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Irremediablemente loca, niña vieja, maestra espiritual: todas las Leonoras que fue Leonora Carrington

Leonora Carrington
Una visitante de la Tate Modern de Londres observa Autorretrato, 1937-38, de Leonora Carrington, en 2022. Fotografía: Yui Mok / Getty.

Este artículo es un adelanto de nuestra revista trimestral nº 51 especial Fuego, ya disponible aquí.

Esta es la historia de un viaje que nunca acaba, ni siquiera con la muerte.

Un viaje de lo irreal a lo real, de lo onírico a la vigilia, del delirio a la cordura.

La vida de la artista y escritora Leonora Carrington fue, como escribió ella misma en su autobiografía Memorias de abajo, «un viaje más allá de esa frontera».

¿A cuál frontera se refería Leonora?

¿A la de su propia mente, que buscaba sin cesar un sitio en donde no hubiera dolor?

¿O tal vez a la frontera impuesta por los otros, los que la amarraron, inyectaron y recluyeron en una institución psiquiátrica, tras declararla «irremediablemente loca»?

A pesar de todo lo que se ha escrito sobre Leonora Carrington, no será fácil seguirle el ritmo. 

Apabulla la intensidad de su vida. Arrastra a quienes se asoman a su intimidad, a lo más profundo de su psiquis rota y de sus sueños repletos de criaturas sin nombre. Y luego les permite emerger, tomar aire, descubrir que no es más que una mujer, una madre, una artista, una esposa, una amante, su propio sistema solar.

Pero vayamos de a poco.

Mary Leonora Carrington nació el 6 de abril de 1917 en un pueblo de Chorley en Lancashire, Inglaterra. 

Su padre, Harold Wilde Carrington, era un respetable y exitoso hombre de negocios, ajeno al arte y crítico de las fantasías por las que navegaba Leonora. 

Lo único que deseaba el hombre para esta hija indómita era lo mismo que se esperaba de cualquier señorita de bien: que fuera presentada en la corte real de Jorge V, que encontrara marido, que tuviera hijos, que viviera una vida cómoda entre los suyos.

No tendría que haber habido quejas. Leonora cumplió con todos aquellos mandatos.

A su modo. 

*

Hubo muchas Leonoras, en Leonora. 

La niña alocada, la joven rebelde, la enamorada quebrada y encerrada, la artista plena. 

Empecemos por la última, la que se plantó bien plantada sobre la tierra elegida, México, y abrazó su arte, unió los trozos de mente perdida y regresó al camino con toda la fuerza de un alma inquebrantable.

La cultura mexicana y Leonora hicieron simbiosis. La primera le dio a la segunda un marco en donde desplegar todo ese mundo sobrenatural que la acompañaba desde siempre, todas las religiones, todas las mitologías, todo lo metafísico. Además, le ofreció letra: rituales en torno a la muerte, dioses, pueblos indígenas y prehispánicos, el Popol Vuh, seres míticos; lo maravilloso y lo mágico que Leonora venía desplegando en su obra surrealista, se hicieron parte de ella. 

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Un comentario

  1. QUÉ MARAVILLOSO TEXTO. UNA DELICIA LEERLO.

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