Este texto ha participado en el concurso de divulgación científica de Ciencia Jot Down 2014.
El estudio del cerebro mediante la literatura y la realidad virtual

En la primera entrega de la desigual trilogía de Matrix, nuestro Elegido despierta de su letargo y descubre pasmado que toda su realidad no es más que un conjunto de líneas de código que unas aviesas máquinas han diseñado para mantenerlo vivo junto al resto de la humanidad en su cometido de proporcionarles energía eléctrica. Pero a Neo le antecede Don Quijote. Cerca de cuatrocientos años antes de la genial idea de los hermanos Andy y Larry (ahora Lana) Wachowski, Cervantes presentaba a los lectores de la época un ingenioso hidalgo que, presa de cierta locura literaria, entremezclaba continuamente el mundo romanceril de la caballería con el mundo real, atacando a molinos convertidos en gigantes o destrozando teatrillos cuyos títeres se tornaban agresivos moriscos frente a su incrédula mirada.
Aun con sus diferencias, tanto el futurista Neo como el medieval Quijote viven la ilusión de un mundo que simula ser real: el primero mediante complejos artilugios que podríamos definir como un sistema de realidad virtual completamente inmersivo; el segundo, fruto de una visión trastornada producto del empacho de novelas de caballerías. Sus mentes han sido engañadas con distintos medios para distintos fines, pero ambos reflejan los mismos síntomas: un viaje mental al mundo creado para tales propósitos. ¿Puede la tecnología actual o la literatura producir semejante efecto en nuestra mente?
Nuestra experiencia lectora tal vez responda a la segunda parte de la pregunta. A fin de cuentas, si comprendemos estos garabatos es gracias a que sabemos leer, y si es así es posible que recordemos haber viajado a bordo de barcos llenos de aterradores piratas, paseado en compañía de seres fantásticos de antiguas leyendas o volado a mundos del futuro sin habernos movido de nuestro sillón. En cuanto a las tecnologías de realidad virtual, cada vez son más las noticias en los medios de información que dan a conocer sus avances en el campo de la neurociencia. Veamos qué tienen en común estos alejados universos.
Loco el que lo lea
Según Michel Foucault, en los primeros días de la novela del siglo XVII su lectura se percibía como una forma de desvarío, puesto que durante la misma uno se convertía en otra persona. Por suerte para nosotros, el conocimiento del cerebro ha crecido exponencialmente desde aquella época y Mario Vargas Llosa no sería ingresado en un manicomio por defender que la literatura sirve «para liberar al ser humano y permitirle vivir otras vidas distintas a la propia», ni Haruki Murakami tendría que esconderse al definir así el acto de lectura: «Vuelvo a la habitación de lectura, donde me sumerjo en el sofá y en el mundo de Las mil y una noches. Poco a poco, como en el fundido a negro de una película, el mundo real se evapora. Estoy solo, dentro del mundo de la historia. Mi sensación favorita en el mundo».
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Yo particularmente estoy en contra de la realidad virtual. Bastante imaginación ha matado ya la televisión. Si en lugar de crear el mundo imaginado. Ya te lo dan hecho ¿qué esfuerzo cerebral hay ahí?
Me encantaría ver este tipo de tecnología e incluso probarlo. ¿Pero no acabaría repercutiendo directamente en la imaginería del mundo? Esto es como lo de voy a esperar a que hagan la peli…
El artículo es bueno e interesante en mi opinión; pero si ni si quiera somos capaces ya de sentarnos a imaginar. Nos podemos ir al cuerno
No comparto eso de equiparar la ‘realidad virtual sensorial’ (que es realmente en lo que trabaja la tecnología) a la ‘realidad virtual moral’, que es de la que todos somos cautivos (y probablemente era la simbología de D.Quijote).
Matrix es una representación simbólica de una trama de valores, códigos de conducta, etc. que han ido metiendo en la sociedad de los que es casi imposible salir o despertar. Y que hacen a la gente enormemente vulnerables a cualquier tipo de crisis o ideología. Es la peor forma de realidad virtual, la que nos programan desde pequeñitos en la cabeza.
La otra realidad virtual, la de los avatares y videojuegos no dejará de ser por mucho tiempo sólo eso, un juego más o menos interesante.
Completamente de acuerdo contigo
Otra línea de estudios del cerebro y las funciones humanas es la diseñada para comprobar cómo los videojuegos influyen en el rendimiento de la población anciana. Interesante:
http://www.elpisapapeles.com/cultura/ciencia/videojuegos-agilidad-mental-ancianos-neuroracer.php
Por cierto interesante el paralelismo del grabado con el de «El Sueño de la Razón Produce Monstruos», de Goya.
Los libros son la pastilla roja. Me gusta.
Cuando leo cosas como que no tenemos libre albedrío o que no tenemos capacidad para discernir si vivimos en una realidad virtual como la de Matrix o no, me cabrea mucho. En serio. Es más, creo que en el instante de ese pensamiento se produce (o se produciría, de ser cierta la existencia de Matrix) un intento por salir de esa esclavitud.
Muy interesante el artículo.
Esa realidad virtual de que se habla, será virtual de segundo grado. En primer grado, todo lo que llamamos realidad es virtual. Y es que no podemos conocer la realidad en sí, sino sólo las imágenes y sensaciones que, a propósito de ella, se forman en nuestro cerebro.
Sobra la primera coma.
Interesante artículo, aunque me ha producido una sensación terriblemente inquietante. A medida que avanzaba en su lectura ha ido apareciendo un abismo delante de mi.
Si la realidad virtual puede hacer que disminuyan los sentimientos de rechazo hacia personas de otras razas, produciendo empatía por sentirnos parte de esa(s) otra(s) raza(s); también podría utilizarse para todo lo contarío.
Me aterroriza la posibilidad de una realidad virtual tan perfecta que llegue a ser indistinguible de la realidad material, en la que se pase de un mundo virtual a la producción de sensaciones virtuales.
Al final alguien va a crear, programar, ese mundo. Y me temo que serán los grandes poderes económicos los que puedan y les interese hacerlo.
(Qué al final sean las propias máquinas quienes las creen de forma autónoma, no pasa de ser una forma de trasladar el foco del «poder» a un nuevo grupo)
Oberon
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