Filosofía

La cara útil de la culpa

shame fdb8878d scaled
Carey Mulligan en Shame, 2011.

Uno de los comienzos de libro más citados (después del lugar de cuyo nombre no queremos acordarnos, y del recuerdo de Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento) es el de Ana Karenina, esa sentencia archiconocida que reza: «Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera».

La aguda observación de una verdad así de universal y eterna al inicio es, quizá, la causa del eclipse de esta otra, expresada por boca de príncipe Esteban Arkadievich Oblonsky —Stiva para los amigos— en su primera aportación extensa (la primera, propiamente dicha, es un lamento resumido en tres «¡Ay!») tras escapar de la placidez del sueño:

No, no me perdonará. ¡Y lo malo es que yo tengo la culpa de todo. La culpa es mía, y, sin embargo, no soy culpable. Eso es lo terrible del caso!

En su magistral manejo para distribuir la información, Tolstói nos había contado en los pocos párrafos previos a este que Stiva le ha sido infiel a su esposa Dolly con la institutriz francesa, que Dolly lo descubre y ello provoca que no quiera seguir conviviendo con él. Pero ninguna de estas circunstancias son la causa de la culpa de Oblonsky. Es otra cosa, casi más universal que la familia:

Le había sucedido lo que a toda persona sorprendida en una situación demasiado vergonzosa: no supo adaptar su aspecto a la situación en la que se encontraba.

Esteban Arkadievich, al ser descubierto, había hecho «una cosa ajena a su voluntad», lo único no esperable ni, por tanto, deseable.

Esteban Arkadievich había sonreído y «aquella necia sonrisa era imperdonable».

Esteban Arkadievich sentía vergüenza traducida en culpa.

En la última novela publicada en vida de Tolstói, Resurrección, la culpa reaparece en calidad de personaje protagonista.

El —también príncipe— Dmitri Ivánovich Nejliúdov es convocado como jurado popular al encausamiento de Ekaterina Máslova, prostituta inculpada por el asesinato de un hombre que había contratado sus servicios el mismo día en que le fue suministrado veneno. Máslova, además de ser declarada culpable, fue la joven a la cual Nejliúdov dejase embarazada antes de partir, sin mirar atrás, para gozar de la buena vida reservada a los hombres nobles (nobles por estatus más que por definición moral, se entiende). De tal modo que, a lo largo de la historia, la culpa y la culpabilidad se trenzan aquí con la vergüenza, con el aburrimiento (de ella, después de haber rozado con los dedos la vida prometida y no dada por el hombre) y con la incomodidad (de él, al responsabilizarse, hasta rozar lo patológico, de la suerte corrida por la mujer).

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5€mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105€año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

14 comentarios

  1. A buen seguro no es el único, pero el gran punto ciego que sospechaba en mi visión de la práctica del culpar es, precisamente, la autoinculpación. Y tengo la impresión de que la autora de este artículo lo ha detectado con gran agudeza.

    Aquí ya no se habla tanto de la práctica del culpar como del sentimiento de culpa, esa túnica de Neso, tema si cabe más desbordante que el anterior, como estupendamente se ilustra aquí en la conciencia de los personajes de Tolstoi. El sentimiento de culpa resulta un tema endiablado, lleno de aristas, de emociones mixtificadas, callejones sin salida, autocomplacencia y hasta autoengaño.

    Sin embargo, traerlo a colación es un tremendo acierto porque es la conciencia individual el lugar privilegiado donde se fusiona la práctica del culpar y el sentimiento de culpa. Es en esa unión donde la complejidad de esta problemática crece más si cabe.

    Por otro lado, los réditos políticos que se pueden obtener de despojar a los seguidores de esa túnica envenenada también parecen fuera de discusión. Abundan ejemplos para satisfacer cualquier orientación.

    También he recordado, a raíz de la visión clásica romana de la culpa, lo que le decía el padre, psiquiatra, a un gran amigo, su hijo: «las culpas, para el juez».

    En definitiva, y no me enrollo más, he disfrutado mucho esta lectura que mezcla un tema clave con la generosidad en ejemplos y citas de toda clase. Con ello me parece que ha conseguido ahondar en su aspecto problemático, lo que para muchos es uno de las grandes virtudes filosóficas. Invita a seguir reflexionando sobre la oportunidad de esta práctica. Mis felicitaciones a la autora.

    • Ana Rosa Gómez Rosal

      Muchas gracias, Pablo, por tu generosidad al escribir tu artículo «Sobre la práctica del culpar», y por hacerla extensiva a la lectura del, y comentario al, mío.
      Me alegra haber sido capaz de transmitir lo que estaba a la base de este texto mientras lo redactaba: que no son posturas contrapuestas, sino complementarias.
      Sin duda, es un tema que se presta a muchas reflexiones desde múltiples puntos de vista (tanto más necesario de sacar a la palestra en estos tiempos, donde hay tanto «hater» de la culpa abogando por negar la mayor) y no es para nada sencillo abordarlo en un artículo. Así que aplaudo y te agradezco, de nuevo, que abrieses este melón apostando por la profundidad filosófica, lo cual me ha permitido replantearme el asunto no «pensando en contra de», sino en conversación con tu trabajado pensamiento.
      Felicitaciones también para ti.
      Seguimos leyéndonos.

