El gran robo del siglo Editorial

Óscar López y las nuevas rotondas digitales para sacarnos los cuartos

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La Bienvenida, 2001. Juan Ripollés Pastoor Spieringsstraat / Violierstraat (DP)

Recuerdo que allá por el año 2000 Castellón de la Plana, la ciudad de mi familia política, empezó a llenarse de rotondas que, en muchas ocasiones, contenían en su centro algún adefesio relacionado con la paella de Ripollés, un famoso artista local que a mí siempre me ha recordado al Carlos Jesús de Ganímedes. La rotonda como concepto siempre me ha parecido una buena idea, pero cuando proliferaron no entendía que en su interior siempre hubiera que colocar algo, desde una barca abandonada a un olivo centenario trasplantado. Pronto todos supimos lo que había detrás: comisiones a tutiplén.

De un tiempo a esta parte la inteligencia artificial está ocupando el lugar de aquellas esculturas, con la diferencia de que los ceros son más y de que el plan ha cambiado de nombre. El plan E ahora se llama Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, un nombre mucho más largo para tangarnos mucho más dinero. Ahora, además, los resultados no son algo físico que los ciudadanos podamos criticar, el sistema se ha perfeccionado y la pasta se va a «modelos» que nadie ve, nubes que nadie pisa, algoritmos que nadie entiende y empresas cuyos productos se presentan como soberanía tecnológica que tienen el mismo desarrollo patrio que los famosos smartphones Zetta, que iban a competir con los iPhones.

Ahora los móviles extremeños han transmutado en «modelos de inteligencia artificial» y en lugar de ser un producto chino fabricado por Xiaomi son un producto chino desarrollado por Z.ai. Acompáñenme, querido lector, para conocer la triste y dilapidante historia de Multiverse Computing, una empresa creada en marzo de 2019, impulsada entre otros por el físico Román Orús y Enrique Lizaso, con apoyo del Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y BIC Gipuzkoa. La compañía comenzó aplicando tecnologías cuánticas al sector financiero y en 2021 obtuvo 12,5 millones de euros de financiación del Consejo Europeo de Innovación. Hasta 2025, los fondos públicos vascos EZTEN y SEED Gipuzkoa habían acumulado 5,8 millones de inversión en la compañía.

Después llegó CompactifAI, una tecnología basada en redes tensoriales inspiradas en métodos de la física cuántica que permite reducir sustancialmente el tamaño de grandes modelos de lenguaje ya existentes. Multiverse dedicó buena parte de 2024 a desarrollarla y comenzó a desplegarla comercialmente. Es una tecnología real, sofisticada y probablemente útil, y quiero remarcarlo porque este artículo no discute eso. Lo que este artículo trata es qué estamos financiando cuando el Gobierno habla de «soberanía tecnológica europea».

El 20 de septiembre de 2024 pasó por las oficinas de Multiverse el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. En marzo de 2025, durante el Mobile World Congress, Óscar López anunció una inversión pública de 67 millones de euros a través de la SETT, la llamada «SEPI digital». La operación terminó materializándose en junio en 59,2 millones. Ese mismo mes, Multiverse cerró una ronda de 189 millones de euros encabezada por Bullhound Capital en la que participaron inversores privados y también organismos públicos, entre ellos la propia SETT y Capital Riesgo de Euskadi. Para entonces Pedro Sánchez ya había utilizado Multiverse como ejemplo del efecto virtuoso de los fondos europeos. En marzo de 2025 habló de 18,5 millones procedentes del Plan de Recuperación y de una coinversión anunciada de 67 millones. El mensaje era inequívoco: aquí estaba la prueba de que España podía entrar en la carrera de la inteligencia artificial no como simple consumidora, sino como protagonista.

Y siguió entrando dinero. En 2025, Multiverse obtuvo 4.357.936 euros del PERTE Chip para desarrollar herramientas de computación destinadas a la optimización de la microelectrónica. En diciembre, el Ministerio de Industria de Jordi Hereu le adjudicó provisionalmente otros 12,7 millones para un proyecto de diseño de chips orientados a infraestructuras críticas; la concesión definitiva, firmada en abril de 2026, fue de 12.776.838 euros.

Óscar López visitó la sede de la compañía en septiembre de 2025 y aseguró que empresas como Multiverse estaban «liderando un verdadero cambio de era tecnológico». En junio de 2026, el Consejo de Ministros autorizó a la SETT una segunda operación por un importe máximo de hasta 107 millones de euros, a cambio de hasta un 16,06 % del capital no diluido de la compañía. Solo las dos operaciones de capital de la SETT y las dos subvenciones del PERTE Chip citadas anteriormente suman hasta 183,3 millones de euros de dinero público, sin contar otras ayudas, programas y participaciones públicas recibidas por la compañía desde su creación.

