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Mis hombres favoritos: Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma

Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma
Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma.

Vaya por delante un asunto personal: Barcelona es mi ciudad, pero no la amo. La conozco en profundidad y creedme si os digo que no hay mucho en su aire húmedo que consiga emocionarme. Son algunos de sus pobladores —algunos amigos, otros, absolutos desconocidos, contemporáneos, unos vivos, otros no— los que me reconcilian con ella. De entre la camarilla ausente, la extrañeza surge al echar de menos a personas con las que tienes la certeza de que jamás podrás tropezarte por estas calles. Me pasa frecuentemente con dos muertos que —parafraseando la película— un día estuvieron muy vivos, dos camaradas, dos extraordinarios memorialistas, dos bebedores compulsivos, dos poetas como la copa de un pino: Jaime Gil de Biedma y Carlos Barral. Dos tipos que comparten —sea leyéndolos o, casi simplemente, pensando en ellos­— el insólito mérito de dar ganas de vivir más y mejor, uno de los mejores piropos que se me ocurren ahora mismo. Tan diferentes, tan leales y rivales a la vez, de Barral y de Gil de Biedma se podría decir que, cada uno a su manera, llevaban hasta las últimas consecuencias —llevándose por delante lo que hiciera falta— la máxima de Montaigne: «mi oficio y mi arte es vivir».

A ciertas edades ya se está en condiciones de sospechar qué combustible alienta el motor que cada uno tiene en las entrañas: a unos les mueve el poder, a otros la insaciable curiosidad, a muchos solo les pone en marcha la lujuria, el reconocimiento, el temor de los demás, o la humillación. Gil de Biedma y Barral sospechamos que comparten idéntica fuerza motriz: llegar a conocerse a sí mismos. Para ello, los dos eligieron la misma arma: la poesía. La diferencia está en que Barral se cubre con ella —como una de esas capas decimonónicas que a veces le gustaba llevar, a modo de abrigo, en sus noches de alcohol—, mientras Gil de Biedma la usa para desnudarse. Fue este último quién dejó dicho que Baudelaire era en realidad un actor, «que es lo que somos todos los poetas. Solo en sus interpretaciones se les conoce». Abajo las máscaras, pues: si Barral ejerce de capitán con pipa y piel requemada, Biedma es un poeta disfrazado de poeta.

Carlos Barral 1Hay más asuntos que los unen. Los dos resultaron ser acérrimos partidarios de la felicidad, algo no tan común como se pudiera creer. A su vez, ambos compartían una vocación frustrada de huida y, por tanto, la misma condición de exiliados en su propia casa. A veces, el determinismo es ley en las familias pudientes: en sus años jóvenes fueron reticentes herederos de los negocios relacionados con la familia —una editorial por parte de Barral, la Compañía de Tabacos de Filipinas por parte de Gil de Biedma—, cachorros de casta vencedora, conversadora, leída, políglota y productiva. Quizás por ello los dos se enorgullecían de su indolencia, de estar tocados por la pereza, una forma radical de rechazo al lúgubre mantra burgués: la vida queda definida por la vía del trabajo y, fuera de eso, solo está la nada.

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16 comentarios

  1. Hola, muy buen artículo pero Gil de Biedma no era heredero de Tabacos de Filipinas. Su presidente era amigo de su familia y su gran protector.

  2. Hola Elisa
    yo hablo textualmente de «negocios relacionados con la familia», no propiedad de esta, y según documentos del municipio de La Nava de la Asunción o tal como explicita el mismo árbol genealógico de los Gil de Biedma, Luis Gil de Biedma Becerril, padre del poeta, fue director de la Compañía General de Tabacos de Filipinas.

  3. Pingback: Bitacoras.com

  4. Enhorabuena, Mar, por tu escrito: justo por ser tan brillante creo que está a la altura de ambos personales. Y me gustaría hacerte llegar por email -si tienes interés- el pdf del catálogo de la exposición que organicé en 2010: LA PERSONA Y EL VERBO. [20 años después de la muerte de Jaime Gil de Biedma].
    Y en respuesta a vuestra discrepancia:No solo su padre, sino que también el propio Jaime dirigió la Compañía General de Tabacos de Filipinas hasta que la enfermedad le obligó a dejar el puesto.