  2. Alucinante que un autor comentado felicite al autor (más si es autora) de quiene, a su vez, le comenta… aún queda un lugar (puede que muy pequeño) para la esperanza… y no la aguirre precisamente)…

    Por lo demás me siento culpable de haber leído el artículo con cierto sentimiento de»buscarle las cosquillas» , a un tema tan complejo y provocador de culpabilidades varias… sobre todo si son ajenas.

    Aún así, afirmo que este sentimiento de ser culpable, es un injerto casi «genético» (heredable en cierto modo) hecho por la sociedad adulta dominante (SAD) en la mente de las crías humanas… sobre todo para evitar que reconozcamos a Eva , como la primera mujer capaz de autoproclamarse dueña de si misma… antes de autoasumir luego su falsa culpabilidad (en nombre de las futuras mujeres).

    • Ana Rosa Gómez Rosal

      Muchas gracias por tu lectura (buscarle las cosquillas a los artículos es un modo fantástico de leerlos, implica participación, y eso es algo digno de celebrar, siempre) y por tu comentario, Xaquín.
      Coincido del todo con tu primera apreciación.

      Sobre la falsa culpabilidad y sus efectos hay unos párrafos buenísimos, muy esclarecedores, en el último tercio del libro de Arendt, Eichmann en Jerusalén. Y casi igual o más interesante es lo que mencionas sobre la autoasunción de la falsa culpabilidad de Eva, transmitida en herencia al común de las mujeres, como mínimo en Occidente. Es un tema que se me iba apareciendo cada dos por tres mientras escribía este artículo, pero que daría para otro dedicado solamente a ello. Tal vez lo haga en el futuro.

      De nuevo, muchas gracias.

  3. Terminamos el año con el bombero torero: «Sobre el canon de Morgan: me parece muy pertinente en muchos contextos, aunque cada vez menos por los descubrimientos recientes sobre la inteligencia animal. Pero no entraré ahí.»
    ¿Cuáles son esos “descubrimientos recientes”? ¿Tienen que ver acaso con el “diseño inteligente”?
    No permitáis que las ciencias experimentales os vayan a arruinar una teoría. Faltaría más.
    Esos científicos… qué pesados. ¿Quiénes se creerán que son?

    Comenzamos el año con charlotada: “Eso, y que únicamente los dioses, los psicópatas y los narcisistas, pueden culpar desde la ira sin sentir nunca la culpa por dentro, porque solo tienen ojos para sí mismos, sintiéndose invulnerables frente a la mirada de los demás.”
    ¿Cómo sabe quien escribe eso? Siendo una diosa, una psicópata o una narcisista.
    Los dioses no existen. Así que cualquiera de las otras dos opciones me cuadran más. Tal vez las dos.
    En otro caso, más vale indicar el estudio científico que lo avale.

    Os está quedando la hoja muy parroquial.

    • Ana Rosa Gómez Rosal

      Caballero, ¿no fue usted el mismo que se quejaba, en un artículo escrito también por mí, de que apareciesen «un buen montón de citas» y bibliografía porque «un filósofo no necesita de esos anclajes»? Deduzco que me pide el estudio científico que avale lo que digo (tras la pueril jugada del «rebota, rebota»; bajo la «amenaza» falaz del: si no haces tal -lo que yo digo-, entonces eres cual -lo que ya he dicho que eres-) porque usted reparte todos los carnets habidos y por haber, dejándome fuera de la categoría de filósofa, pero siempre dentro (a mí, a otros tantos colegas que publican en Jot Down) de cualquier otra categoría que implique una faltada tan gratuita como la bilis que no se cansa de soltar en busca de una reacción.

      Por mi parte, descanse. No me ofende y no tengo interés alguno en conversar con quien solo comenta ladrando. Sepa, pues, que esta es la primera y última vez que va a recibir una respuesta mía.
      Y acépteme el consejo de hacer un mejor uso a su tiempo. Por ejemplo, si tanto ofende a su inteligencia lo que escribo, no me lea. O, si realmente tiene interés por saber qué estudios científicos (en plural, porque no es uno, sino muchos) hay relacionados con el sentimiento de culpa y los trastornos de la personalidad, con el narcisismo y la psicopatía, en lugar de pedirlo como un déspota, vaya a Google Scholar, a Dialnet, a SciELO, a cualquier motor de búsqueda, que le devolverá miles y miles de resultados en una cuarta parte del tiempo que ha dedicado a escribir tan sañudo y vacío comentario.
      Ya que no nos respeta a los demás, respétese a sí mismo.

    • Tal cual. Suscribo.

