Deportes

Cuando Eric Caritoux ganó a Alberto Fernández, Pedro Delgado y un montón de locos tirando piedras

Pedro Delgado en la Vuelta Ciclista a España. Foto: Cordon Press.
Pedro Delgado en la Vuelta Ciclista a España. Foto: Cordon Press.

Corría ya la segunda mitad de la Vuelta a España de 1984 y el líder era Perico Delgado para jolgorio de los fans que se incorporaban al ciclismo a principios de los ochenta, coletazos de aquellas primeras retransmisiones en directo del Tour de Francia, lagos de Covadonga coronados por Marino Lejarreta por delante del todopoderoso Bernard Hinault. Había pasado un año desde la exhibición del bretón en la carrera española, la que le terminó de destrozar la rodilla y le obligó a pasar dos años casi en blanco, y todo era Reynolds, la fiebre Reynolds iniciada por Ángel Arroyo y Julián Gorospe y culminada ahora por este joven segoviano, «el loco del Peyresourde» según los franceses, un tipo capaz de cualquier cosa, de esos kamikazes que en seguida entran en la literatura y en el imaginario ciclista.

El líder era Perico Delgado, decíamos, y la etapa era la decimosegunda, de nuevo ascensión a Covadonga, que tan buen resultado había dado en términos de audiencia televisiva. La gente se agolpaba en la salida convencida de que habría exhibición española: Delgado, Laguía, Belda, Chozas, Alberto Fernández, incluso el excelso pero irregular Julián Gorospe… junto a ellos, dos invitados extranjeros con un punto sorprendente: el alemán Reimund Dietzen, ciclista del Teka, de veinticuatro años y victorias de pedigrí en la Semana Catalana y la Vuelta a Valencia… y el desconocidísimo Eric Caritoux, francés del Skil, de vintitrñes años y palmarés reducido prácticamente a una etapa meses antes en la París-Niza, ascensión al Mont Ventoux.

De Caritoux se sabía poco, o más bien, se sabía que acabaría cediendo. Eran los tiempos en los que ganar a los españoles en la Vuelta o a los italianos en el Giro era toda una aventura. Tiempos de extrañas coaliciones y sobres al principio y al final de las etapas. Caritoux, además, si creemos a Willy Voet, el masajista del equipo que quince años después estaría en el origen del famoso «caso Festina», iba «limpio», nada de «pot belge», nada de anfetaminas ni cocaína ni corticoides. En su libro Masacre en cadena, de hecho, repasando sus casi treinta años como profesional, solo salva al citado Caritoux y a Charly Mottet, estrella de finales de los ochenta y principios de los noventa. Del resto, mejor no hablar.

En realidad, Caritoux ni siquiera debería estar ahí. No en ese rol, al menos. En el que sería su debut en una vuelta de tres semanas, el francés se perfilaba como ayudante de Sean Kelly cuando el irlandés decidió renunciar a la Vuelta y su director deportivo se vio obligado a llevar a alguien que al menos hiciera al equipo competitivo. Hasta ese mes de abril, Kelly había sido el hombre estrella del pelotón: ganador de la París-Niza, la Vuelta al País Vasco, la Lieja Bastogne Lieja, la París-Roubaix y el Criterium Internacional. Casi nada. ¿Cómo pensar que Caritoux podía llenar ese hueco? Imposible.

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12 comentarios

  1. Arco Bólido

    Buen artículo sobre aquella época dorada del ciclismo en España, cuando era portads de periódicos y los chavales hablábamos de ello en el cole.
    ¿Para cuándo un artículo sobre aquella penúltima etapa de la Vuelta del 85?

  2. Época dorada, supongo, respecto al interés que despertaba el ciclismo, por lo que dices de los periódicos y tal. Porque el artículo no es que deje en muy bien lugar ni a la afición española, ni a los organizadores, ni al ciclismo en general.

    • Arco Bólido

      A eso me refiero, y en particular a la vergonzosa victoria de Perico, héroe nacional de la época, en la Vuelta del 85.

  3. Dicho lo cual, y solo a titulo informativo, tanto Caritoux como Mottet si se vieron envueltos en alguna controversia sobre dopaje. Lo digo por si algun romantico habia soltado una lagrimita al leer las declaraciones de Woet

  4. A mí me trajo muchos recuerdos. Llama mucho la atención escuchar a los que retransmitían (Antolín García o Luis Miguel López) que se notaba que estaban aprendiendo a hacerlo.

    Y comprobar cómo todos los espectadores lucían pantalón largo.

  5. Gas de Amonio

    Parece que, en la vida y en la muerte, siempre se cruzó un francés en el camino del admirado Alberto Fernández.

  6. La Vuelta la han ganado muchos corredores extranjeros, por aquella epoca Freddy Maertens, Battaglin, Hinault, Caritoux, más tarde Sean Kelly, Lucho Herrera, Rominger, Zulle, Jalabert… Todo este panorama de paraguazos, puñetazos, insultos y no se qué historias del articulo es pura exageración. Al que le sacudieron fue a Merckx en el Tour, dejandole para el arrastre y certificando anticipadamente el final de sus exitos deportivos.

    • Manolito repollo

      A ver, quizás se ha exagerado, pero los hubo. La gente no supo aceptar que Caritoux era el maillot amarillo y eso creaba frustración.

  7. Eric Carotoux fue víctima de un odio furibundo por parte de un sector de los seguidores. En el podio tuvo que salir varias veces en su apoyo Alberto Fernández levantando el brazo del francés para que le dejaran de abuchear, y recibió no pocos gestos de desprecio en carrera.

  8. Labreitor habla con sabiduría.

    UN SECTOR, no una mayoría apabullante como da a entender de modo arbitrario y ridículo el autor de este artículo. Que SIEMPRE los empaña soltando alguno de sus disparates marca de la casa, como esta generalización de un repulsivo comportamiento cavernario (,con perdón para el sufrido hombre prehistórico…) de un sector de la afición a toda ella.

    Yo mismo, aún no había cumplido los 12 años, vi cómo algunos energúmenos insultaban con los ojos salidos de sus cuencas a Eric Caritoux, y cómo alguno le empujó y golpeó tras cruzar la línea de meta.

    Pero no era algo masivo y generalizado.Claro que pedir rigor total a Guillermo Ortiz es pedir peras al olmo.

  9. Alberto Fernández no era cántabro, era aguilarense, por lo tanto Palentino, por lo tanto castellano, como Delgado. Nació en Cuena, pueblo limítrofe con la provincia de Palencia, perteneciente en 1955, cuando nació, a la provincia de Santander que pertenecía a Castilla la vieja. A los siete años se trasladó a vivir a Aguilar de Campoo, acerca del pueblo de su padre. Allí se hizo ciclista y allí vivió durante años. De ahí su apodo de Galleta. Y cuando se mató, cuando un coche francés cometió ese adelantamiento prohibido, no viajaba a Santander. Viajaba a Aguilar donde el iban a hacer un homenaje un día después y donde descansan sus restos mortales junto al de su esposa. Hay que informar con más rigor.

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