Música

Reynols, el sonido de la no-música

Los Reynols. Imagen cortesía de Kylie Productions.
Los Reynols. Imagen cortesía de Kylie Productions.

Bien, somos los Reynols. Somos una… yo fue idea mía. Yo armé de la banda en el año 19… ¡1000! Yo tengo una batería, chiquitito, juguetes. Ahí yo empecé a los diez años. ¡A los tres años! Yo puse… Fue idea mía llamarle Reynols, Burt Reynolds, que es un hombre, un chico como Alan o Roberto, que tiene cincuenta años, ¡sesenta y cinco!.

Así explica Miguel Tomasín (Buenos Aires, 1964), líder, baterista, teclista, vocalista y lo que se tercie, el origen de Reynols, uno de los conjuntos musicales más increíblemente extraños de todos los tiempos. Y no, Tomasín no habla así porque esté borracho o drogado, como otros músicos. Lo que pasa es que tiene síndrome de Down. A pesar de ello (o precisamente por ello) ha grabado más de un centenar de discos que lo han transformado en artista de culto en medio planeta. La no-música que perpetra con los Reynols te puede gustar o te puede horrorizar, pero es única en su especie. «Somos la mejor banda del mundo y de todos los mundos. Somos una banda malísima», que diría Tomasín.

Los musicólogos han intentado en vano encasillar el anómalo sonido de Reynols con etiquetas como techno, noise, space rock, dub, avant-garde, drone, post fluxus, free jazz, experimental y hasta heavy metal. En realidad no es nada de eso y es todo a la vez, junto y revuelto, solo ordenado por la pajolera lógica de su líder. El inclasificable sonido de Tomasín y su combo no tiene límites ni fronteras, es libre y cambiante como un océano. Por eso, hasta el más avispado tendero discográfico se podría ver en un serio aprieto a la hora de clasificar sus discos. Porque, ¿en qué estantería encaja un artefacto en el que solo suena el piar de miles de polluelos o una voz balbuceando una suerte de mantra en un ignoto idioma? Solo el propio Tomasín, con su proverbial subrealismo (sic), ha sido capaz de definir lo que hacen Reynols: música para dientes.

Lo primero no fue ni la gallina ni el huevo. Fue el gallo (Miguel Tomasín).

Aunque su líder asegura que fundó Reynols mucho antes del nacimiento de sus compañeros de grupo, lo cierto es que los primeros en juntarse para hacer música fueron Roberto «Moncho» Conlazo, Alan Courtis y Christian Dergarabedian (alias C. D., que lo dejaría en 1994, siendo sustituido por Patricio, hermano de Roberto). A golpe de guitarra, agitaron algún tiempo la escena bonaerense, pero no dejaban de ser un grupo de rock progresivo al uso. Todo cambió con la llegada de Miguel Tomasín, un chico que poseía un cromosoma más que el común de los mortales y unas visiones premonitorias que plasmaba en retorcidos dibujos. Además, tenía ciencia infusa para la cosa musical, que sus mayores potenciaron desde su más tierna infancia, siguiendo la máxima de Jodorowsky: «Si tu hijo saca un uno en matemáticas y un diez en pintura, ponle un profesor de pintura». A los tres años, la abuela de Tomasín le regaló una pequeña batería que se convirtió en el juguete favorito del infante. Tras pasar por varios colegios especiales y hacer cursos de cerámica y bailes folclóricos, a los dieciséis años ingresó Tomasín en el Conservatorio de Flores para aprender a tocar el órgano. Poco después, se dirigió a la EFIMUS (Escuela para la Formación Integral de Músicos) para perfeccionar el uso y abuso de las baquetas. Tomasín llamó a la puerta de la academia y, cuando los hermanos Conlazo le abrieron, se presentó así: «Soy Miguel, un gran baterista famoso»; poco después, aporreó su instrumento de una forma tan sentida que hizo llorar a todos los presentes. Roberto recuerda que «enseguida lo invitamos a tocar con nosotros y el primer ensayo ya fue la primera cassette. Había una telepatía asombrosa entre nosotros. Miguel nos renovó; es como si nos hubiéramos muerto y resucitado. Cuando lo escuché tocar y cantar comprendí que nunca iba a llegar a eso». Una vez asimilada la revelación, los hermanos Conlazo y Alan Courtis se pusieron al servicio de Tomasín, catalizador de lo que ellos llamaban «energías sagradas». Erigido en líder absoluto de la banda, Miguel tuvo claro desde el principio que «Reynols soy yo, el genio; hay otros dos o tres, hay un lote. Yo soy baterista mejor que todos. Y cantante también buenísimo. Y experto pianista. Trompeta… más o menos».

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2 comentarios

  1. Pingback: Tomasín, Reynols | Texto casi Diario

  2. Imagino que los creadores de South Park lo tuvieron como inspiración para el capítulo de Timmy 2000, donde hablaban de la discriminación positiva. Era muy bueno, a mí me gustaba mucho la canción de «Timmy y los amos del infierno».

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