Del Potro en el laberinto

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Juan Martín Del Potro y Roger Federer

“Mucho para contar no tengo. ¿Qué puedo decir de mi historia, si soy chico?”
Juan Martín Del Potro para Fox Sports, octubre de 2008

Está en los libros. El 14 de Septiembre de 2009 un genio corpachón levantaba su primer título de Grand Slam. Frente a un Roger Federer dinástico, que acumulaba cinco ediciones consecutivas ganando en Nueva York, Juan Martín del Potro se proclamó campeón del Abierto de Estados Unidos. El argentino se batió con éxito en una final eléctrica a cinco sets en la que el aspirante mortificó al maestro con su derecha de destrucción masiva. Le llevó cuatro horas hacer claudicar a Roger contra todo pronóstico. Alzando el trofeo plateado, gemelo dorado del de Wimbledon, Del Potro entraba automáticamente en el selecto club de jugadores poseedores de algún major. Y afianzaba así su número cinco del mundo y amenazaba con entrometerse en ese fab four de tenistas superlativos formado por Federer, Nadal, Djokovic y Murray. Tenía solo 20 años. Ha llovido mucho desde entonces, pero el recuerdo está fresco en la memoria, sobre todo en la del tenista albiceleste. Y más vívidamente se recuerdan los laureles cuanto menos se consiguen reverdecer.

Lo más cerca fue Londres, en los pasados Juegos Olímpicos. En la hierba del All England Club, Delpo logró una extraordinaria medalla de bronce. En semifinales estuvo a punto de desbancar a Federer, que le ganó la partida por un agónico 19-17 en la última manga. Pero 48 horas después, en la final de consolación por medalla, el argentino superó brillantemente a Djokovic en dos sets corridos, 7-5 y 6-4, tocando metal para un país parco en logros olímpicos y logrando un gran éxito personal. Los analistas se apresuraron a señalar: Del Potro estaba de vuelta. Y era razonablemente cierto, pues hacía tres años que el tandilense no daba un nivel semejante, pero estar de vuelta no era la expresión acertada. Más bien, Juan Martín parecía cercano a culminar su regeneración tenística completa, un proceso tan duro como reacio a descontar ninguno de los pasos necesarios: purgatorio, limbo y escaleras. Una vez repuesto, peldaño a peldaño, tendría que llegar otra vez a la superélite.

Juan Martín Del PotroComo expiando las penas de un ascenso demasiado rápido, el gran espaldarazo del US Open se acabó cobrando un precio muy alto. Su muñeca derecha dijo basta. Aún realizaría actuaciones competitivas en el Torneo de Maestros de 2009 y en el Open de Australia de 2010, en el mes de enero, para luego desaparecer completamente de las pistas. Las especulaciones se desataron durante semanas. Su precario estado de salud era un secreto a voces, pues venía arrastrando molestias desde hacía varios torneos, pero llegados a ese punto no se sabía si “Delpo” descansaba o sanaba, es decir, un simple parón o una lesión prolongada. Finalmente, el 5 de mayo de 2010, el jugador argentino anunciaba públicamente que había sido operado de su muñeca derecha en Minnesota, Estados Unidos. El tandilense había renunciado al tratamiento paliativo —de menor seguridad y eficacia— optando por el reseteo del quirófano. Aún tardaría varios meses más en volver a las canchas, pero era la forma más segura de traer su tenis de vuelta, y sobre todo, de hacerlo permanecer más tiempo.

Fue inevitable que cayera al sótano del ranking. Del número cuatro mundial del mes de abril de 2010, Del Potro pasó al 262 cumplido el mes de noviembre. El argentino se mudó del cielo al infierno en lo que dura una estación. Es lo que ocurre en el tenis profesional si no se va a clase religiosamente.

Por prohibición médica no pudo defender su título en Flushing Meadows, lo que le rompió el corazón, además de protagonizar un retorno en falso en otoño. El pobre rendimiento mostrado en dos partidos en Tokio y Bangkok, aun tratándose de una reaparición, le convenció a él y a su equipo de dar un paso al costado. Se optó por dar por finalizada la temporada antes de tiempo y centrar esfuerzos en preparar la siguiente. Con el tiempo, la decisión se reveló muy acertada. Un Del Potro en óptimo estado físico recuperó terreno desde el mismo mes de enero de 2011, ganando su primer torneo, Delray Beach, en febrero. Al principio tuvo que deambular por los bajíos del cuadro, para luego, poco a poco, empezar a escalar posiciones y ganar mejores cruces y emparejamientos. En marzo era el jugador número 90 del mundo. En abril, el 46. En julio ya era Top 20 y terminaría el año nada menos que en el puesto 11 del escalafón mundial, con casi un 80% de victorias totales y una feliz trayectoria ascendente, aunque sin haber ganado grandes torneos. Siete meses después, el bronce en Londres’12 envió un mensaje definitivo desde el evento global de la antorcha: Del Potro ya podía ganarle a cualquiera. El inicio de 2013 lo vería afianzarse en el séptimo puesto de la ATP con la creciente sensación de que su cuerpo y su tenis parecían crecer, esta vez sí, armónicamente.

