
Viene de «Tu cruz en el cielo desierto (1)»
Tu cruz en el cielo desierto es una novela de la escritora colombiana Carolina Sanín que la editorial Blatt & Ríos publicó en 2021. El libro narra y teoriza sobre el amor, el deseo y como este intenta compatibilizarse ante la ausencia física del ser amado. Ausencia inevitable puesto que ambos personajes viven en países distintos y se conocen a través de las redes sociales. ¿En un mundo donde existe la misma cantidad de apps para ligar que para solicitar comida a domicilio, se puede seguir atribuyendo al destino el encuentro entre dos amantes? La mayoría de la gente se conoce por casualidad, pero cuando dos personas están enamoradas, atribuyen al día que se conocieron una serie de acontecimientos tan remotamente casuales que ese encuentro no pudo ser sino obra del destino. Y es que decir que su amor es producto del azar, le quita peso. Buscar una razón cosmológica es una manera de presentarse al mundo. Las dictaduras y los nacionalismos también necesitan de este tipo de narrativa. Buscan en la historia un pasado esplendoroso, aunque por el contrario de los enamorados, su razón está lejos de estar relacionada con la tiranía del amor.
¿Qué tiene de malo la casualidad? ¿Por qué existe la necesidad de atribuir siempre a un plan superior lo que le sucede a uno? Sería demasiado afirmar que existe miedo a la casualidad, pero sí podríamos decir que hay un rechazo. No solo porque no se la pueda relacionar con aquello grande y esplendoroso, como la victoria o el amor, y esté condenada a las miserias del día a día, como encontrarse a alguien en el supermercado, sino más bien porque está vinculada al azar y por consiguiente con el no-control. La palabra azar proviene del árabe y significa flor. Esta flor se pintaba en uno de los lados de una taba, que era un hueso que se utilizaba para jugar a los dados. Cuando se lanzaba la taba y aparecía la flor se ganaba la partida y, por consiguiente, tenías buena suerte. No obstante, ganar o perder siempre depende de la apuesta que haya hecho uno. Curiosamente en portugués la palabra «azar» derivó directamente a significar mala suerte.
La muerte de una persona de veinticuatro años es un hecho traumático. El velorio se llena de amigos, vecinos que lo vieron crecer y al fondo, los padres. A los marineros que se atreven a cruzar el Atlántico a vela se les recomienda operarse de apendicitis. La travesía suele durar unos dieciocho días. Se sale mayoritariamente de Canarias y se llega al Caribe a través de los vientos elíseos. En el velero donde viajaba Esteban había cinco tripulantes. Todos eran amigos, alguno había realizado la travesía, pero nadie estaba operado. ¿Qué probabilidad había de que a los seis días de partir a Esteban se le obstruyera el recubrimiento del apéndice? La convención internacional de salvamento de 1989 obliga a cualquier embarcación que se encuentre cerca a atender una llamada de socorro. Cuando el hermano de Esteban pulsó el botón de color rojo DISTRESS e informó de las coordenadas del barco, salvamento marítimo le comunicó que la embarcación más cercana se encontraba a cuatro días de navegación. Esteban llevaba treinta y dos horas muerto cuando llegó el carguero que se dirigía a España. Durante el entierro lo que más se repitió es que era una muerte injusta, a lo que algunos añadían que había tenido muy mala suerte.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Solo comento para respetuosamente señalar que Carolina Sanin es colombiana, no argentina, al menos de nacimiento.
Saludos
Hola Ieyson. Toda la razón, gracias por el comentario, ya está cambiado. La editorial que publicó ese libro en concreto sí que es argentina. Un abrazo.
Debería corregir también lo de los «vientos elíseos», je.