La de hoy no va a ser —o sí, pero no solo— una charla con los libreros sobre la librería y los libros o el sector editorial y sus vericuetos y paradojas. En esta ocasión pedí a los poetas Gsús Bonilla y Ana Pérez Cañamares que se vinieran conmigo, «Así hablamos de poesía», les dije. De manera que, además de María y Pino, los libreros —y editores— de Enclave Libros, contamos con la aparición estelar de estos dos autores madrileños. Y sí, hablamos de poesía, claro. Pero no solo y como no podía ser de otra manera.

María y yo nos sentamos al fondo en torno a un café bien rico. Los poetas aún no han llegado. Pino anda atendiendo a alguien.
¿De dónde eres, María?
De un pueblo de Roma. Acabo en España porque necesito otro idioma para pasar un examen en la universidad, y me pareció que lo más fácil era aprender español. Voy a Salamanca, para un mes. De esto hace ya dieciocho o diecinueve años. Recuerdo que cuando llegué, esas primeras semanas, lo pasé fatal. No hablaba nada de español. Venía de Escocia, en mi mente estaba el inglés. Luego ya sí; me aclimaté muy bien. Tanto es así, que ya no vuelvo a Italia nada más que por breves periodos, por vacaciones. Es decir, busco becas, hago los exámenes… Paso un par de años durante los cuales vivo en Salamanca y voy y vengo a Roma. Hice el doctorado, encontré trabajo, y viví en Salamanca hasta que por un tema de trabajo tuve que cambiar de ciudad; tenía claro que quería seguir en España. Entonces me vine a Madrid; me surgió la oportunidad de montar una librería virtual para unos italianos: Unilibro. La estuve gestionando durante unos tres años, hasta que los dueños me plantearon que tenían que cambiar de sede. Ahora ya no tienen nada físico aquí.
Así que tuve que volver a buscar trabajo… Y fue cuando me encontré con Pino, y empezamos a madurar la idea de abrir la librería. A ambos nos une el amor por los libros. En realidad, la idea principal, o fundamental, fue la de crear una editorial. Para ello vimos que crear una librería podía ser un primer paso. Abrimos hace seis años, en plena crisis. Compaginamos un tiempo con nuestros trabajos. Hasta que nos dimos cuenta de que teníamos que dejarlos; yo estaba muy cansada, era una doble vida muy rara… Fue así como empezó todo.
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Esta entrevista me hace pensar en las palabras del músico argentino Luis Alberto «El Flaco» Spinetta: La solidaridad no se crea disfrazándote de revolucionario, sino haciendo desde abajo una obra imaginativa, una verdadera creación, no un bodrio pancartista. Cuando a la gente se le da algo bueno responde con amor.
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