Música

Le Parolier: «Summertime», de Sharon Robinson y Leonard Cohen

Diana Ross en la portada del discos Red Hot Rhythm and Blues, que incluye Summertime. Imagen EMI.
Diana Ross en la portada del discos Red Hot Rhythm and Blues, que incluye Summertime. Imagen: EMI.

En el hall del hotel hay un piano y Sharon Robinson no se resiste a sentarse y tocar una canción que acaba de componer. Cantante, pianista y bailarina negra, está en Tel Aviv de gira con Leonard Cohen y, aunque anteriormente ya habían escrito algo juntos, Robinson se sintió sorprendida y algo cohibida por el interés del canadiense hacia la música que estaba tocando. Allí mismo, Cohen escribió una letra y, de regreso a Los Ángeles, completaron la canción. «Me tomó muy en serio como compositora, como alguien que estaba en su liga, que era digno de sus letras», decía ella. «Me siento muy honrada».

Poseedora de un deslumbrante diploma universitario de piano clásico, Robinson debutó en 1977 con un primer disco bajo el nombre Terea y se ganaba la vida como corista y bailarina en el show de Ann Margret cuando en 1979 se entrevistó con Cohen, que buscaba una cantante de acompañamiento para su gira Field Commander Cohen. Canciones tan admiradas como «Everybody Knows» surgieron de la relación entre ambos convertida en amistad y prolongada a lo largo de los años y los discos. De hecho, Robinson aparece junto a Cohen en la portada de Ten New Songs de 2001 como coautora, vocalista, teclista, arreglista y programadora del primer álbum digital del canadiense.

Pero lo más atípico de la colaboración entre ambos es la canción que surgió en aquel hotel de Tel Aviv, «Summertime», que estrenó alguien tan aparentemente alejado de Cohen como es Diana Ross. Una melodía delicada y preciosa, perfecta para su voz, que la diva de Detroit grabó¹ con arreglos orquestales envolventes y llenos de delicadeza. La canción consta de dos temas musicales y trata del desamor y la búsqueda de una ayuda para superar la tristeza.

«Summertime, when will you come?», comienza cantando a pelo Ross. «¿Cuándo llegarás?», le pregunta a su interlocutor. A continuación, repasaremos con ella una especie de álbum de fotos de cosas buenas y agradables que nos aporta el buen tiempo, una metáfora extendida cargada de una serenidad a juego con la melodía. Con la frase «Quiero ponerme mi ropa ligera» simboliza su deseo o su necesidad de cambiar las cosas profundas que le han estado atormentando y haciéndole perder la alegría de vivir. En paralelo, continúa dándonos más información y situándonos en el calendario: «Quiero dejar atrás mi vida invernal», canta retomando la vieja metáfora del invierno como tiempo de tristeza, frío con prendas de abrigo pesadas y asfixiantes frente a esa indumentaria ligera que añoraba en el verso anterior. Y ya sabemos por qué empezó la canción hablándole a alguien o algo llamado «Summertime» que, en efecto, es la estación veraniega. «Summertime, I need a sunny day», vuelve a pedirle por medio de la tradicional metáfora que expresa bienestar, felicidad y superación de la tristeza. El sol es vida, calor y luz para alguien que, tal como nos está contando, ha estado agobiada por un triste invierno que no tiene que ser solo meteorológico, sino también anímico y espiritual.

Más símbolos en una segunda estrofa dedicada a la percepción sensorial. «I want those peaches on the table, I want the watermelon red»: melocotones y sandías, imagen de abundancia y felicidad. Frutas del buen tiempo que connotan agrado, placer y nos trasladan a esa naturaleza de la que proceden que nos nutre y deleita… Y nos aseguran, al mismo tiempo, una alimentación saludable y reconstituyente para un espíritu atormentado. Cohen habla de colores vivos y alegres —como el rojo de la sandía— para clausurar los meses de dolor en que estaba sumida la cantante. Rojo es también el color de la sangre, otro símbolo de vitalidad. Y el color del fuego, energía primigenia y bienhechora. Curioso que, en lugar del gusto, como sería lógico si hablamos de frutas, Cohen se refiera solo al sentido de la vista.