  4. Es difícil no encontrar culpables, y sobre todo en uno mismo, varón por necesidad evolutiva, no por utilidad, y sin ensañamiento (insanía) hacia mi persona. Sabrá disculpar este maniqueísmo absurdo, pero a este desmadre occidental no le encuentro salida. No creo que usted como mujer se sienta culpable de algo femeninamente hablando; yo, y de vez en cuando, sí. Sin culpa por evolución soy parte culpable de toda la Historia, masculina, no la del patriarcado pues mi padre era medio santo. Y aquella “selección” bio evolutiva en desmedro de nosotros es una “injusticia”, vocablos que no son aconsejables usar cuando nos referimos a nuestra presencia sobre el planeta por motivos evolutivos, mas otro no se me ocurre. Me gusta sospechar que es monstruo de Eichmann solo se sintiese culpable por ser varón, los más llevados a la ferocidad, mas no creo que fuese capaz de tal sutileza. Le agradezco la cantidad de lectura a la que puedo acceder y de sus reflexiones con tantas fuentes de inspiración, ma siendo peronista por clase y por herencia pueblerina, hay vocablos que me chirrían, estimada señora, y disculpe si me voy por las ramas. Populismo y demagogia son los términos usados por nuestra oligarchía vernácula para denigrar al peronismo, un movimiento social que pretende la igualdad, la justicia social, la inclusión de negros, mestizos e indios, y tratar de hacer de Argentina un pais no unicamente proveedor de materias primas para el primer mundo, con una visión política y social indoamericana, pero bien sabemos cómo se deforman los vocablos, producto de los más cultos. Populismo vaya y pase, visto que al popolo se lo identifica con los menos cultos, los que no tuvieron la oportunidad de acceder a la cultura, no porque no hayan querido, sino porque no es conveniente, y además cuesta; demagogo era aquel que acompañaba o hablaba al demo, a la plebe. Se podría decir que todo político es un demagogo, aun los más cultos o refinados; la diferencia está en el pueblo que lo sigue. Por el resto le agradezco la estimulante lectura.

    • Podríamos diferenciar sentirse responsable, de no conducirte de manera machista, de sentirse culpable por algo que no has hecho¿no?. Lo mismo creo es aplicable al colonialismo. Al final somos responsables de la identidad que nos construimos entre todos.

      A mí el texto de Gómez Rosal me ha parecido muy interesante, me he sentido interpelado.

      • El problema es que en los sedimentos de las lecturas solo sobreviven la violencia de las guerras y sus muertos y, sobre todo las muertas que generalmente no opusieron resistencia, desde aquella faraona obligada a ser varón para defender a su hijo y luego primeriza memoria de dannatio memoriae, llegando a esta francesita corajuda que se miró en la vidriera mediática de la venta al mejor postor de la carne, ante todo de madre. Debe de ser un problema mío no saber desconectar la vida de los otros con la mía, ese abismo de palabras que, a la larga no resuelven nada, la inutilidad de la escritura. Gracias por su pregunta, estimado.

  5. Leido el artículo de Pablo a posteriori, no asumo su determinismo. O mejor dicho, valga la paradoja, que no lo veo determinante para la culpa, para sentirla o para cambiar el criterio por la misma en ése ejercicio de autoconocimiento que certeramente señala Ana Rosa. La libertad se podría entender como éso, como la capacidad de analizar lo que se hace y lo que se omite, compararlo con lo que podría ser y en la medida de lo posible mejorar el resultado para con los demás, y para uno en última instancia.

  6. Ana Rosa Gómez Rosal

    Muchas gracias, E.Roberto y Arryn, por vuestra lectura y por compartir estas reflexiones.
    Perdonadme que no entre aquí en el debate sobre la culpa relativa a «lo masculino» y «lo femenino», pero es que me he puesto a redactar la respuesta a vuestros acertadísimos comentarios y, sin querer, casi me ha salido el artículo que, en respuesta a Xaquín, dije que escribiría en el futuro. En cuanto saque tiempo lo termino y seguimos debatiendo de esto, si os parece bien.

    Respecto a los términos «populismo» y «demagogia», agradezco mucho la información y atención a la etimología que ofreces, E.Roberto. Estoy de acuerdo contigo en que son términos sobremanoseados, que han ido perdiendo sentido de tanto usarlos unos y otros para fines opuestos. Yo los incluí ateniéndome a las definiciones del DRAE, queriendo señalar la estrategia de manipulación practicada tanto en política como en ciertos espacios virtuales, pero es cierto que, por la carga ideológica que llevan, diferente según desde qué lugar -ideológico o territorial- sean leídas, habría sido más conveniente elegir otras palabras. Lo tendré en mente para futuros artículos.

    Y, sobre lo que comentas del determinismo en el artículo de Pablo, Arryn, suscribo cada una de tus palabras. Es, de hecho, lo que configura la idea de libertad en varios de los filósofos que aparecen mencionados en el texto. Espero que ello ayude a aminorar el peso de sentirte (o haberte hecho sentir, que no quiero escaqueaerme de mis propias culpas precisamente aquí) interpelado…

    Una vez más, muchas gracias a los dos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*