¿Miedo a la muerte? Sí, definitivamente sí. Cuando la parca decide cortar con su guadaña ese sutil hilo que nos une a la vida, en ese instante, la muerte siempre va con otros, nunca ocurre en primera persona. Negamos la muerte y hacemos como si no nos perteneciera, pero morir es vivir, es amar, sentir, sufrir, reír… Si queremos vivir no podemos desechar la otra cara de la moneda. La vida y la muerte siempre llegan del mismo modo, como un regalo inesperado. Nos empeñamos en negarla, hacemos como que no la vemos, como si no existiera, la ignoramos porque duele, pero cuanto más huimos de ella, más sufrimiento nos genera.
Acompañar a un moribundo, asistir a su muerte, nos puede llevar a experimentar una sensación de temor, cuando no de pánico. Interiormente deseamos salir corriendo, pedir auxilio, como si aquella fuera una experiencia más de entre las experiencias temporales.
Pocos se atreven a trabajar con la muerte día tras día. Esto solo es posible en esos remansos de paz en los que miles de seres anónimos dedican su vida a convivir con ella. En esos rincones en los que, día tras día, palabras como cuidados paliativos, duelo, deseos, sueños cumplidos, despedidas, legado… se convierten en la única realidad. En Madrid existe un pequeño oasis en el que el viaje hacia el fin se convierte en una experiencia en la que se enredan las sonrisas y la paz de manera inaudita, insospechada, incluso, paradójica. A la Fundación Vianorte Laguna se va a morir, sin embargo, entre sus muros rezuma la paz, del rostro de sus trabajadores solo surgen sonrisas y los enfermos únicamente transmiten felicidad. Por increíble que parezca, cuando has pasado cinco días entre sus paredes viendo como trabajan desde el sótano hasta la tercera planta, desde la cocinera hasta los doctores pasando por el equipo de voluntariado o de limpieza, comunicación, recepción, cuando has conversado con enfermos, con familiares, con trabajadores, no hay otra forma de contarlo.
Hacer más llevadera esa última e inevitable estación es lo que persiguen en la fundación, donde, además de centro de día para personas con alzhéimer hay una zona de hospitalización de cuidados paliativos, un área de formación de profesionales, consultas médicas, fisioterapia y acaban de apostar por un hospital de día para cuidados paliativos pediátricos.
Teresa Fuentes es la directora del equipo de psicólogos que, gracias al patrocinio de la Obra Social de la Caixa, acompaña a estas personas y a sus familias. Ella es también la responsable de elegir y formar al equipo de voluntarios que han decidido prestar su tiempo para acompañar a la muerte. «Para el voluntariado en paliativos no vale todo el mundo, tienen que cumplir una serie de requisitos. El primero y principal es no estar en pleno proceso de duelo, es muy importante y, sobre todo, aprender a no llevarse los asuntos a casa», confiesa tajante.
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Maravilloso texto. En este tiempo en el que todos nos creemos inmortales y sólo miramos nuestro ombligo viene bien leer artículos como este.
Llevo casi cuatro años como voluntario en un centro de discapacitados físicos y psíquicos y es lamentable ver la cantidad de recortes que se han producido en estos años. Desde lo más básico (medicinas y comida) hasta los pequeños lujos que podían tener los residentes (habitaciones individuales o pequeños electrodomésticos).
Mientras unos viven con coches oficiales y cenas lujo otros malviven para tener lo básico.
Felicidades por el artículo. Hemos convertido a la muerte en un tabú, y es una gran suerte que haya quien dedique parte de su vida a romperlo. Como tantísimos, he tenido familiares en paliativos y es extraordinario el trato recibido por los enfermos. El tema bien podría merecer una serie.
Muchas gracias. A las voluntarias por crear ese universo tan positivo en un momento tan negativo y a vosotros por acercarnoslo a quienes ni siquiera pensamos en el tema. Mil gracias.
Enhorabuena por el excelente trabajo.
Enhorabuena . Me ha encantado el artículo. Hasta el final, todo es vida y hay que mimarla como hacemos cuando comienza. Gracias a todos lo que hacéis visible lo que no se quiere ver.
Gracias, Milagros, por venir a contar estas cosas que casi nadie cuenta. Espero que continúes en JD contando más historias como ésta.
Muchas gracias en nombre de todo mi equipo de cocina!
Te mereces con creces lo bueno que dicen de ti!!! Conociéndote ….trabajadora, alegre y comprometida con lo que haces
Gracias wapa!se lo debo todo a mi equipo,no soy nadie sin ellaa!y a toda la gente que me queréis!
Precioso trabajo,enhorabuena.
Maravilloso reportaje. Yo también soy periodista y me encanta leer buenos trabajos. Enhorabuna!
Bonito artículo.
En Málaga, una labor de referencia igualmente es cudeca: http://www.cudeca.org/es
La verdad es que es un artículo muy interesante. He sentido en primera persona todo lo que se refiere y te sientes genial contigo mism@ al hacerle sentir a los enfermos que no están tal mal como creen, que estamos dispuestos a ayudarles y que el hospital no es un lugar tan triste como piensan. Es una profesión de absoluta vocación y estoy orgullosísima de ser Auxiliar de Enfermería.