Más peticiones para ese ente imaginario y deseado que es para ella el verano y más símbolos de vida: «Y que el cálido sol a través de la ventana me ayude a levantarme de la cama». La referencia a la intimidad de la cama aporta un rasgo oscuro a una canción por lo demás cargada de serenidad. La cama puede significar protección y descanso, pero también es un símbolo de muerte, aquí una muerte en vida buscada a propósito. La protagonista está pidiendo despertar, recibir una nueva vida lejos de la oscuridad, el frío y la tristeza del invierno. Ahora Cohen ha añadido otro de los sentidos corporales, el tacto, la piel y sus terminaciones nerviosas que reaccionan ante ese calor y recuperan su vitalidad.

Hasta ahora estábamos en el interior, en un nido o una guarida protectora, pero Cohen y Ross nos van a llevar al exterior. «I want the sand out there to lie on, and the sea out there to swim»: más deseos que la protagonista pide al verano y otra retahíla de símbolos. La narración se está construyendo con la acumulación de pequeños elementos: la ropa de verano, las frutas, el sol y ahora la arena donde tumbarse y el mar donde nadar. La pasividad y el relax en la playa se complementa con el esfuerzo de la natación en aguas abiertas. Cohen, a través de la voz de Ross y la música de Robinson, completa la información de lo que necesita y pide esta mujer a la que escuchamos cantar para recomponer su vida. Nos habla al mismo tiempo de sentirse bien y de huir de la realidad por medio de una costumbre burguesa: las vacaciones playeras. La estrofa se cierra con dos bonitos versos de difícil traducción: «So my heart can take a holiday from breakin’ over him», que más o menos se podría verter al castellano como «Que mi corazón pueda tomarse vacaciones después de romperse por él». Descubrimos que el final del amor, tema habitual de tantas canciones y poemas, es la clave de todo el monólogo y de la selección de cosas deseables y pequeños placeres sanadores que hemos visto pasar por la mente de la cantante.

Después de la repetición del estribillo seguimos con los deseos y ansias que necesita la protagonista para superar las penas de amor. Seguimos con placeres sensoriales aunque ya no será la naturaleza la que se los procure, sino las máquinas que le permitirán huir y librarse del dolor por medio de un recorrido automovilístico interminable («And I want to drive forever») porque no hay final para la tristeza que le motiva. Ella misma está al volante porque ha tomado el control y es la que dirige el coche y su vida. «Wanna roll the windows down, get the breeze back on my body», «Voy a bajar las ventanillas para sentir de nueva la brisa en mi cuerpo», continúa: el pequeño artilugio que sube y baja los cristales le permitirá reencontrarse con su persona y con su cuerpo, como literalmente dice. Cohen nos habla de conseguir la libertad por la mecánica, una imagen más cinematográfica que literaria. Como antes la arena y el mar, ahora será la brisa —fresca y en movimiento, acariciando su cuerpo— la que le permita liberarse en un baño de sensualidad: la naturaleza reaparece como agente de salvación y acompañante eterna y generosa de la persona que sufre.

La narración progresa por medio del contraste entre la ligereza de la brisa, la fuerza mecánica del coche y la conciencia de su cuerpo físico porque al final lo que quiere es justamente volver a poner los pies en tierra. «Get my feet back on the ground» nos canta para terminar. Antes hablaba de su cuerpo, ahora se fija en sus pies, soporte de toda la persona; para superar el dolor de la ruptura amorosa necesita estabilidad, firmeza, realidad, es decir, anclar los pies en el suelo. De la levedad del aire hemos pasado a la solidez de la tierra que significa para ella el renacimiento, la revitalización de su sensibilidad física una vez recuperada la valentía y superado el desamor.

(1) Red Hot Rhythm & Blues (RCA/EMI, 1987). 

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