Deportes El último baile Opinión

La tarde mágica de Laurent Fignon

A los 23 años, pocos días antes de cumplir 24, Laurent Fignon ya había ganado dos Tours de Francia, desplazando a Bernard Hinault en el corazón de sus compatriotas. Melena al viento, aires de “enfant terrible” presuntuoso, Fignon se encontró con la gloria a una edad a la que le fue imposible asimilarla. Solo la exhibición de 1984 ya debería recordarse durante años: maillot de campeón de Francia ceñido al pecho, fue capaz de ganar cinco etapas, la clasificación general final y distanciar al segundo —Hinault— en más de 10 minutos y al tercero —Greg Lemond— en once minutos y medio.

Había campeón para rato, en eso estaba todo el mundo de acuerdo. Un héroe para el fin de siglo, el hombre capaz de dejar en nada a Anquetil y a Merckx, un nuevo caníbal capaz de ganar en pequeños sprints, etapas de montaña y contrarrelojes individuales.

Todo esto hay que tenerlo en cuenta para entender lo que pasó después, lo que les voy a explicar después. Hay que comprender lo que supone estar en lo más alto en plena post-adolescencia: el dinero, las mujeres, los halagos, la sensación de poder absoluto… Mientras Fignon disfrutaba de su superioridad, Hinault y Lemond entrenaban. Se odiaban, de acuerdo, pero sobre todo entrenaban. El francés se llevó el Tour de 1985; el estadounidense, el de 1986.

¿Qué fue de nuestro héroe juvenil? Poca cosa. Fignon pasó el 85 entre lesiones y problemas y su reaparición en 1986 fue un fiasco absoluto. Dio muestra de su calidad los dos años siguientes con un tercer puesto en la Vuelta a España del 87, varias etapas de la París-Niza y la Milán-San Remo de 1988 pero comparado con la expectación creada, aquello era un reintegro de tercera.

Lo que en realidad no soportaba Fignon era haber dejado de ser competitivo en las grandes vueltas. Él veía a los Roche, Perico, Herrera y compañía copando los pódiums y no podía entender por qué él no estaba ahí. Que le ganara Hinault tenía un pase pero quedar detrás de Fabio Parra era difícil de asimilar para alguien que había tenido trato de deidad solo cuatro años antes.

Y así llegamos al famoso Tour de 1989, que es lo que ustedes están esperando desde el principio. Será difícil encontrar una edición de una carrera con tantas intrahistorias: de entrada, el campeón del año anterior, Pedro Delgado, se fue a dar una vuelta por Luxemburgo y llegó con casi tres minutos de retraso en la etapa prologo. Después se dejaría otros cuatro en la contrarreloj por equipos, completamente desfondado. Los sucesores naturales: Bernard, Alcalá, Breukink, Hampsten… naufragaron a las primeras de cambio abrumados por las expectativas.

Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.

Regístrate gratis

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

13 comentarios

  1. Primero felicitar a Guillermo porque el artículo es impresionante,sencillamente acojonante,recordé con total claridad aquella tarde calurosa en un bar de una playa gallega como todos quedamos alucinados de aquel final inolvidable de un Tour de Francia también inolvidable.desde el ataque de Pedro Delgado en los pirineos contra Millar, en los que mi mirada de niño,quedaba alucinada de un ataque del segoviano y de como enfadado lanzaba un bidón de agua a los aficionados o en plena tensión de final de etapa se queda razagado para echarse una meadita,los ataques increibles en los Alpes y de como no era capaz de dejar a Lemond, hasta que opta por parar la bici y Lemond también se para en una táctica ultradensiva del Americano y Pedro lanza un demarraje impresionante que no da resultado y efectivamente esa fuerza de Fignon su melena al viento o su coleta mejor dicho sus gafitas y su talento desperdiciado por todo lo que explicas también en tu artículo.
    Para mi fue el mejor Tour de Francia que vieron mis ojos,epico.
    GRACIAS POR VOLVER A RECORDARME ESOS BUENOS MOMEN TOS

  2. Espectacular relato de un Tour inolvidable, yo era muy de Lemond y me alegre mucho que ganará.

  3. Muchas gracias, amigos. Esta sección está hecha para recordar y disfrutar, me alegro de que haya cumplido ambos objetivos al menos con vosotros. Un saludo!

  4. Menudo lujazo de articulo. Espectacular.Muchos nos alegramos entonces. Los franceses puteaban a los camioneros españoles en Irún y fignon tenia cara de malo de películas de James Bond.

  5. julio_scarlotti

    Yo tambien me alegré entonces pero no me alegro ahora, Fignon llegó a caerme bien con los años.

  6. robespierre

    Otro gran homenaje al malditismo… Lo digo en el tono más admirativo y agradecido al autor de estos relatos.