Un gigante con pies de barro

El circuito ATP es un Tourmalet despiadado. Si lo que distingue a los 50 mejores jugadores del planeta es su talento y su trabajo, la clave en el Top10 son las victorias y la regularidad. Sobre todo la regularidad. “Tengo que jugar más seguido con los mejores”, acierta Del Potro con el diagnóstico, pues sabe bien que para ser de los grandes hay que quedarse a vivir con ellos. Es una carrera de fondo a ritmo de récord del mundo, como hacer del paseo entre las estrellas un hábito aprendido. Y a Juan Martín siempre le faltó eso. ¡Qué hermosa maldición su talento, que le llevó a ganar tan temprano! Cuando declaró sus rentas de 2009, US Open incluido, le salió a ingresar una cantidad de la que nadie le previno. Si no los defiendes, los 2000 puntos del Grand Slam son un regalo envenenado un año después, un costalazo en el ranking contra el que no hay remedio posible. En el tenis profesional nadie se guarda el sitio por la sencilla razón de que las jerarquías son estables pero muy mudables.

Juan Martín Del Potro 2También padeció Del Potro en 2012 de la muñeca izquierda. Fue como si su dolencia se reprodujera por cercanía de una mano a la otra. Y si la diestra, ya operada, era responsable de su temible derecha, la izquierda no era menos importante para desarrollar el revés. Otra vez el fantasma de las lesiones acechaba al tenista albiceleste, acrecentando su conocida reputación de gigante con pies de barro. De un simple vistazo, podrá intuir cualquiera que lo mire que hablamos de un tenista peculiar. Juan Martín es metro noventa y ocho de tenista desgarbado y larguirucho, hincha de Boca cuyas condiciones de base son dudosamente simpáticas al tenis. Pero no será ni el primer ni el último tenista con talla de jugador de baloncesto. Antes bien, Delpo parece el mejor pívot de los muchos que han venido poblando el circuito. Coordinado y veloz, con buen juego de pies y un dominio completo de todos los golpes, para Del Potro el tamaño no es un problema sino un arma, pues ha desarrollado un buen número de virtudes partiendo de él —saque, juego de red, envergadura en pista, volea, etc—. Sin embargo, abrillantadas sus características para convertirlas en ventajas, la salud le ha solido llevar la contraria. El cuerpo parecía ir por detrás de una evidente precocidad tenística. El reto para él, por tanto, es domarlo para hacerlo rendir, sostenidamente, durante el larguísimo calendario, ganando la continuidad obligatoria que precisa estar con los mejores.

Curiosamente, su rival en aquella final del US Open’09 que tanto le encumbró, Roger Federer, es un termómetro interesante de su juego. Fue entonces la primera vez que le ganaba al suizo en partido oficial, tras una serie adversa de hasta siete derrotas consecutivas. Volvería a vencerle en la Copa de Maestros, dos meses después, para luego desaparecer de las pistas por la lesión. Cuando regresó, Del Potro volvió a perder siete veces seguidas contra él, hasta que por fin consiguiera doblegarle, por dos veces seguidas el año pasado en Basilea y en Londres en noviembre. El argentino pierde claramente el enfrentamiento directo por 13 a 4, pero sabe bien que cuando gana al suizo está en un gran momento de forma, en tiempo de recogida de cosecha. La estadística es tan extraña como la coincidencia de ser él quien retirara, oficialmente, a dos figuras como Marat Safin y Andy Roddick. O la curiosa amistad de Del Potro con Palermo, el ídolo xeneize que pasó por Villareal, Betis y Alavés, también conocedor de muchos percances físicos.

