Arte y Letras Literatura

William Makepeace Thackeray: 150 años muerto

William Makepeace Thackeray

El bicentenario del nacimiento de Dickens dio el año pasado para lo que seguro que no darán en 2013 los 150 años de la muerte de Thackeray. Nacieron casi a la vez, ambos en el seno del Imperio Británico. Dickens, el siete de febrero de 1812, en Portsmouth, Inglaterra. Thackeray, el 18 de julio de 1811, en Alipur, India. Y ambos retrataron la misma época, la de la reina Victoria: rígida, industrializada, volcánica, revuelta, darwiniana, beatona, científica, severa, hegemónica, atomizada, estricta… Y hasta estajanovista, si Alekséi Stajánov hubiera nacido un siglo antes. Pero en un mismo escenario, eligieron dos palcos para observar la función muy distintos: aristocrático, uno; crudo, el otro. Realistas los dos, desde luego. La ironía fue el tono escogido por Thackeray, distinguido y selectivo más que selecto; y el dramatismo traspasa todo Dickens, curtido en la miseria de una Inglaterra inmisericorde con sus clases bajas.

Ambos alcanzaron dimensiones hercúleas dentro de la novela en lengua inglesa durante una época prolija en gigantes literarios en toda Europa. Considerados rivales a pesar de la realidad —ellos nunca se vieron así, pero el público requiere leyendas o invenciones para paladear emociones fuertes—, la historia de la literatura eligió a Dickens sin asomo de duda o sombra, probablemente porque no lo haya. Dickens es un narrador enorme, complejo, combativo, implicado, prolífico, fraguado en la experiencia de una adversidad que no resta altruismo a su mirada. De Thackeray, Charlotte Brontë aseguró: “Ningún autor ha sabido distinguir tan magistralmente como él entre la escoria y el mineral, entre lo real y lo falso”. Pero cumplidos aparte de personas ilustradas y mentes ágiles como la de la escritora coetánea, lo cierto es que el hombre que publicó por entregas su obra maestra no envejeció tan bien entre el gran público como lo ha hecho el autor de Oliver Twist. Y quizá con razón, pero merece su lugar en el Parnaso, que no debería ser pequeño.

Thackeray gozó de éxito en vida, pero su obra se ha diluido en el tiempo como sucedería en un cubo de agua hasta con el mejor güisqui. Y es una pena. Vale recordar que pocos escritores desnudaron las apariencias tan descarnada y sagazmente como Thackeray. Si Dickens fue testigo lúcido y denunciante impetuoso de la injusticia social, Thackeray se erigió juez impasible y mordaz narrador. Contar las miserias humanas de una época desde dos puntos de vista muy distintos no tiene, probablemente, otra explicación que el simple y casual hecho de que la fortuna los trató distinto desde la cuna: el determinismo de las circunstancias personales, a pesar de los anti-Zola, anti-Darwin, anti-Marx, está ahí, sigue ahí, permanecerá ahí, para condicionar siempre. Aunque no sentencie. Por eso Dickens, que sufrió los sinsabores de una infancia paupérrima, narra con crudeza, pero con ternura, con desgarro, pero con empatía y, desde luego, con una dosis insoslayable de estómago. Mientras que Thackeray, acomodado desde su nacimiento y la mayor parte de su vida, escribe desde un inteligencia perspicaz que penetra hasta la última topera del zoo social, pero con la distancia que otorga disponer de cierta fortuna y vivir confortablemente dentro de los dominios de la razón y las buenas maneras imperantes. Y no por eso su obra literaria ha de tener menos valor, aunque esa circunstancia, entre otras, quizá sí que contribuyera a que arraigara menos en el imaginario popular hasta hoy. Pero si Dickens fue el narrador magistral de la masa inglesa, Thackeray fue el cirujano preciso de su clase acomodada, diseccionada sin igual en su obra más renombrada.

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7 comentarios

  1. Recomiendo su ‘Libro de los esnobs’. ¡Muy divertido!

  2. Pingback: Anónimo

  3. Pingback: 09/05/13 – William Makepeace Thackeray : 150 años muerto | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real

  4. Alberto Bellors

    Hace meses encontré una escondida edición de El Viudo Lovell, otra novela (corta) corrosica e irónica, me encantó. Un gran escritor sin duda.

  5. Rebeca Viguri

    Es, sin duda, un gran narrador muy olvidado. Excelentes obras las dos citadas. Saludos.

  6. Pingback: William M. Thackeray (1811-1863) | Aminta Literaria

  7. Pingback: Nacimiento de William Makepeace Thackeray - La Gata Negra de bigotes blancos

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