    Sobre Fignon, conocer su historia ayuda a disculpar su egolatría, y nos trae el recuerdo de un verdadero campeón.

  7. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Guillermo Ortiz: La última puñalada trapera de Bernard Hinault

  8. Estupenda entrada, como siempre!

    Leí el libro que se publicó sobre Fignon en España y cambió mi percepción por él; antes no me caía simpático, ahora le tengo bastante aprecio. Amaba la bici de verdad!

    Un saludo

    • doctor maligno

      A mí tb me hizo cambiar mi percepción sobre él («Éramos jóvenes e inconscientes», autobiografía de Laurent Fignon qepd) hasta que retorné un tanto a la primera percepción tras leer hace muy poco el libro Ocho segundos. De un periodista inglés o americano, Nigel, cuyo apellido no recuerdo.

      El libro tiene un error imperdonable al pie de una foto (en la que el autor confunde una fotografía de Fignon en el Tour de 1983 o de 1984 con el de 1989, cuando se ve además con total nitidez cómo el maillot amarillo no es el de Credit lyonnais sino el de Miko), pero salvo ese lamentable fallo, está francamente bien.

      Cuenta cosas que Fignon omite deliberadamente en su libro (como que se agarró una vez a una moto en ese Tour de 1989, subiendo un puerto en una de las primeras etapas de montaña), que en parte es un ejercicio de autoexculpación. Es muy interesante contrastar ambos relatos. El libro es muy respetuoso con Fignon, pero tb crítico. Reconoce en todo caso que el Fignon retirado(amable y cercano) fue una persona muy distinta al Fignon ciclista, siempre crispado y malhumorado. Hasta el punto de que no pocos franceses se alegraron de la victoria de Lemond.

  9. Pingback: Bici10Historia de Scott - Bici10

  10. doctor maligno

    Gran artículo.

    Recuerdo además que muchos aficionados españoles estábamos deseando que el arrogante y desagradable Fignon mordiera el polvo porque uno o dos días antes había escupido a un cámara español.

    La etapa fue espectacular, el americano volaba mientras al parisino los km se le hacían eternos.

    Qepd Fignon.

  11. Pues quizás sea yo el único español que no hizo de esta liza un Arapiles transubstanciado y pedaleaba mentalmente con Fignonetti. Corrió a la antigua usanza y el americano muy a la defensiva. En román paladín «chupando rueda», vamos, o en plan fajador si se quiere. Es ciertamente la derrota más amarga de la historia del deporte y nadie puede alegrarse de algo así. Humanamente lo digo. Luego está lo demás, la hinchada del odio y que si los camiones en Irún… Si algo tiene (o tenía) bonito este deporte es (o era) que la manera de correr «da la medida del hombre» y no el resultado. Guimard en su libro «Metido en carrera» no lo puede expresar mejor: la bicicleta es la máquina de la verdad y un corredor hace de sí un autoretrato espiritual con la materia de sus fuerzas. Repasando esta carrera en concreto (que conservo en Vhs) y dejando de lado lo del escupitajo, lo del forúnculo y lo del manillar de triatleta (tres puntos de apoyo contra dos… la UCI a por setas…) no se menciona nunca la pérdida por Fignon de unos segundos en la subida callejera en el «rush» final en Briançon, tras bajar el Izoard. Allí estuvo al final la carrera. De los que disputaban solo él se descolgó. Una pena. C’est la vie.

    • Eso de la hinchada del odio es una boutade.

      En aquel momento pensábamos que Fignon, qepd, había escupido deliberadamente a un cámara de TVE. Ergo, es totalmente lógico que se generara una fuerte animadversión hacia el francés parisino.

      Lemond sobrevivió casi milagrosamente a a ese terrible accidente de caza, dando i una lección de coraje, lucha y determinación admirables. Su equipo ni merecía ni siquiera tal nombre, era u chiste, no tenía a nadie que pudiera ayudarle en la alta montaña. Aun así, fue capaz de superar tal hándicap y vencer gracias a su fortaleza en las cronos llanas.

      Su exhibición en esa última etapa memorable fue única ,mejor aún que la de Induráin 3 años después en Luxemburgo, y le hace completamente merecedor del triunfo más allá de manillares del futuro y de la UCI haciendo el Don Tancredo. Creyó en él cuando nadie creía, y venció regalando un espectáculo sin precedentes. Superior tb a la machada de Pogacar en la cronoescalada del Tour de 2020.

      Por lo demás, no sé porqué, y de modo tan displicente e infantil, denuesta a los que denuncian los delitos de coacciones y daños a la propiedad, vandalismo en suma, perpetrados por los camioneros franceses contra sus colegas españoles, justificados por el gobierno galo ante el desprecio de la UE .Fue un tema muy grave.

      Igual, dado su apodo, es que es Vd exageradamente francófilo, y de la facción jacobina además.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*