Cine y TV

Carta de amor a El tercer hombre

Tercer hombre1

El cine es un arte poderoso. Es la culminación de una de las más viejas —y necesarias— actividades humanas: la de contar historias. La narración oral y la pintura cumplieron ese papel durante probablemente decenas de miles de años; el teatro y la literatura se sumaron, que sepamos, hace unos pocos milenios. Pero al cine le han bastado unas décadas para refinar al máximo ese arte de contar historias, llevándolo no diré que a la perfección —porque las obras perfectas, quizá por fortuna, no existen—pero sí hasta la más elaborada y compleja de sus formas. El cine es el arte que reúne todas las demás artes en una única sustancia y esto es algo con lo que esas otras formas de expresión, por sí solas, no pueden competir. Porque en la cinematografía hay literatura, danza, teatro, música, incluso pintura y escultura.

Sin embargo, el cine ha evolucionado a tal velocidad que a menudo sus formas quedan descolgadas de los gustos del gran público. Las viejas películas no son tan viejas —al menos si las comparamos con los viejos libros o los viejos cuadros— pero pierden vigencia rápidamente. No vigencia artística, pero sí vigencia cultural. Muchos, yo incluido, crecimos en un mundo donde las latas que contenían las películas en blanco y negro ya empezaban a ser apiladas en los desvanes, porque el público estaba perdiendo el interés. Eran los tiempos en que se cometía aquella barbaridad de colorear algunas cintas antiguas con el propósito de, al parecer, hacerlas más “atractivas” para el gran público, sobre todo de cara a recuperarlas para televisión. Quizá algunos recuerden el empeño de Ted Turner de convertir las viejas películas al color, una fiebre pasajera que tuvo que abandonar cuando cometió la tropelía de anunciar su intención de colorear Citizen Kane. Cosa que, por fortuna, no pudo hacer. Dicen incluso que Orson Welles dijo casi en su lecho de muerte: “no dejéis que Ted Turner arruine mi película con sus rotuladores”. Fue por entonces cuando ver cine en blanco y negro comenzaba a ser “cosa de cinéfilos”. Con los años, naturalmente, la cosa ha ido a peor. Puede parecer una historia rocambolesca en nuestros días, cuando el blanco y negro ha recuperado, si no el favor del gran público —eso sería decir demasiado— al menos sí el respeto de la industria. Incluso se estrena con éxito un film como The Artist, que imita al cine mudo que nombres como John Ford o Alfred Hitchcock consideraban el “auténtico cine”.

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24 comentarios

  1. Fue Dostoievski el que dijo que el día del Juicio Final, cuando todos seamos convocados y se nos pregunte para qué sirvió el paso del hombre por la Tierra, alguien podrá mostrar con orgullo un ejemplar de Don Quijote. Estoy de acuerdo con él, por supuesto, pero yo añadiría algunas otras obras entre las que, sin lugar a dudas, estaría «El tercer hombre».

    La imaginación del ser humano es como el agua (qué metáfora tan brillante, por cierto), y esa es la razón por la que no sólo el villano de «Solo ante el peligro» nos deja un poco de aquella manera. Esa fuerza mítica la comprendió Beckett, decidiendo que Godot no apareciera en escena, pero no la comprendió Almodóvar, cuya Lola de «Todo sobre mi madre» estaba varios escalones por encima de un despropósito.

    La teoría la conocemos, sí. Pero luego llega Reed con un gato, una ventana abierta y la sonrisa de Orson Welles y nos deja sin palabras.

  2. Pingback: Carta de amor al tercer hombre

  3. Lo dije por twitter y lo vuelvo a decir aquí: Joseph Cotten se pasa media peli dejándose el pellejo con un papelazo inmortal… para que llegue Orson Welles y, en su primer plano en pantalla, le robe todo el protagonismo en poco menos de dos segundos. Menudo cabrón, el viejo Orson.

    Esa peli me marcó de una manera brutal, también. La banda sonora icónica, ese juego de sombras deudor del impresionismo, esa trama tan bien elaborada; el amor ciego de ella, el desengaño de él, el cinismo del buscavidas… todo casa.

    ¡Excelente reseña!

  4. Ned Beaumont

    Muy buen artículo aunque falta la mención a la polémica que siempre ha rodeado a esta película. Reed nunca más hizo una película de esa hondura y estéticamente está muy alejada a toda su filmografía. Los planos, los encuadres de los mismos, la luces … todo huele al genio americano. No sé si fue Cotten o Korda que explicaron como acabó hasta los mismísimos Reed de Welles por sus constantes «opiniones» de como se debía rodar cada toma.

