Simón Elías: Dassu, Baltistán

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Ashraf escalando – fotografía de Anna González-Huix

Baltistán es una de las regiones más remotas y deprimidas de los territorios de Cachemira bajo la tutela de Pakistán. Comunicada con el centro del país por una sola carretera que atraviesa peligrosamente las montañas del Karakórum y por un vuelo que despega intermitentemente cuando el aparato no está cubriendo otro trayecto; esta región sobrevive a trompicones con el turismo ocasional (en descenso dramático desde los atentados del 11 de septiembre), las explotaciones forestales, los trabajos relacionados con la producción de energía y la minería de fortuna.

Los buscadores de gemas de Baltistán pican sobre paredes verticales a cientos de metros del suelo, se aseguran con viejos arneses a cuerdas despeluchadas, cargan pesados compresores de cientos de kilos sobre rudimentarios anclajes y manejan grandes cantidades de un explosivo extremadamente accesible y barato. Que un cartucho de wabox, un detonante basado principalmente en nitratos, tenga un precio en cualquier lugar de Pakistán de algo menos de dos dólares, quizá explique por qué este país tiene tanta facilidad para saltar por los aires.

Gulam Nabi, Mohammad Ashraf, Mohammad Isaac Gulam Nassur son mineros ocasionales cuando sus trabajos en el campo o como porteadores para expediciones de montaña se lo permiten. Pueden dinamitar la roca durante años sin recibir ningún beneficio, pero si encuentran una buena pieza de aguamarina, un rubí o una esmeralda, serán ricos. Rozi Ali es un bepari, un tratante de piedras preciosas y minerales. Vive en una casa de dos pisos y conduce un todoterreno último modelo, cuyas ruedas tienen un profundo dibujo. Cada uno de estos tres detalles, la casa de dos pisos, el vehículo impecable y los neumáticos nuevos dan muestra de su elevado estatus económico. Todos son parte de la industria minera de Baltistán, que observada en profundidad ni es una industria ni lo que practican es minería. En un país siempre al borde de la tragedia que se sobrepone a base de carcajadas, lo que estos hombres hacen es luchar contra la miseria y la desventura de las montañas inaccesibles que les han visto nacer. Su trabajo está al margen de la regulación. En esta región como en otras muchas partes de Pakistán, la supervivencia desplaza a la legalidad. Esta es una historia de hombres que luchan por alimentar a sus familias en uno de los rincones más agrestes y desventurados del mundo. Pero también es la historia de un país que lucha por evitar el colapso. Un país de supervivientes cargados de explosivos.

2 comentarios

  • Que interesante y peligrosa la manera en que estas personas se ganan la vida ojala existan otras formas y más oportunidades para la gente de estos lugares.

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