Sociedad

Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (y II)

Pablo Ibar en el corredor de la muerte Fotografía de Nacho Carretero 4

(Viene de la primera parte)

“Te tengo”

“Cuando llegué a la cárcel me parecía estar soñando. Nada parecía real. Nunca me habían detenido y no te crees que eso te está pasando a ti”, explica Pablo Ibar. Su vida desde entonces y hasta el día de hoy se ha limitado a rejas y visitas a un patio. Nada más. No ha vuelto a estar un solo minuto libre. Pasó de una adolescencia despreocupada en Miami a la celda, estrecha y sin ventilación, de una prisión. “Mi primera noche en la cárcel puedo decir que estaba en shock, como anestesiado. Tengo un recuerdo horrible”.

Pablo estaba detenido acusado de asaltar el chalé y sobre ello esperaba que le interrogasen. Por eso le extrañó todo lo que sucedería al día siguiente. Por la mañana llegaron dos policías a la celda, el detective Paul Manzella y el detective Craig Scarlett. Llevaron a Pablo a la comisaría, lo sentaron en una mesa y pusieron en funcionamiento una grabadora. Manzella comenzó a preguntarle a Pablo sobre cosas que no tenían nada que ver con la redada del día anterior. En primer lugar le preguntó dónde estaba el 26 de junio. Pablo no lo recordaba, pero tras unos minutos, y después de hacer memoria, explicó que se encontraba en casa de Natasha, una amiga, a donde había ido tras tomar algo en el Casey’s Nickelodeon. En la declaración quedó así registrado, y así lo utilizarían en el juicio, pese a que Manzella se refería a la madrugada, es decir, ya lunes 27 de junio: si hubiera especificado la pregunta Pablo le hubiera respondido: “En casa de Tanya”. Pero el interrogatorio prosiguió alimentado por el malentendido inicial y comenzó el bombardeo de cuestiones acerca de Sucharski y su última noche. Los policías se sintieron sobre la pista pese a que el resto de respuestas no encajaban demasiado. “Supongo que no dije nada más de lo que querían oír, porque esa grabación nunca apareció”, recuerda Pablo. Tras las preguntas, los detectives pidieron permiso a Pablo para extraerle una muestra de sangre, pelo y huellas de los zapatos además de dactilares. Pablo accedió. Solo al final del día pusieron sobre la mesa la imagen captada por la cámara de Sucharski. Pablo la observó y Manzella le miró a los ojos: “Te tengo”, le dijo. La respuesta de Pablo fue de sorpresa: “¿De qué hablas?”. “Te tengo, te tengo en vídeo”, repitió Manzella. Pablo recuerda con agobiante exactitud ese momento. El momento en el que comprendió, por primera vez, que le estaban acusando de un asesinato, que no estaba allí por la redada en la casa. “Revivo la sensación cuando lo recuerdo. Fue como si se me helara la sangre, como si me quedara frío. Entendí todo lo que estaba pasando y me golpeó hasta hacerme marear”. Pablo decidió dejar de hablar desde instante, frustrado por haber colaborado con unos detectives que, en el intento por esclarecer los hechos, le estaban engañando. No volvería a hacerlo si no se le asignaba un abogado.

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11 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (I)

  2. Terrible y angustiosa situación la de Pablo Ibar, no se le puede desear a nadie algo tan duro.

    La justicia en Estados Unidos «no funciona», no es el primer, ni el segundo caso que se sabe que se condena a muerte (o a cadena perpetua, como a Rubin Carter) sin pruebas sólidas y sin verdaderas garantías para el acusado.

    Mi más sincera enhorabuena por su trabajo a Nacho Carretero. Consigues que el lector empatice con el condenado totalmente.

  3. Michael Dudikoff

    Tremendo artículo. Enhorabuena señor Carretero.
    ¡Qué angustia, por dios!

  4. Hacía tiempo que no leía un relato que me enganchara de esta manera. Enhorabuena al autor.

  5. Angel Sancho

    Yo me quedo con esto.

    “Si algún día salgo de aquí, me voy volando. No quiero vivir en un sitio en el que el Estado te puede matar.
    No quiero porque te puede tocar. En realidad yo me parezco al tipo de un vídeo borroso, pero le podía haber pasado a cualquier otro. ¿Por qué no a ti?”.

    Terrible, asco de país que pueden pasar cosas como ésta. Asco de Hollywood que nos lo vende como una suerte de paraíso terrenal.

  6. Excelente artículo.

  7. Excelente segunda parte, gracias.

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  10. Pingback: 'En el corredor de la muerte', la imagen que mata | El Cultural

  11. El ingeniero civil Clifford Mugnier anda de cabeza , cómo puede decir que es mas bajo, cuando Shet Peñalver es de estatura similar a Pablo Ibar y el PERPETRADOR con la referencia de la puerta , habitación derecha se ve CLARAMENTE que lo SUPERA EN MAS DE 5cm al supuesto COMPLICE que se ACUSO y por estatura seria Shet Peñalver, no siendo Pablo Ibar en NINGUN CASO.

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