Cine y TV

Banda sonora para perpetrar una masacre

Banda sonora para perpetrar una masacre

La alegre pareja formada por Deadpool y Lobezno dedicó el verano de 2024 a pasearse de la manita por las salas de cine del planeta. Un periplo insultantemente rentable que ha convertido la producción de Marvel en la cinta para mayores de dieciocho años más taquillera de la historia del séptimo arte, el puesto que hasta entonces estaba ocupado por la sobrevalorada Joker. Pero lo bonito de Deadpool y Lobezno es que como fenómeno blockbuster descomunal ha ayudado a dejarnos claras unas cuantas cosas: que una película puede renunciar al guion por completo para sustituirlo por tsunamis de cameos y huevos de Pascua, convirtiendo la fanfarria en una tontería, y aun así lograr que los espectadores salgan contentos de las salas; que en España somos tan especialitos como para titular la película Deadpool y Lobezno en lugar de Deadpool & Wolverine o Masacre y Lobezno; que el salvavidas de la Marvel cinematográfica actual pasa por burlarse de sí misma; y, lo que realmente nos interesa aquí, que las escenas donde se combina acción salvaje con banda sonora popera siempre funcionan. 

Deadpool y Lobezno posee tres pasajes llamativos que bailan con la idea de hostias al ritmo de hits musicales. El primero es la secuencia de créditos iniciales, donde Deadpool (Ryan Reynolds) despacha enemigos al ritmo del «Bye bye» de *NSYNC, utilizando como arma los huesos de adamantium del Lobezno (Hugh Jackman) fallecido en Logan (2017). El segundo momentazo pop de D&W es una escena que podríamos considerar como el equivalente en el terreno del bromance al polvete en el coche: los dos protagonistas moliéndose a palos en el interior de un Honda, mientras la radio atruena con el «You’re the one that I want» que Olivia Newtony-John y John Travolta entonaban en Grease (1978). Finalmente, la última secuencia al compás de un temarral acontece en la desmadradísima reyerta final, aquella donde una horda de variantes de Deadpool es trepanada y masacrada con alegría mientras suena «Like a prayer» de Madonna. Una canción que se reutilizaría en la trama unos minutos después, en una versión diferente interpretada por un coro, cuando los héroes combinaban fuerzas para restablecer la integridad del universo, o algo así. La excusa argumental daba más o menos igual, ya que el guion lo firmaban unos monos amaestrados por Reynolds, pero meter un clásico de Madonna tenía su puntillo.

Lo cierto es que para lo de «Like a prayer» ya estábamos preparados, porque el tema se había asomado por el tráiler, con tanta presencia como para servir de marco al título del film. Y también porque el propio equipo de la película ya comentó durante la promoción previa que adquirir los derechos de la pieza no fue un proceso sencillo, porque supuso una visita en persona a Madonna por parte de Reynolds, Jackman y Shawn Levy, director del film, para rogar por los derechos. «Hay que aclarar de antemano que Madonna no licencia sus canciones, y en especial ésta [“Like a Prayer”]», apuntaba Reynolds, «Pedirla era un asunto muy serio y, desde luego, utilizarla lo era más aún. Así que nos reunimos con ella para mostrarle cómo, dónde y por qué queríamos usar la canción». El actor explicaba que la comparecencia ante la diva era, en su cabeza, algo similar a un encuentro con la realeza, con protocolo incluido: «Le pregunté a la gente de su equipo si se me permitía llamarla “Madonna”. En plan, ¿puedo decir “Hola Madonna, soy Ryan? ”». Tras la entrevista, la cantante no solo accedió a permitir el uso de su tonadilla, sino que también realizó sugerencias sobre el devenir de la escena. Ideas que Levy y compañía anotaron e incluyeron posteriormente en el film, muy probablemente porque a Madonna es mejor tenerla contenta. 

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2 comentarios

  1. «en España somos tan especialitos como para titular la película Deadpool y Lobezno en lugar de Deadpool & Wolverine o Masacre y Lobezno».
    Eso es como todo lo demás. En España pides un guait label, en lugar de un guait leibol o un güite label, porque si no te miran mal. También decíamos leidi di, en lugar de leidi dai, o ladi di (ahora ya no lo decimos). Y así hasta la extenuación…

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