Gastronomía

Churros contra croissants, el día en que la mantequilla se rindió ante la fritura

churros sunset beach gathering traditional dessert churros photography
Un gran churro con una fina capa de azúcar exhibiéndose con orgullo (Freepik)

Pocas disputas en la gastronomía despiertan más pasiones que el enfrentamiento entre el croissant, ese supuesto emperador amarillento de la bollería francesa, y el churro, esa opípara fusión de masa frita que no necesita de florituras ni títulos nobiliarios para conquistar paladares. Durante siglos, el croissant ha sido el niño mimado de los desayunos europeos, el símbolo de la sofisticación matutina, pero algo ha cambiado. Mientras el croissant languidece en bandejas de brunch insípidos y buffets de hotel donde lo sirven chicloso y maridado con mermeladas aburridas, el churro ha dado un golpe en el plato para lanzarse a la conquista gastronómica del mundo con el descaro de quien sabe que es infinitamente más placentero.

El croissant tiene la osadía de presentarse como la cumbre de la repostería francesa, pero su historia ya deja ver las costuras de su falsa realeza. No nació en París, sino en Austria, y ni siquiera como un bollo hojaldrado. Su antepasado, el kipferl, era un modesto panecillo que los panaderos vieneses crearon en honor a la victoria sobre los otomanos. Después llegó Francia, le añadieron cantidades obscenas de mantequilla como en Un tranvía llamado deseo, y voilà, la gran mentira estaba lista: un bollo hueco, lleno de aire, con la arrogancia de llamarse imprescindible.

El churro, en cambio, nació sin pretensiones, pero con una misión clara: ser delicioso sin rodeos. Su origen se remonta a los pastores españoles, quienes, en su infinita sabiduría, supieron que no hay nada que el aceite hirviendo no pueda mejorar. No necesitaban capas ni fermentaciones eternas, solo una masa sencilla, un poco de sal y mucho arte con la paleta. Con esa fórmula infalible, crearon algo que podía mojarse en chocolate, espolvorearse con azúcar o comerse sin más. Efectivo, honesto y brutalmente adictivo.

El croissant se jacta de su laminado perfecto, de su crujiente exterior y su etérea suavidad interior. Muy bien. También un suflé es aireado y ligero, y nadie lo pide para desayunar. Lo que el croissant no dice es que su disfrute depende de una precisión casi quirúrgica: si no está recién hecho, sufre una metamorfosis triste y se convierte en un mazacote rancio. La mantequilla, su gran aliada, se torna traicionera y, en lugar de deshacerse en la boca, se pega al paladar como un recordatorio de que nada en este bollo es tan perfecto como prometía.

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9 comentarios

  1. Los churros han de ser de churrería o bien tomar la especialidad barcelonesa de churros de la semana pasada recalentados en microondas.
    Esta técnica, desarrollada y depurada en bares para turistas, ha alcanzado su zénit con las croquetas fritas la víspera y recalentadas en en el microondas. Intentad comer solo una. No podréis porque pierde la cohesión y se os caerá antes de alcanzar la boca (afortunadamente).
    Pero si tenéis la oportunidad de probar churros de churrería, recién hechos, de esos que te queman los dedos… Esos son inolvidables!!

  2. Y Don Hipólito, erre que erre. En unos minutos descubrirá usted que con la repostería le pasa lo mismo que con la física cuántica, qué no tiene ni p….. idea ¡¡¡¡¡. Es que aún no ha descubierto que el croisan y el churro juegan en la misma liga, que si la ciencia no sabe los que es un electron mucho menos va a saber cocinar una porra. Eso le pasa por escribir tanto, que los pseudoprogres, calladitos estamos más guapos. Pero esta vez yo no lo defenderé, yo me voy a la porra, que me gusta más¡¡¡ Saludos cordiales.

  3. Cualquier día de estos Hipólito nos saca una comparativa entre la velocidad y el tocino.

  4. En la Provenza, churro see dice «chichi chaud». Una mina para los chistes basados en doblesentidos.

  5. Scatergories

    Siempre me pareció de mal gusto y falto de empaque ensalzar algo en detrimento de otra cosa. El churro es colosal y el croissant una delicia. Para los franceses el croissant es símbolo de la viennoisserie (bollería sencilla y sin pretensiones en la mayoria de los casos, para desayunar), la repostería (patisserie) es otra cosa… mejor no entrar porque los españoles jugamos en otra Liga (cuarta regional). Un churro frito en buen aceite y tomado a su debido tiempo es un placer. Un buen croissant hecho con mantequilla de calidad y su hojaldre bien crujiente y laminado es otro placer. Quien no sepa disfrutar de ambos, no sabe de qué va la vida.

  6. Vaya gilipollez de artículo. Un cruasán que no esté recién hecho puede ser una delicia, pero un churro hecho un par de horas antes es incomible. Así que si los comparamos, que sea en igualdad de condiciones. Por cierto, siendo de calidad los dos son productos exquisitos.

    • Estos artículos son incomprensibles, es como que el autor estuviera troleando a los lectores. Un buen croissant de tres días lo pones un rato en un horno y queda perfecto.

  7. Objetoopastel

    El churro es de origen puramente español, mientras que el croissant lo «robaron» los franceses de Austria, que es donde se originó por primera vez durante el asedio a Viena por el ejército turco en el Siglo XVII. Ni eso, que de tanto presumen, es suyo propio. Y ya hay que ser cutres para darse palmaditas en el pecho por el cruasán.

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