    • No es verdad. La película es enteramente de Reed, solo hay que echarle un vistazo a sus dos películas anteriores, ‘Larga es la noche’ y ‘El ídolo caído’ para comprobar su estilo y similitudes con ‘El tercer hombre’. Y las posteriores algo tienen también. Otra cosa es que que le influyese ‘Ciudadano Kane’, pues claro. Y en agradecimiento llamó a Orson Welles para esta película, en la que estuvo muy pocos días y se fue. Y a Reed no le importaba las opiniones de Welles en esos pocos días, es más, la única aportación de Orson a la película, el brillante diálogo sobre Suiza y el reloj de cuco, Reed lo acogió entusiasmado. Lo de Orson y esta película es solo un mito. Es verdad que aportó su granito de arena, como Graham Greene con su estupendo guión original que luego fue novela, o la música de Anton Karas, pero es una película enteramente, hasta ese final que no quería Greene, de Carol Reed.

  5. Estupendo artículo. Tan sólo un pero: Anna Schmidt es Alida Valli y no mencionarla es un tanto injusto. Más allá de su calidad como actriz su «presencia» es parte de la magia. Como en Senso….

  6. Excelente artículo.

  7. El Vince Neil de Burjassot

    La mejor pelicula inglesa de todos los tiempos.Y me juego lo que sea a que es mas de Welles que de Reed.A mi me gusta sobre todo el tono de pesadilla que tienen algunas escenas,es inevitable pensar «si yo fuera Cotten me iba rapidito a casa y que se apañen estos aqui».

  8. Es agradable leer, de vez en cuando, a gente que relata el impacto que les causó El tercer hombre: me siento acompañado.
    Hace unos años fue Gregorio Moran, en La Vanguardia.
    En el de hoy encuentro a faltar una referencia al «contenido» del film, a las reflexiones que provoca sobre los conceptos de la lealtad, la amistad, y el amor de una mujer.
    Por mi parte, al finalizar mi última visita a VIena, acudí al cementerio ( zentralfriedhof ) , escondí mi maleta tras la lápida de un amable usuario que llevaba décadas olvidado de sus deudos, y me dí un solitario baño de mitomanía recorriendo la vereda de la fotografía: fantástico.

  9. «Sed de mal» es una gran película, en blanco y negro y de Orson Welles, que comienza con una gran explosión. Y «El tercer hombre» es mi predilecta: no hay dilema moral del mundo moderno que no esté ya ahí, y como si tal cosa. Gracias, pues, por la carta de amor

  10. Sin lugar a dudas, es mi favorita, la puedo ver constantemente.
    En mucho das en el clavo, para mí es la peli que mas me cautiva. Su visión de la amistad, de la humanidad, va mas allá.
    Me has hecho feliz.

  11. Completamente de acuerdo con esta devoción por esta increíble película. Pertinente el comentario sobre mencionar a Anna Schmidt. Pero el alegato del cine por encima de otras artes no me parece correcto. El cine, por su duración, es incapaz de desarrollar a los personajes del modo que lo hace, por ejemplo, la literatura. Considero que cada expresión artística tiene sus puntos fuertes y otros más flojos, y en general -salvo grandes excepciones como esta- en el cine no se pueden desarrollar ciertos temas de «enjundia» como se pueden hacer en la literatura, por ejemplo, del mismo modo que la fotografía (y posteriormente el diseño, el retoque, etc.) no puede expresar cuestiones que son propias de la pintura. Por lo general la empresión cinematográfica utiliza otras artes anteriores como herramientas, y eso puede apoyar una narración, pero está limitado a su propio medio (como los medios de las demás artes, algunas más expansivas y otras más limitadas aun).

    Salud

  12. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | La desnazificación de Alemania

  13. Perfecta dirección, magnífico guión, soberbia fotografía, excelentes interpretaciones de Cotten (sí, antes de Orson), Welles, Valli, Trevord y algunos secundarios. Todo mezclado tiene que producir una película irrepetible.

  14. Para que os hagáis una idea de lo fuera que está el cine clásico del ámbito cultural de la gente, yo programé una noche para ver esta película con varios amigos y amigas, unos 6, no conseguí que le gustara a ninguno. Para la mayoría de la gente una película clásica es Jumanji

  15. te creo, te creo, y si yo no la he visto aunque busque constantemende a Wells pero asi es mi suerte. Lo que me recuerda como ver una pelicula, sin perejuicios.

  16. Andrés Arell-Báez

    Estimado Emilio. Permíteme, por favor, corregirte. No es está una carta de amor a la maravillosa «El Tercer Hombre». Es esto una cátedra magistral de cine. Del cine que es arte, por supuesto, no mero entretenimiento. Que usaste de ejemplo la excepcional película de Reed (o de Welles) es válido. Pero en este artículo se explica a cabalidad cómo un buen entretenimiento se puede convertir en una pieza de arte sublime. Felicitaciones por tan hermoso escrito. Ojalá para mucho este texto los lleve a descubrir el cine en su forma más profunda, tal y como lo hizo ese gran filme contigo.

  17. El tercer hombre es un concepto filosófico, es el hombre que se ha sacudido de encima por inútiles la compasión y la piedad, pero imperfectamente se convierte en el personaje de Orson Welles.

  18. Pingback: ¿Qué mente criminal es todo un ejemplo a seguir?

  19. Cao Wen Toh

    En mi caso «esa» película fue ‘El salario del miedo».

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