Arte y Letras Historia

Los veintisiete de Arabel

Los veintisiete de Arabel
Un bombardero sobrevuela Londres en 1940. Fotografía: Imperial War Museums.

Uno era sobrecargo en un vuelo semanal entre Londres y Lisboa. ARABEL lo conoció en junio de 1941, cuando tomó ese mismo avión para instalarse en la capital británica. Le dijo que era un republicano catalán exiliado en Gran Bretaña y que necesitaba su ayuda para enviar cartas a España. Eran los peores días de la Segunda Guerra Mundial. El trapicheo era frecuente entre el personal de las aerolíneas. Sobre todo, de relojes de pulsera. Los compraban en Portugal y los revendían en Inglaterra. Ellos no tenían que someterse a un registro a la hora de cruzar la aduana. El sobrecargo se mostró reticente, pero ARABEL le ofreció una medida de garantía: que las cartas fueran abiertas. Se las daría en Londres en mano y él solo tendría que llevarlas encima hasta Portugal. Podría leer su contenido, si quería, y asegurarse de que no tenía nada de especial. Quería tener a su familia al tanto de que seguía bien y con vida, nada más que eso. Luego, cuando aterrizase en Lisboa, el sobrecargo solo tendría que acudir a cierta sucursal del banco Espírito Santo y dejar las cartas en una caja de depósitos determinada. Más tarde, un amigo suyo las recogería de aquel lugar y las haría llegar a España. El sobrecargo aceptó. Mejor dicho: picó. Sin saberlo, se había convertido en el primero de los veintisiete y en el más importante de todos: el correo. 

Otro era un piloto de la misma compañía aérea, la holandesa KLM. También trabajaba en el vuelo regular entre Londres y Lisboa. ARABEL le convenció con los mismos argumentos: los nazis ya tenían media Francia conquistada y España era un país fascista. ¿Cómo iban a llegar sus cartas desde Londres hasta Barcelona? El piloto accedió y se repartió la tarea con el sobrecargo. Cuando uno faltaba en el vuelo, el otro se ocupaba de llevar los sobres a Lisboa y depositarlos en la caja. Al cabo de un tiempo, los destinatarios de ARABEL comenzaron a responderle y la correspondencia se emprendió también en sentido contrario: de Lisboa a Londres. El piloto nunca llegó a descubrir el engaño. Los verdaderos mensajes iban escritos con tinta invisible entre los renglones de las cartas. Un empleado de la embajada alemana en Lisboa los recogía de la sucursal y los remitía a la embajada alemana en Madrid por valija diplomática. Allí se traducía su contenido, se codificaba urgentemente y se enviaba por radio a Berlín. ARABEL era un espía al servicio de la Abwehr, la agencia de inteligencia nazi. 

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2 comentarios

  1. Aunque ya conocía someramente la historia de Garbo, es realmente fascinante, y este artículo tan bien escrito no hace sino aumentar las ganas de ahondar en la vida de este personaje que, salvando las distancias, no deja de ser un pícaro español trasladado a las vicisitudes de la primera mitad del S.XX.

    Un saludo!

    • Hola, José Luis,
      Si no lo has visto, TVE emitió un reportaje en Documentos TV sobre Juan Pujol que me pareció muy interesante. Está en A la carta: «Fortaleza: La historia del espía que salvó a Europa en RTVE Play»
      https://play.rtve.es/v/5522277
      Te lo recomiendo.
      Salidos!!

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