con auténticos partidazos como ese Inglaterra – Portugal o el Rep. Checa – Holanda de la primera fase.
Para el anecdotario (no mencionado), la tanda de penales de Ricardo, dónde se erigió en heroe con las manos peladas tras haberse quitado los guantes para parar el disparo al mediocreo Vassell.
Y bueno, algunos dijeron que ganó el «anti-futbol» pero para esos imparciales criados a base de collejas futbolisticas y de ver el carrusel de ascensos-descensos, era obligación apoyar al enano involucionado sacar prorrogas y defender lo poco que guardaban para convertirse en campeones de Europa. Pocos equipos se lo merecieron tanto.
Si, Grecia no dió muy buena imagen con su juego, pero fue increíble lo que lograron, digno de admiración y respeto.
Y Ricardo parando penaltis sin guantes… la del 2004 fue una gran Euro.
Y lo de Zidane en 2006 si que se merece un no pudo ser!!
Un saludo y gran trabajo como siempre
Grecia, una selección que pintaba más bien poco en el panorama internacional, gana una Euro admirablemente y sin embargo ninguno sentimos el cariño que suele haber hacia el más débil. Y todo por el fútbol tan rácano que practicaron.
En fin, que les quiten lo bailao. Recuerdo que viví esa Euro en Londres y al ver a la comunidad griega de Bayswater celebrándolo me pregunté qué se sentiría al logra algo así. La Historia me reservaba un par de sorpresas.
Un saludo.