Deportes

Tour de Francia 2011: a rueda de los mejores

Repasamos una por una las actuaciones de los seis primeros clasificados del Tour de Francia, una edición que ha ido de menos a más. Los Pirineos supusieron una inmejorable siesta para los espectadores, sólo rota por las ocasionales caídas y atropellos. Se podría hablar de respeto entre los favoritos, aunque tal vez sería más apropiado hablar de miedo. Ese ciclismo amarrategui sin embargo desapareció en los Alpes, donde los favoritos al fin tomaron riesgos y nos recordaron, aunque brevemente, cómo debería ser este deporte.

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Cadel Evans. Fotografía: Stefano Dragonetti

Cadel Evans

Evans perdió su oportunidad de oro para lograr un Tour en 2008, año en que Alberto Contador no pudo participar al estar su equipo, Astana, excluido de la prueba por (adivinen) un escándalo de dopaje el año anterior. Ese año logró ponerse el maillot amarillo unos días, pero Carlos Sastre se lo arrebató para no devolvérselo tras un memorable ataque en el Alpe d’Huez.

Con 34 años de edad, llegaba al Tour con su carrera aparentemente en declive y nunca apareció en las principales quinielas. Que esta edición sólo tuviera una contrarreloj en su recorrido fue el último clavo que se puso en su tumba. Este menosprecio, junto a su condición de segundón, su fama de ciclista tacaño y cobarde y la pertenencia a un equipo del que se dijo a menudo que iba al Tour a no ganar nada son varias de las lacras que tres semanas después se quitaría de encima.

Empezó la competición como suele —solía, perdón—, dejando que fueran otros los que decidieran por él, limitándose a coger rueda y no desprenderse del grupo de favoritos ni frotando con agua caliente. Algo incrédulo, vio cómo los Schleck dejaban pasar montañas sin ponerle en aprietos, y eso sumado al pobre estado de un Contador al que tenía cien segundos por detrás, hacía que bajo su hosco rictus sonriera de oreja a oreja pensando en la crono final.

Ante la falta de fuerzas y/o solidaridad general, se vio ante su pesadilla personal, que es tener detrás de sí a un montón de tipos dispuestos a hacer lo que él ha hecho la mayor parte de su carrera: coger la rueda de otro y no tomar la iniciativa nunca. No le sentó mal el traje de obrero y sorprendió a propios y extraños tirando del grupo de perseguidores en solitario, tanto en el Galibier como en el Alpe d’Huez, donde por cierto se equivocó llevando en volandas a Schleck a la caza de Contador.

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Un comentario

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Tour de France 2011, merci beaucoup

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