Sociedad

Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (I)

Pablo Ibar en el corredor de la muerte Fotografía de Nacho Carretero 1
Pablo Ibar en el corredor de la muerte – Fotografía de Nacho Carretero

[La parte de este relato en la que se narra cómo fue el día de los asesinatos y dónde estaban en ese momento los protagonistas del caso, está basada en la versión de los hechos del acusado, Pablo Ibar, de su mujer, Tanya Ibar, de la familia de ambos y de los testigos que aseguran haberlo visto ese día. El resto del texto está redactado a partir de hechos]

No recuerdo lo que siente al estar libre. Cuando en un sueño estoy hablando con mi mujer o estoy con mi familia aparece un oficial detrás de mí diciendo que regrese a la celda. Estoy preso hasta en mis sueños”. Hace 39 grados en Raiford. El sol se desploma sobre el asfalto de la única carretera que atraviesa este condado del norte de Florida. Apenas pasan coches. No se ve una persona a pie, solo praderas de hierba marchita alrededor que no conducen a ninguna parte. El sonido incansable de las cigarras. El sol. El sudor.

La vida solo da señales de sí misma en un pequeño cruce de caminos que en el condado hace de núcleo urbano. Término generoso: una docena de casas viejas se suceden a la orilla del camino hasta terminar en una iglesia evangélica. Son casas prefabricadas, con las puertas abiertas y objetos de todo tipo en la entrada al alcance de cualquiera: el cortacésped, sillas, herramientas, juguetes de niños…. No parece haber temor a un robo. No parece haber temor a que siquiera pase alguien por allí. Es mediodía y no hay rastro de los vecinos. Una camioneta con varios jóvenes sentados en el remolque cruza la carretera. Colgado en su parte de detrás, un cartel: ‘Presos trabajando’. “Nunca hemos tenido ningún problema con los presos. Trabajan en la carretera, estamos acostumbrados. Que yo recuerde, nunca ha habido ningún problema”. Nancy atiende el único supermercado del condado. El aire acondicionado evita el sudor. Venden alimentos, productos de limpieza, de higiene y hasta artículos para la playa. El supermercado está enfrente de las casas y de la iglesia. Justo al lado hay una gasolinera. Después, las praderas. Eso es todo en Raiford. “Es raro ver turistas por aquí”, sonríe. “Este es un sitio muy tranquilo y es muy recomendable ponerse protector solar. Pega mucho el sol”. Lejos del supermercado, lejos de las casas a la orilla de la carretera, lejos incluso de las praderas, en lo más profundo del ya de por sí profundo Raiford, aparece la prisión estatal de Florida. La razón de ser de este lugar.

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15 comentarios

  1. Monumental, Nacho. Cuando vuelva a oir aquello tan manido de que «el periodismo ha muerto», releeré este relato.

  2. Muy bueno, esperando ansioso la continuación.
    Me recuerda muchísimo a «A Sangre Fría» de Capote

  3. Michael Dudikoff

    Me ha encantado. Increíble cómo logra transmitir la impotencia que deben de sentir los implicados. Yo también espero ansioso la continuación.
    Me gustaría aportar una breve nota a pie de página que, si bien no está relacionada con la historia, ya que se hace referencia a las circunstancias de la muerte del abuelo de Pablo Ibar, puede tener cierto interés.
    Existe un libro, titulado hamaseigarrenean aidanez (a la desimosexta, al parecer) lamentablemente publicado sólo en euskera, que narra la trágica historia del padre de Urtain.
    En él se cuenta cómo murió, a consecuencia de una curiosa (y demencial) apuesta. Esta consistía en ver cuantas veces era capaz de soportar, tumbado en el suelo del bar del pueblo, los saltos sucesivos de los clientes desde la barra sobre su abdomen…
    El título del libro hace referencia a los saltos que fue capaz de soportar, según contaron los presentes. Por lo visto fueron diesiseis…

  4. Me he quedado enganchado al relato. Espero ansioso la continuación.

  5. Da gusto cuando os ponéis así de estupendos en JD. Muchas gracias, Nacho.

  6. Pingback: Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (I)

  7. Enhorabuena al autor. Excelente reportaje. Da gusto leer cosas así. Como ha dicho alguno antes, me recuerda mogollón a «A sangre fría», de Capote.

  8. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (y II)

  9. Pingback: 2 fast 2 furious

  10. Pingback: 2 fast 2 furious « contraportada

  11. Increíble, Nacho. Me ha enganchado hasta el final y me voy corriendo a leer la segunda parte. Enhorabuena.

  12. Pingback: Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (I)

  13. Pingback: Pablo Ibar, el deseo de abrir una puerta (I)

  14. Pingback: 'En el corredor de la muerte', la imagen que mata | El Cultural

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