
En su último artículo en El País, Manuel Vicent escribe que cuando muera, volverá a encontrar su bicicleta. En el paraíso lo estará esperando aquella Orbea de color gris antracita que de niño lo llevaba al mar en verano y, todos los viernes1, a la estación de tren para recoger el paquete lleno de tebeos que un ferroviario le arrojaba por la ventanilla del vagón correo. Unas líneas más abajo, se refiere a lo que aprendió en la catequesis y hace mención de sus primeras pulsiones sexuales.
Con la excusa de la bicicleta, en poco más de trescientas cincuenta palabras, Vicent resume los principales temas de su obra (muerte, sexo, mar, religión, literatura y placer) y, en un acto de consideración con el lector, termina ofreciendo un mensaje positivo para que nos quedemos con buen sabor de boca; ya está él para calentarse la cabeza y torturarse sobre la parte fea de la vida. En su texto —una vez más— con claridad, sencillez y las palabras justas el autor nos permite asomarnos a un mundo personal complicado y rico. El artículo es perfecto, no dejen de leerlo. Solo una objeción: Manuel Vicent no se va a morir. Independientemente del «hecho biológico» (como se nombraba en los años setenta la muerte de Franco sin nombrarla), Manuel Vicent seguirá presente. A lo largo de más de setenta años, en libros y artículos, nos ha contado nuestra vida a través de la suya y nos ha enseñado a disfrutarla, aunque él no lo hiciera tanto como le hubiera gustado. A Vicent se le seguirá leyendo durante las próximas generaciones y se convertirá en un clásico llegando a alcanzar la gloria literaria que hace años renunció a conseguir.
Isaac Bashevis Singer, en su discurso de agradecimiento por el premio Nobel de literatura de 1978, dijo que: “Debe haber una manera para que el hombre alcance todos los placeres y conocimientos que la naturaleza puede otorgarle, y aun así servir a Dios, un Dios que habla con hechos, no con palabras.” El escritor judío contaba entonces con setenta y seis años. Vicent, a pesar de declararse ateo, continua a sus ochenta y nueve buscando esa forma de hacer compatible a Dios con el placer.
Nudos
Manuel Vicent utiliza muy a menudo en sus escritos la idea de desatar un nudo. En la primera parte de sus memorias escribió: “la vida de los hombres no es sino un nudo de aromas que se va deshaciendo ante la muerte”. En 2022, en entrevista con Jot Down, lo explicó con más claridad y amplitud:
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Qué barbaridad de educación para esa generación, qué penoso y qué poca, si no ninguna, enmienda. Dan ganas de llorar o salir a matar como diría Caetano Veloso. Qué triste; y como la suya, montones de vidas mutiladas. Alucino con que aún se publiquen esos libros referidos; por otra parte, no me alcanza la imaginación para pensar qué tipo de personas los compra y o lee hoy en día.
Gracias por el artículo. Yo sólo le he leído el último, Una historia particular, y desde luego ni de lejos me reveló el drama de este hombre.