En Argentina lo veneran como a un Dios, pese a sus puntuales ausencias de la Copa Davis. Ganador de 14 torneos con 24 años, alejado del canon nacional de fajadores en polvo de arcilla, Juan Martín es ídolo tibio y callado. “Delpo” es el carisma parco, pero sin duda estrella encumbrada en un país en el que lo deportivo se vive con intensidad de manicomio. 351 días pasaron desde su lesión hasta que reapareció de veras, lo que en la tierra de Maradona fue como si Messi se tomara un año sabático. Al punto, si Del Potro engancha al espectador es por mezclar bien con el relato fundamental del tenista, que hace de estos hombres unos seres solitarios que luchan durante varias horas sin entrenador ni compañeros que los asistan. El tenista siempre parece porfiar solo, pues de hecho lo hace, ahí abajo en la arena sosteniendo con su cabeza una batalla mental que a los espectadores parece sencilla locura, por interminable y cruenta. “Delpo” representa bien este ensimismamiento, aun fuera de las canchas y muy alejado de ellas. Con todo, la exigencia del paso del tiempo y los pocos grandes torneos ganados —ningún Master 1000, por ejemplo— le hacen coquetear con el estatus de gran promesa, a la sombra de los cuatro ídolos ya consagrados. El tandilense no quiere oír hablar de eso pero se encuentra de lleno en su particular laberinto, la cuadratura del círculo de cuidar sus articulaciones al mismo tiempo que gana y defiende puntos a lo largo de los meses y las temporadas. Los mejores tenistas son sobre todo aburridos, pues major tras major siempre están ahí arriba, copando los puestos de honor. A Juan Martín le sobra talento, así que la cuestión es lograr la regularidad en la excelencia que tanto anhela el deportista de élite. Hasta entonces, Del Potro seguirá deambulando en la enredadera de sus muñecas y sus deseos, espiando los métodos del ganador perenne, tan discreto.

9 comentarios

  1. Lester Freamon

    Gran jugador, inconsistente, pero grande, espero que le respete el físico, como a nuestro Rafa, pues son el presente y el futuro del tenis de calidad.

  2. Becketiano

    Y de Tandil, la misma región argentina de otros tenistas como Juan Mónaco o Mariano Zabaleta. Es como la Bahía Blanca del tenis.

  3. Me parece un gran jugador, duro de pelar cuando está bien, si las lesiones le respetan y prepara bien la inminente tierra batida puede dar la gran campanada ganando el próximo Roland Garros.

  4. Pablo

    Dos aclaraciones: su juego de red es flojo y aca en la Argentina no se lo idolatra tanto tras su polemico ultimo paso por la Copa Davis

    • Careto

      Pero es muy bueno. Es atípico y sienta bien. Tenerlo en tu país no edja ed ser un privilegio.

  5. Gonzalo

    El tenis de los últimos 10-15 años (aprox.) se ha vuelto bastante , e incluso muy aburrido. Mucho trallazo, saques a 220 km/h, pero “dejaditas”, globos, passing, subidas y voleas etc. casi han desaparecido del lenguaje tenistico. Aunque aún está Federer, desde la retirada de McEnroe (el último jugador genial, el tenis se ha vuelto soporifero. El tenis femenino, hasta Navratilova, era más aceptable, pero ya se ha vuelto saque, trallazo, trallazo. El revés a dos manos no me gusta nada. Estuvó bien cuando lo “inventó” Borg o Connors, pero ya no mola nada. Esto, claro, es una opinión personal, de un señor de 53 años, que empezó a jugar allá por el año 1965-66…casi ná.

  6. michelle

    Para comenzar saludar a GONZALO con una replica:
    los dos jugadores más grandes de la historia, SAMPRAS y FEDERER, son posteriores al gigante de NY, pero ambos son geniales gonzalo. Carecen del gen de la rebeldia de mac, pero geniales en la pista lo han sido ambos.
    Respecto a DELPO, jugador muy valorable, posiblemente superior tenisticamente a NOLE, a nadal más que confirmado; sin embargo arrastra una losa: nadie que sobrepase el metro noventa ha nacido para jugar este deporte, es anti-natural….. es por ello que nunca existirá un jugador de esa talla que no sea aniquilado por las lesiones. Nunca será número 1 ni gozará de la regularidad necesaria para entrar en el olimpo tenistico.
    Afirmado esto, espero y deseo que vuelva a ganar un grande. Quizás solo la hierba se le pueda dar bien por físico…..

  7. Jovancete

    Estoy en la línea de Michelle. Del Potro tiene un único problema, su cuerpo. Intenta jugar a un tenis que no comulga demasiado con su constitución. Le van los intercambios, el jugueteo… y eso es más fácil hacerlo con diez centímetros menos.

    Siempre he echado de menos en su juego la idea de atacar a la red. No volea bien, pero eso se aprende… y con un 10% ó 15% más de puntos en red su rendimiento subiría mucho. El propio Ferrer lo ha probado y le ha ido bien, a ‘Delpo’ le funcionaría bien,

  8. Que los partidos de Grand Slam sigan siendo a cinco sets es una exageración, es agotador para los tenistas. Lo mejor sería reducirlos a tres sets. El tenis necesita modernizarse, aquí van unas sugerencias de posibles cambios. http://deporadictos.com/el-tenis-del-futuro/

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