Arte y Letras Literatura

Borges, el sendero que se bifurca en jardines (1)

Borges el sendero que se bifurca en jardines
Jorge Luis Borges y Leonor Acevedo Suarez, 1963. Fotografía: Getty.

El Borges de Adolfo Bioy Casares, tan monumental, atrae y repugna por igual: es un espectáculo morboso. Utilizando una palabra que, en este libro de más de mil páginas, hecho con las anotaciones que Bioy hacía en su diario referidas a sus encuentros con Jorge Luis Borges, se adjudica a cualquier libro que les desagrada —todo libro que contenga escenas eróticas entra dentro de tan severa consideración—: es una inmundicia. Hasta en poemas a los que dan su aprobado encuentran momentos que consideran baratos o lastimosos: del retrato de Antonio Machado, por ejemplo, Borges desaprueba por vanidoso lo de «torpe desaliño involuntario»; por blando, «las flechas que me asignó Cupido»; y también el «casi» de «casi desnudo como los hijos de la mar». Pero lo más desagradable sea acaso ver a Borges en la intimidad reduciendo a la nada a autores a los que uno leyó —en aquella época en la que confundió a Borges con la literatura— por expresa alabanza de Borges. No hay apenas autor que se salve…, ni siquiera los que él reivindicó de manera infatigable. 

Yo no sé si Bioy, al hacer esas anotaciones que se compilaron a su muerte, tenía en mente el Eckermann de las Conversaciones con Goethe o el Boswell que levantó un monumento a Samuel Johnson: quizá, quién sabe, estaba convencido de que, por póstumo que saliera, alguien recogería esa siembra espigando en sus diarios todo lo referido a Borges —que iba a cenar a su casa casi cada día durante años— y de algún modo se vengaría de él, de su maestro, sabedor de que, cuando ha pasado el tiempo suficiente, y ante una gran figura, ya se lee mucho más sobre esa gran figura que las producciones que elaborara; hoy se lee mucho más el libro de Eckermann sobre Goethe o el de Boswell sobre Johnson que a Goethe y a Johnson: parece claro que los clásicos no son aquellos autores a los que todas las generaciones leen, sino los autores acerca de cuyas vidas no cesa el interés y producen un imponente número de páginas que suman más lectores que las obras que escribieran. Sería una venganza sonriente, desde luego, con ese punto de mala uva que se permitía Bioy. Un antológico modo de matar al maestro, porque de los muchos retratos que se han hecho de Borges no creo que haya ninguno en el que este salga peor parado que en el tocho descomunal de Bioy.

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Un comentario

  1. Ahora que Bonilla nos ha puesto los dientes largos con ese tal Stephen Vincent Benét del que no hay más que un libro traducido en español sería un momento precioso para que publicara algunos de sus cuentos en Zut, por ejemplo ;)

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