Las tres autoras del romanticismo por excelencia fueron Emily Brontë, Mary Shelley y Jane Austen, cuyas obras se han mantenido inmortales, tanto por los lectores que vuelven a ellas una y otra vez, como por el cine, que ha sabido adaptarlas a cada época, contexto social y gustos de los espectadores. De estas películas, las que han transgredido con respeto la obra original han sido las que mejor han transmitido su alma, poco importa que Luis Buñuel trasladara Cumbres Borrascosas a una hacienda mexicana, que la criatura de Frankenstein tuviera una novia drag o que ahora hablemos de prejuicios que tienen que ver con la clase, el color de piel, el género elegido y la orientación sexual, mientras la adaptación refleje lo que los lectores han sentido al leer el libro.
Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë

La primera adaptación de la novela de Emily Brontë fue una película muda dirigida por A. V. Bramble y estrenada en 1920. Sin embargo, actualmente se considera una película perdida al no haberse conservado copias, por lo que debemos adelantarnos unos años, a 1939, para encontrar la primera versión conocida de Cumbres Borrascosas, la dirigida por William Wyler, una película fiel al libro salvo en lo que se refiere al final de Heathcliff, al no adaptar la segunda parte de la obra. Tal vez por la época, la versión de Wyler resulta la menos oscura. También se suavizó el carácter de Heathcliff, se pasó de puntillas por la infidelidad de Catherine y se obviaron las referencias sobrenaturales o la necrofilia, que en realidad son temas que no se presentan de forma evidente en la novela, para quedarse con una interpretación idealizada del amor romántico entre los protagonistas que es capaz de superar a la muerte.
En 1953 Heathcliff paso a ser Alejandro y Catherine a llamarse Catalina en la adaptación de Luis Buñuel, Abismos de pasión, una versión donde los páramos ingleses eran sustituidos por una hacienda mexicana y, al contrario de lo que pueda dar a entender el título de telenovela, el terror gótico y el carácter sobrenatural de la obra de Brontë se hacían muy presentes. Buñuel entendió que Cumbres Borrascosas no se trataba de una historia de amor y en su película lo que mueve a los protagonistas es el odio. Además, los besos en lugar de ser en la boca se dan en el cuello, como si de mordiscos se tratasen, lo que hace referencia a la interpretación vampírica de la novela, según la cual Emily Brontë habría sido de las primeras autoras en hablar de vampirismo en la literatura, aunque en este caso se trata más de vampiros psíquicos —al estilo de Colin Robinson de Lo que hacemos en las sombras—, pues Heathcliff parece consumir la energía de Catherine hasta hacerla enfermar. Por todo ello, la película de Buñuel es la que mejor ha sabido transmitir el espíritu de la novela, a pesar de sus evidentes problemas, como unas interpretaciones forzadas, acentos que no se corresponden con el mexicano ni cuadran con dos personajes que se supone que se han criado juntos— Irasema Dilián, la actriz que daba vida a Catalina, tenía un acento polaco, mientras que el acento de Jorge Mistral, el actor que interpretaba a Alejandro, era español—, una banda sonora que abusa de Wagner y un presupuesto reducido.
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