
Más de quince años después de su retiro, la historia de Monica Seles sigue siendo una de las más trágicas del deporte. Fue una de las grandes revolucionarias del tenis femenino y es fundamental para entender la evolución de esta disciplina desde los noventa hasta la actualidad.
Transmitía fuerza, mucha fuerza.
Fue su padre quien le inculcó la pasión por el tenis. Karóly trabajaba de caricaturista en Novi Sad, su tierra natal, y en sus ratos libres disfrutaba del tenis. No era la antigua Yugoslavia un sitio fértil en tenistas en la década de los setenta: en la época de Tito, la gloria se la llevaban el fútbol, el baloncesto y la gimnasia rítmica. En los setenta, Yugoslavia todavía era un territorio estable: las tensiones nacionalistas que explotarían en los ochenta los aplacó el fuerte liderazgo de Tito. Karóly trasladó esa pasión a su hija, llevándola a jugar con él en las pistas públicas de la ciudad. Pronto advirtió que la pequeña Monica jugaba de manera peculiar, golpeando a dos manos; llevaba la raqueta como si fuera un amuleto que le quisieran arrancar. El padre intentó corregir ese defecto, pero no pudo. Tuvo que resignarse. De una manera totalmente casual, la pequeña Mónica estaba forjando no solo un estilo, sino una personalidad. Los amigos de su padre le decían a este que si no cogía la raqueta con una sola mano, no haría carrera tenística.
Nadie sabía de lo que estaban hablando.
Seles era fuerte y risueña de pequeña. Podía pasarse horas en la pista de tenis golpeando pelotas contra la pared durante horas y horas cuando no encontraba a alguien con quien jugar. Lo hacía de manera tranquila, como si fuera un ritual del que dependiera el éxito de su acción. Su padre la observaba, veía en ella, pese a su inusual técnica, algo distinto para este deporte. También sabía que Yugoslavia no era el país adecuado para que su hija desarrollase todo ese potencial; y después de reflexionar, tomó la decisión de mudarse con el resto de la familia a Bradenton, Florida, a la academia de Nick Bolletieri, uno de los mejores entrenadores de este deporte. Mucho se ha contado acerca de Nick y de la relación que mantenía con sus jugadores. Este antiguo sargento del ejército, reconvertido en Jat Gatsby del tenis, ejercía un poder absoluto dentro de su academia. Su escuela no era distinta de la de una secta: había un líder que hacía y deshacía a su antojo. Y ese hombre era él. Pudo moldear a su imagen y semejanza a Marcelo Ríos, a Jim Courier, Anna Kournikova y a las Williams; solo Agassi se le resistió. Monica tenía todo lo que le gustaba a Nick: sacrificio, carisma, orden y gran sentido del deber. Gabe Jaramillo, uno de los entrenadores de la yugoslava en la academia, declaró que nunca entrenó a un jugador que entrenara tan duro, tantas horas y con tanta dedicación como ella. Era una chica que, desde bien pequeña, había entendido que nada se opone tanto al valor como la ausencia de disciplina. Estaba iniciando su Bildungsroman particular. Para la teoría literaria, la novela de formación es la que nos cuenta la historia del héroe partiendo de su juventud hasta los años de madurez. Esa época se convierte para el protagonista en un tiempo marcado por la incertidumbre; el héroe lucha contra todos y contra todos, ve los obstáculos como algo necesario para progresar; es más, los busca, como si esas piedras en el camino legitimasen su conducta; en cambio, con Seles sucedía lo contrario: para ella, su conducta debía estar dirigida por la razón; y la libertad era dejarse guiar por ella. Por eso, cuando irrumpe en el circuito de adolescente, lo hizo con una fortaleza mental que a muchos llamó la atención. Jugaba como si llevase toda la vida en el circuito y, claro, eso despertó muchas suspicacias.
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Magnífico artículo. De no haber sufrido el terrible apuñalamiento, estaríamos sin duda ante la tenista con más GS de la historia. Las secuelas psicológicas pesan demasiado en un deporte tan mental como el tenis.
Este artículo ya se publicó en enero en JDsport. Si vosotros podeis repetir, yo también copio aquí mi comentario de entonces. «Seles, Graf, Evert, no digamos ya Navratilova ganarían a las tenistas actuales con un brazo atado a la espalda. Su fortaleza mental era increíble. ¿Sabrán las que ahora se echan a llorar a la primera pregunta que a Mónica la apuñalaron en la pista?»
excelente articulo, sigan asi