
Las paredes de la planta superior están pintadas de amarillo. El suelo no cruje, pero podría hacerlo perfectamente, ya que se trata del edificio residencial urbano más antiguo de Irlanda. Es en esta construcción del siglo XV, en el centro de la ciudad costera de Waterford, utilizada antiguamente como hospicio, donde se ubica el Irish Wake Museum, un espacio para explorar las tradiciones y supersticiones irlandesas alrededor de la muerte.
Liam Barry, el guía, me cuenta al final de la visita que él no tiene miedo a morir. Va vestido de enterrador y calcula, en una rapidísima operación mental, que le quedan veinte años de vida: «Muy probablemente, dentro de veinte años, ya se habrán muerto todos o casi todos mis amigos, me sentiré más solo, miraré a mi alrededor y el mundo ya no me gustará como cuando era joven. No es que quiera morirme: simplemente, no me da ningún miedo».
A su lado hay un cadáver de cera tumbado con monedas en los ojos. Sus manos, con los dedos entrelazados, sujetan un crucifijo. Es su tía Norah, que acaba de fallecer, según explica durante la visita guiada.
El reloj de la habitación de la tía Norah está parado en la hora exacta de su muerte. La ventana está ligeramente abierta para que su espíritu pueda marchar en paz, y el espejo está tapado con un paño blanco. Son las diez de la mañana en Waterford y fuera hace un poco de frío y llueve. Se está muy bien aquí dentro, haciéndole compañía a la tía Norah.
En la habitación contigua, forrada con papel pintado de flores, hay una mesita con tazas y bebidas alcohólicas como para un botellón íntimo, y un reproductor de música donde suena «The Parting Glass» cantada a capela por una voz masculina.
Liam Barry se pone a cantar también.
«The Parting Glass» es una canción tradicional escocesa que se suele entonar en algún momento durante los funerales en Irlanda, a veces en el velatorio, a veces en el cementerio, frente al ataúd, y otras veces en el pub. Hay quienes la cantan también en fiestas de despedida por la jubilación de algún compañero de trabajo o incluso en bodas, pero lo más normal es que esta canción, que ha sido versionada por artistas irlandeses como Liam Clancy, Sinéad O’Connor, Hozier o The Pogues, suene en los funerales.
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Me ha parecido tan precioso como melancólico. Ojalá, en mi funeral, mi familia y amistades celebren mi vida y no lloren por mi muerte. Al menos, es lo que les he dicho varias veces. Espero que no se dejen llevar por la tradición de duelo y tristeza de los funerales en España
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Leyendo este artículo siento que me daría menos pena morirme si la gente pudiese «disfrutar» de un funeral parecido. Me parece que una sociedad que «celebra» así la muerte, entiende la vida.