Todo ello sucede en una empresa en fuerte expansión y que todavía está lejos de la rentabilidad. Según las cuentas de 2025 depositadas en el Registro Mercantil, Multiverse facturó 11,1 millones de euros y perdió casi 24 millones. Dicho de otra manera: aquel año registró algo más de dos euros de pérdidas por cada euro facturado. También es verdad que multiplicó por cuatro sus ingresos respecto al ejercicio anterior y terminó el año con un fondo de maniobra positivo de 43,3 millones. Que una empresa tecnológica en crecimiento pierda dinero no tiene nada de extraordinario; que el Estado comprometa semejantes cantidades en ella sí permite preguntar con particular interés qué está comprando.

La respuesta se volvió especialmente interesante el pasado 2 de septiembre. Ese día Multiverse presentó Quasar 438B como «el modelo de IA más inteligente de Europa» según Artificial Analysis. El anuncio detallaba su velocidad, su rendimiento y sus resultados en benchmarks, pero no mencionaba GLM-5.2, Z.ai ni el modelo del que procedía. La explicación apareció al día siguiente en una publicación técnica de la propia empresa: Quasar 438B era un modelo comprimido construido a partir de GLM-5.2, el modelo de pesos abiertos desarrollado por la china Z.ai. No estamos, por tanto, ante un modelo fundacional europeo entrenado desde cero, sino ante una transformación mediante CompactifAI de un modelo fundacional chino ya existente. Y eso no es una diferencia semántica, es de nuevo el móvil extremeño de Xiaomi. Dos semanas después llegó Quasar 1.1 y, con él, la palabra que nunca falla: «cuántico». La empresa anunció que parte de los datos sintéticos utilizados durante el proceso de reajuste del modelo habían sido generados mediante un sistema híbrido cuyos circuitos se ejecutaron en el IBM Quantum System Two, equipado con un procesador Heron de 156 cúbits. Es decir, hubo efectivamente computación cuántica en el proceso.

Pero hay una pequeña maravilla escondida en la documentación técnica publicada por la propia Multiverse al día siguiente. La empresa explica que la parte cuántica fue un experimento y que las mejoras de Quasar 1.1 proceden del uso de un conjunto de datos de reajuste más amplio, de modificaciones en la verbosidad y del tratamiento de los rechazos del modelo. No del componente cuántico. La palabra «cuántica» no es falsa, es marketing y justificación de subvenciones. El propio Enrique Lizaso resumió esta semana la estrategia de la empresa con bastante más claridad, según recogió Gananzia de su intervención en el foro Gipuzkoa al Día de Diario Vasco: «nosotros proveemos modelos chinos comprimidos y sanitizados, adecuados a la sensibilidad y regulación europeas». Esa frase resulta mucho más interesante ya que explica exactamente qué parte del negocio ocupa hoy Multiverse: coger algunos de los mejores modelos abiertos disponibles —muchos de ellos chinos—, reducirlos, modificarlos y adaptarlos para que puedan utilizarse de manera más eficiente y con criterios europeos.

Puede ser un excelente negocio. También puede ser una tecnología estratégica para Europa. El continente difícilmente puede competir a corto plazo con los miles de millones que Estados Unidos y China dedican a entrenar modelos fundacionales y tiene sentido que busque otras capas de la cadena de valor. Pero, si eso es lo que estamos haciendo, convendría llamarlo por su nombre. Hasta hoy, 19 de septiembre de 2026, no he encontrado una explicación pública de la SETT o del Ministerio para la Transformación Digital que responda específicamente a la controversia sobre el origen de Quasar en GLM-5.2. En su página sobre Multiverse, la SETT continúa destacando las inversiones realizadas en la compañía y su aportación a la «soberanía estratégica» española y europea.

Y aquí volvemos a la rotonda. Multiverse puede tener una tecnología estupenda, puede ganar mucho dinero con ella y hasta puede resultar útil que alguien en Europa se dedique a adelgazar los mastodontes que entrenan chinos y estadounidenses —aunque en Hugging Face haya muchos más y mejores—. Lo que cuesta más entender es que para eso haya que envolverlo en «soberanía tecnológica», «cambio de era» y computación «cuántica» mientras el contribuyente pone hasta 183 millones sobre la mesa. Antes nos plantaban una paella de Ripollés en mitad de una glorieta y, por lo menos, sabíamos lo que habíamos comprado. Ahora cogemos un modelo chino, lo comprimimos, le ponemos un nombre de estrella, una banderita europea y 156 cúbits de atrezzo y lo inauguramos como si hubiéramos inventado la inteligencia artificial. Los Zetta necesitaban una pegatina para ocultar que debajo había un Xiaomi; veinte años después hemos sofisticado muchísimo el procedimiento: ahora la pegatina se llama «soberanía digital» y, como siempre, la pagamos entre todos.

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Un comentario

  1. MacNaughton

    Lo pagamos entre todos, incluidos los europeos residentes en España, que no figura ni un no español en la larga lista que acompaña este insulso articulo sobre un gobierno corrupto que debia haberse ido ya, apoyado por un izquierda gilipollas que no vale para nada…

    España para los españoles, diganlo alto y claro, ponganlo en Barajas, para que por lo menos la siguiente generacion no caiga en el error de creer en esto de Europa…

    Borbonicos / Franquistas / Españolistas a no poder mas es lo que sois todos, teneis exactamente la mierda de gobierno que mereceis…

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