
La industria musical contemporánea nos regala, año tras año, una infinidad de artistas que intentan dejar su huella en el mundo del entretenimiento. En este mar de talento (o falta del mismo), se encuentra Taylor Swift, la autora musical que, cual Dan Brown, ha hecho de la repetición una fórmula de éxito. Swift ha logrado construir una carrera basada en la perfección del marketing emocional, al igual que Brown perfeccionó el arte de vender novelas que no pasarán a la historia de la literatura, pero sí a las listas de los más vendidos. ¿Deberíamos celebrar a Swift como la gran compositora de nuestra era? O, mejor, ¿será que estamos viviendo una época en la que la cantidad de discos vendidos se confunde con calidad artística?
No es un secreto que Taylor Swift ha tenido un impacto masivo en la cultura pop. Cada álbum se espera como si se tratara de una nueva obra maestra, un manuscrito oculto, digno de ser descifrado por hordas de seguidores dispuestos a debatir sobre cada palabra en foros de internet. ¿Recuerdas cuando Dan Brown publicó El Código Da Vinci y de repente todo el mundo era un experto en simbología religiosa? Pues bien, cada vez que Swift lanza un nuevo single, sus fans se convierten instantáneamente en analistas líricos, dispuestos a buscar significado hasta en el más absurdo de los versos. ¡Es un espectáculo! Da igual si la frase es algo como «It’s a love story, baby, just say yes», que se podría resumir en la eterna fórmula romántica: chico conoce chica, chico ama chica, chica ama chico, fin.
Taylor ha hecho de sus canciones una especie de juego de pistas. La narrativa es siempre la misma: se trata de una historia sobre rupturas, amor no correspondido, traición y autodescubrimiento. Pero, como ocurre con las novelas de Dan Brown, lo importante no es lo que se cuenta, sino cómo se vende. Ambos han sabido crear una imagen de profundidad en relatos que, en el fondo, no dejan de ser clichés con un buen embalaje. Taylor Swift es la Dan Brown del pentagrama porque ha descubierto que se puede triunfar vendiendo lo mismo, siempre y cuando se le ponga un lazo distinto.
Una de las cosas que más fascina de Swift es su capacidad para presentarse como una artista versátil, capaz de evolucionar musical y personalmente con cada disco. Es una proeza que, hasta cierto punto, es digna de reconocimiento. Aunque, si lo analizamos con calma, no es más que una variación sobre el mismo tema. Igual que Brown nos llevó del Vaticano a París y luego a Washington con historias que, en esencia, son copias unas de otras, Swift ha cambiado su estética y sonido, pero no su mensaje. De Fearless a 1989, de Reputation a Folklore, Swift ha hecho malabares con géneros musicales, pero sigue siendo la chica que canta sobre las mismas desventuras románticas.
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O sea que al final era cierto que Hipólito Ledesma no existe. Me hizo gracia lo de “uso responsable”
Hombre Blanco hablar con lengua de serpiente
Hemos pasado de idea por párrafo a una única idea para todos los párrafos. ¡Grande, ChatGPT!
La menosprecian por escribir principalmente sobre amor (no todas sus canciones lo son) y se habla mucho sobre la parte autobiografica, catártica y críptica de sus canciones, pero en realidad eso es para el fan común. Su música está tan bien escrita que no es necesario estar inmerso en el lore de su vida personal para poder conectar o extraer tus propias interpretaciones. Ella es una gran escritora y narradora, no solamente tiene la cualidad de crear imágenes narrativas de forma excepcional retratando emociones humanas, sino también domina el lenguaje literario como todo escritor experto en la materia; usa muchos recursos literarios como simbolismos, acertijos, metáforas, yuxtapocisión, retórica, aliteración, sintetización, poesía, referencias culturales, etc. También se esfuerza en buscar palabras complejas para construir sus narraciones y se permite agregar bastante texto a sus canciones, todo esto hace que su liricismo adquiera múltiples capas que se prestan a múltiples interpretaciones, las letras permiten lecturas multidimensionales que nada tienen que ver con su vida personal.
Taylor Swift clasifica sus canciones en 3 tipos de escritura.
1. Boligrafo de gel : Son letras con sátira, humor, ingenio y desenfado que a su vez se pueden bailar.
2. Pluma estilográfica : Es la más catártica, visceral, e storytelling.
3. Pluma clásica (de ave) : Se caracteriza por sus recursos literarios y poéticos. Simbolismos, acertijos, metáforas, yuxtapocisión, retórica, sintetización, aliteración, personificación, consonancia, enjambre, símil, referencias culturales, história, etc.
¿Ésto también es IA?
No lo sé, pero lameculos, está claro. Claro que yo también lo lamería el de Taylor.
La música -sobre todo en simultaneidad del oyente con otra actividad mental o cultural- logra con más facilidad que otras manifestaciones artísticas poner en conexión los dos hemisferios cerebrales pero contribuye menos de lo que se cree a homogeneizar a la gente.
Se nota que fue hecha con IA porque alguien que se tomase en serio tal analogía, debería escuchar la discografía de Swift para tener una idea completa de lo que compone y canta, y en efecto se daría cuenta que no solo escribe de desamor. Increíble como se ha avanzado en el uso de IA
Es una pena que, al igual que otras revistas electrónicas, caigáis en el uso de prompts para vuestros artículos. Una suscripción menos por aquí.
Bueno,por lo menos habéis sido honestos con lo de reconocer la verdadera autoría del artículo.
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Acojonante, tengo que reconocer que la comparación me pareció un poco traidilla por los pelos y que el comentario “… será que estamos viviendo una época en la que la cantidad de discos vendidos se confunde con calidad artística?” me pareció que estaba trasnochadísimo, me llamó la atención por ello, las ventas y la calidad artística no tienen ahora ninguna relación, ni para bien ni para mal… pero no pensé en la IA, pensé que el articulista era mediocre… malas noticias!
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El instrumento de la I.A. se inculpa ahora en cualquier desaguisado de quien elude responsabilidad autorial. Antes se decía en plan refranero que es bueno que haya niños para echarles la culpa y en estos días de cultura variopinta y/masiva se busca a la recién llegada I.A. para atribuirle lo que extravía el gusto o causa casualidad sorpresiva.
En efecto no es la J. Mitchell del S XXI. Y aunque J Michel fue una de mis cantantes favoritas, el siglo pasado, Tay es mejor, mucho mejor y más productiva. Encima sus conciertos son la bomba. De hecho si le dieron el Nobel de literatura a Dylan, que es un plasta pedante y malcarado, a que esperan para dárselo a Taytay?