Quizá los más jóvenes, y menos versados en la historia del balompié nacional, piensen que el actual dominio liguero del Barcelona y el Real Madrid sea algo propio de la última década. Y si bien hoy en día su primacía es descorazonadoramente abrumadora, no deja de ser más cierto que durante muchos tramos del pasado siglo el binomio merengue/culé —sobre todo por parte de los blancos— era asimismo muy frecuente. Como muestra valga el botón de los ganadores de los campeonatos ligueros que van desde la campaña 51/52 hasta la 63/64. En estas 14 temporadas, el Madrid se impuso en nueve ocasiones por cuatro del Barcelona, con la única interrupción —en la 55/56— del Athletic Club.
Aquel Athletic «intruso» ya no contaba con los Lezama, Iriondo, Venancio, Panizo o Zarra. Solo quedaba Piru Gaínza, el eterno once de Basauri. El que será recordado como el equipo de «Los once aldeanos» (bautizado así por el presidente Guzmán tras la consecución de la Copa del 58 contra el Madrid en feudo capitalino) lo formaban habitualmente Carmelo, Orúe, Garay, Canito, Mauri, Maguregui, Artetxe, Markaida, Arieta I, Uribe y Gaínza. Una alineación que se sabía cualquier aficionado al fútbol ya fuera de Vigo o de Almería. Aquella campaña 55/56 en la que los bilbaínos se llevaron el campeonato fueron flanqueados en el podio liguero por —cómo no— Barcelona y Madrid, a uno y diez puntos respectivamente.
Los de Chamartín contaban en sus filas con gente del nivel de Di Stéfano, Gento, Puskas, Kopa, Rial, Santamaría, Miguel Muñoz o Zárraga. En Barcelona, tampoco es que anduvieran mancos con los Kubala, César, Basora, Kocsis, Czibor, Ramallets, Luis Suárez o Biosca. Demasiado jamón para el escaso pan de los rivales. Y es que blancos y culés no solo dominaban las competiciones sino que trataban el balón de manera exquisita, jugaban otro fútbol nunca practicado antes por equipos españoles. A las nueve Ligas conseguidas durante estos 14 años, el Madrid logró sumar cinco Copas de Europa, una Copa del Generalísimo y una Copa Intercontinental. A los cuatro campeonatos ligueros del Barcelona hay que añadir dos Copas de Feria y cinco Copas del Generalísimo. Ya entonces se habían puesto en cotas inalcanzables para pretendientes a la máxima gloria como Athletic Club, Atlético o Valencia, por citar los más señeros.
Pero dentro de este somero análisis sobre cómo estaba la España del balón a lo largo de esta década y media, hay que acercar muchísimo más la lupa de los pequeños detalles para rescatar una concatenación de episodios de carácter casi sobrenatural que ocurrieron cuando 1958 llegaba a su fin y comenzaba a dar sus primeras bocanadas 1959, el año nuevo.
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Pingback: El récord marciano del Athletic Club
Vaya con los leones del 59… Bonita historia y una marca desconocida.
Estas son las historias que hacen que nuestro Athletic sea eterno. Las hazañas de nuestros mayores así contadas sirven de gasolina para los más jóvenes. Gracias de verdad, Lartaun.
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Qué barbaridad de registro. No la conocía.
Esto va para los que dicen que los vascos solo juegan al choque y a pegar patadas…no saben nada