
Oliver Laxe es el cineasta español más talentoso de su generación. En 2010 presentó en Cannes su primer largometraje, Todos vosotros sois capitanes (sobre el taller de cine para niños excluidos que creó en Tánger) y ganó el premio FIPRESCI de la Quincena de los Realizadores. Seis años después, en la última edición, volvió a la Croisette con su segunda película, Mimosas, y volvió a ganar la sección en la que competía, la Semana de la Crítica. Tras ese magnífico inicio, Mimosas ha viajado por festivales de todo el mundo (Karlovy Vary, Toronto, Nueva York, El Cairo…) antes de estrenarse en nuestro país en el Festival de Sevilla, donde se alzó con el Premio Especial del Jurado.
Tras quedar fascinado por Mimosas en Sevilla, me impresionaron casi tanto las reflexiones de Laxe en la rueda de prensa y en las entrevistas que leí. Descubrí a un cineasta de treinta y cuatro años que desprendía la sabiduría de un veterano, la de esos hombres de cine —como Erice, Guerín o Paulino Viota— cuyas palabras siempre nos enseñan prácticamente tanto como sus imágenes. Explorador heterodoxo, autor inusual y riguroso, buscador incansable… da la sensación de que Oliver Laxe no es un cineasta que piensa, sino más bien un pensador que hace cine. Decidido a seguir tirando del hilo para descubrir más sobre este acontecimiento cinematográfico que es Mimosas, le robé a Laxe dos horas de su tiempo para pensar juntos desde sus imágenes.
Lo que más ha repetido Laxe en sus entrevistas es que le interesaba la idea de hacer una película que por un lado se acercara al cine de aventuras y por otro tratara sobre el misterio de lo inefable, lo cual se concreta en la estructura dual de Mimosas. Así que comienzo preguntándole por eso.
«Son las dos caras de la misma moneda. Lo que pretendía era un equilibrio entre exoterismo y esoterismo. El exoterismo sería el relato, lo que es visible, lo sensible… y esoterismo sería lo invisible, la geometría espiritual de las imágenes. Creo que en el cine es muy importante este equilibrio entre relato y misterio. Que además es el equilibrio de muchas tradiciones espirituales, aunque hoy en día todas se hayan materializado fruto de la modernidad y de la secularización, quedándose solo con el lado exotérico. Y esta decadencia, esta deriva mecanicista y racionalista… también se ve en el arte, que es otra forma de espiritualidad. Se ve también un arte y un cine cada vez más exotérico, que únicamente hace referencia al mundo sensible y terrenal, que es importante pero debe estar en equilibrio con lo que está escondido detrás de las cosas y de los gestos humanos, con el misterio».
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Etimologicamente revelar no significa «volver a velar», con lo cual la bonita reflexión final, basada en esa palabra, seria todo lo contrario.
¡Gracias!
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