Arte y Letras

Clasificación de monstruos (II)

hombre lobo

(Viene de la primera parte)

Buena parte del terror infundido por el cadáver devuelto a la vida se debe a que fusiona en un sólo ser imposible la condición del vivo y la del muerto, dos atributos cuya atribución simultánea es incompatible porque en la naturaleza nunca pueden darse en la misma criatura al mismo tiempo y en el mismo sentido. Esta personificada transgresión del principio aristotélico de no contradicción es lo monstruoso de las incongruentes figuras generadas a partir de una ininteligible paradoja ontológica, pero también la eficacia de esos monstruos semejantes en esencia al hombre lobo radica en que fusionan en un sólo ser imposible dos condiciones antagónicas, la condición del ser humano y la del ser infrahumano, así como la eficacia de los héroes imposibles que combaten contra monstruos y cataclismos radica en que aúnan en su persona la condición humana y la suprahumana. El hombre lobo no se basa en el cadáver maldito monstruosamente reanimado sino en el hombre maldito monstruosamente transformado. Mientras que el vampiro es un cadáver depredador que en ocasiones se transforma en una serie limitada de animales tan feroces como el lobo, tan siniestros como el murciélago o tan repugnantes como las ratas y los insectos, el licántropo es un depredador híbrido que combina la malvada astucia de los hombres con la fiereza siniestra del lobo, es decir, un ser que se ha vuelto sobrenatural por haber unido en sí mismo lo malo o lo peligroso de dos especies naturales. Esta hibridación repelente que combina las fuerzas características de dos especies naturales es la misma que tiene lugar en La mosca, aunque en este caso la mezcla no resulta de la entrada violenta en una cadena de maldiciones mágicas sino del sometimiento voluntario a un malogrado experimento científico.

El hombre lobo o lobo humano es un monstruo plebeyo cuyo origen hay que buscar en la brutalidad enajenada de ciertos lunáticos esquizofrénicos, de algunos hombres aparentemente normales que esconden sin saberlo una doble personalidad, un reverso bestial que asoma ocasionalmente a través de estallidos de rabia asesina. Es, pues, el hombre con imprevisibles fases bestiales que no es capaz de controlar. A diferencia del vampiro en su sentido original, el hombre lobo no es un agente taimado y retorcido que disimula, engaña y maquilla adrede su monstruosa realidad para obtener determinados beneficios, sino un desgraciado paciente que sufre involuntariamente una inconfesable dualidad periódica, una enfermedad sobrevenida a su pesar. Como le sucede a muchos enfermos inconscientes, no es infrecuente que el lado humano del hombre lobo ignore cuál es su verdadero estado: que sólo es una parte de un todo, que en su interior porta una serie de gérmenes malignos e infecciosos, que oculta una cara abominable y autónoma que cada cierto tiempo suplanta su identidad normal. Por eso el hombre lobo suele caracterizarse como un inocente ser maldito, como una criatura pasiva y atormentada que ha de acarrear un gran peso moral y que no es responsable de la rabiosa brutalidad de su alter ego, de ese ofuscamiento repentino que le lleva a cometer innumerables crímenes horripilantes. No sólo no es consciente de sus actos mientras se encuentra trasformado en una fiera sanguinaria, sino que a veces es incapaz de reconocer su autoría después de recobrar la forma humana y contemplar las consecuencias de ese desastroso giro lunar.

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3 comentarios

  1. Pingback: Clasificación de monstruos (II)

  2. Que haya tantas películas buenas sobre mostruos, ¿no quiere decir nada? ¿Es interés o fascinación o…?

  3. Pingback: El hombre invisible. El ser, el monstruo y el año 1933 | Pnfodikly's Blog

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