Libros

El mus francés de Abelardo Linares

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Foto: Ángel L. Fernández

¡Me da tanta pereza hacer esto! Pero veo tan malas intenciones que he de aceptar el órdago pesadísimo en que está inmerso un ilustre —e incluso “canónico”, según quién, yo diría “aburrido”— editor como Abelardo Linares a cuenta de la edición de Diarios de la Segunda Guerra Mundial, de Manuel Chaves Nogales, realizada mediante el trabajo de Yolanda Morató en El Paseo editorial. Nos tememos que Linares va a seguir sobando el tema mucho tiempo. Hemos perdido ya la cuenta de los artículos que inexplicablemente le siguen publicando diciendo exactamente lo mismo y de forma cada vez más tediosa. En un comportamiento muy parecido al de Gollum y su anillo, ha emprendido una carrera ciega y desenfrenada por desacreditar el trabajo de Morató y el de nuestra editorial mediante naderías. Mancha que algo queda. Es evidente que su objetivo no es otro que distraer, enfangar y ganar tiempo.

Comenta supuestos disparates: que si portada, traducciones, despistes o erratas, yo qué sé, no hemos dado una. (Por cierto, que algo se ha podido escapar, y pedimos disculpas por ello —en este terreno nadie es perfecto, y Renacimiento, la editorial de Linares, tiene su solera en ello—), Pero todo, finalmente, se resume en un soberbio ataque de cuernos porque un trabajo que Linares creía en sus manos, sin los más elementales fundamentos para ello (¿contrato? ¿emolumentos? ¿reconocimiento? ¿plazos?), se le ha escurrido entre sus torpes dedos por dos razones: sus indiscreciones —gran pecado de editores— y su constante, muy lucrativo y ventajoso gusto por “el amor al arte” de los demás. Debe aprender Linares que esta última práctica también es, de por sí, poco fiable.

Me cuesta pensar que si Renacimiento hubiera publicado este trabajo no lo hubiera hecho, grosso modo, de idéntica forma. Pero, claro, la cosa sería muy otra y Morató habría estado acertadísima. Eso sí, quizás con el reconocimiento cicatero de ver su nombre pisado en portada por un prólogo, cómo no, “canónico”, tras años de dejarse las pestañas y su talento investigador y filológico en su simple “colaboración”, es decir, la elaboración del volumen al completo. Estaríamos, además, ante el primer tanto que, en puridad, se apuntaría Linares en este psicodrama de la recuperación editorial de la obra de Chaves Nogales, pues su “autoridad” en la materia, hasta ahora, sigue siendo en su condición de librero más que en la de editor. Una vez más, esta ansiada hazaña “chavesca” se le ha escapado, y como esto duele, allá que vamos a desperdigar mierda sobre el trabajo ajeno, sin importar personas ni empeños, y sin ahorrarse ominosas prácticas fuera del foco público, con confidencias verdaderamente malintencionadas sobre sus tan queridos amigos y comensales, con tan sonoras como vacías amenazas judiciales que, por cierto, ya se han evaporado, o su silenciada aspiración a una ayuda pública a cuenta de este mismo libro.

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2 comentarios

  1. Abelardo Linares Crespo

    Confío en que nadie que tenga alguna simpatía por la editorial Renacimiento se emboce en el anonimato para hacer cualquier clase de crítica a este “monumento” ¿literario? de David González Romero, No se lo merece. Abelardo Linares

    • Nada es verdad ni mentira todo va según el color de la subvención que se pida. De este modo se redunda una y otra vez en los mismos temas y autores en detrimento de valores emergentes porque es más importante el renacimiento que el nacer nuevo. Adiós vanguardia, adiós.

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