
Este relato ha sido el ganador del concurso de divulgación Ciencia Jot Down con la temática «Elementos críticos: del wolframio a las tierras raras» en la modalidad de ensayo.
La quinta temporada de la serie Sexo en Nueva York arranca con Carrie Bradshaw que se apresura en buscar refugio ante una lluvia inesperada. Llega al Café Edison, en la calle 47 con Broadway, que está muy concurrido. Le pide al encargado acomodarse en una mesa, pero al ir sin acompañante le dice con tosquedad que ni hablar.
—¡A la barra, señorita!
Encuentra un taburete libre junto a una señora que disfruta de dos generosas bolas de helado de chocolate.
—El encargado es un idiota —le dice la señora—. Yo lo aguanto porque vengo continuamente. Soy del barrio y me conocen.
Al acabar la frase, saca del bolso un frasquito con un polvo blanco. Carrie la observa de reojo.
—Litio. Me gusta espolvorearlo sobre el helado. ¿Qué modulador del ánimo usas tú?
—Pues… la verdad es que no uso ninguno.
—Yo tampoco usaba ninguno hasta que rompí con aquel tipo. Fue en el 82. Se llamaba Marty.
Carrie se quedó mirando aquellas bolas de chocolate mientras se imaginaba a sí misma, en unos años, contando una historia parecida.
De haber terminado con el tal Marty varias décadas antes, la entrañable señora no hubiese necesitado dopar su helado. Le habrían bastado un par de rondas de un refresco cuya etiqueta afirmaba contener, además de sabor a limón, citrato de litio. Su nombre inicial, 7up Lithiated Lemon Soda, se simplificó en 1937 a 7up. No hay motivo para alarmarse. El 7up no incluye litio en su composición desde 1950.
Si el origen del «up» puede sugerir la acción estimulante del estado de ánimo, el sentido del «7» es más especulativo. ¿Haría referencia a sus siete ingredientes, a que su envase contenía siete onzas o a la masa atómica del litio que, redondeando, también es 7?
En cualquier caso, ni el mejor estudio de mercado pudo elegir un momento más idóneo para su lanzamiento: dos semanas antes de la Gran Depresión de 1929.
Hubo otro intento de incluir litio en la dieta. En la primavera de 1948, la firma estadounidense Foster, Milburn & Co. afirmaba haber encontrado un producto inocuo, el cloruro de litio, como sustitutivo de la sal de mesa para personas con cardiopatías o hipertensión. Tras unos meses, quienes consumían esta sal comenzaron a experimentar síntomas que iban desde náuseas y pérdida de apetito hasta temblores y visión borrosa. Pero en febrero de 1949 la cosa se volvió más preocupante. Un paciente de Michigan se encontraba en estado crítico, mientras en Cleveland dos habían muerto y otros cinco estaban graves. Todos los casos se relacionaron con el consumo de sal de litio.
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Una oleada dulce de conocimiento bien narrado. Excelente, JD. Felicitaciones. Todo lo mejor para su autor.
¡Muchas gracias! Celebro que haya disfrutado su lectura.
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