  5. Si tuviéramos productores, alguien debería decir…
    «Aquí hay una película»
    O una buena miniserie…
    Un retrato de un tiempo. Puede que por eso, por ciertas dobleces y costuras, metamorfosis y contradicciones, nadie quiera rodarla…

  6. Me ha gustado mucho este artículo. Sobre Carlos Barral hay una excelente entrevista realizada por TVE en el programa «A Fondo» de Joaquín Soler Serrano.

  7. «Compañeros de viaje (Recuerdos de Jaime Gil de Biedma)», un magnífico documental de Morrosko Vila-San Juan.
    Se puede ver entero aquí:

    http://www.dailymotion.com/video/xtn41l_companeros-de-viaje_shortfilms

  8. Magnífico artículo. Yo soy de los que todavía tienen en la mesita de noche a ambos (junto con Rilke y Machado). Esta noche tenemos cena en casa con los amigos y nos tomaremos un buen vino a su salud y a la tuya. Gracias por esa prosa lúcida y generosa.

  9. Pedazo de artículo!!!!.
    Texto apasionado y sin desperdicio informativo.
    Asombrosas son algunas tradiciones y costumbres marineras.
    Enhorabuena!!.
    Para cuando el de Marsé…?

    • Pues ya lo he pensado alguna vez, pero no me acabo de atrever. Además, fue entrevistado hace no tanto por Enric González en esta revista.
      De todas formas, el mejor retrato del grandísimo Marsé lo escribió él mismo en 1987 en El País, y dice así:

      Siempre pertrechado para irse al infierno en cualquier momento. El rostro magullado y recalentado acusa las rápidas y sucesivas estupefacciones sufridas a lo largo del día, y algo en él se está desplomando con estrépito de himnos idiotas y banderas depravadas. Las facciones se traban, compulsivas, antes de desmoronarse. Se trata de un sujeto sospechoso de inapetencias diversas y como deslomado, desriñonado y despaldado. Ceñudo, maldiciente, tiene la pupila desarmada y descreída, escépticos los hombros, la nariz garbancera y un relámpago negro en el corazón y en la memoria.

      No ha tenido mucho gusto en haberse conocido, habría preferido pasar de largo de sí mismo, pero acepta resignado el saludo hipócrita del espejo y la broma pesada de la vida: al nacer se equivocó de país, de continente, de época, de oficio y probablemente de sexo. Hay en los ojos harapientos, arrimados a la nariz tumultuosa, una incurable nostalgia del payaso de circo que siempre quiso ser. Enmascararse, disfrazarse, camuflarse, ser otro. El Coyote de Las Ánimas. El jorobado del cine Delicias. El vampiro del cine Rovira. El monstruo del cine Verdi. El fantasma del cine Roxy. Nostalgia de no haber sido alguno de ellos. Es fláccida la encarnadura facial, quizá porque la larga ensoñación detrás de las máscaras imposibles, el aburrimiento y el alcohol y la luctuosa telaraña franquista de casi 40 años abofetearon y abotagaron las mejillas y las ilusiones.

      El tipo es bajo, desmañado, poco hablador, taciturno y burlón. No se considera un intelectual, y soporta mal que le traten como si lo fuera. Ama las tabernas y las papelerías de barrio y los flancos luminosos de los quioscos que exhiben tebeos y novelas baratas de aventuras. Las banderas le producen auténtico terror. Come ensaladas y escribe a mano. Y en un país en el que nadie dimite jamás, ni aun después de haber probado algunos políticos su ineptitud o su cinismo ante el pueblo -el señor Félix Pons con su piso de medio millón, por ejemplo, o los señores jueces de la Sala Segunda del Supremo al condenar al periodista Juanjo Fernández, o el gobernador civil de La Coruña, o los muy babosos dirigentes de Herri Batasuna, etcétera-, él sólo piensa en dimitir de todo, incluso de esta página. Pero no hay nada que le aburra tanto como hablar de sí mismo, así que basta. Vestido de diablo y ligero de equipaje -algunos discos, algunos libros (ninguno de Baltasar Porcel, por supuesto), algunas fotos-, se va por fin al infierno. Abur.

  10. Pingback: Mis hombres favoritos: Carlos Barral y Jaime Gil de Biedma

  11. Excelente artículo, Mar. ¡Enhorabuena!
    Una buena biografía sobre Jaime Gil de Biedna es la que escribió Miguel Dalmau, publicada por Circe.

  12. Pingback: Mis hombres favoritos: Jeff Bridges | Mediavelada

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