Arte y Letras Filosofía

El caso Spengler

Oswald Spengler. (DP)
Oswald Spengler. (DP)

Se suele admitir que el siglo XIX concluye, realmente, con la Primera Guerra Mundial: esto es, en noviembre de 1918. Del mismo modo, en el campo del pensamiento, se podría sostener que la centuria de los ciclópeos sistemas de filosofía de la historia y, también, de los colosales monumentos eruditos sobre el pasado se cierra con el libro más célebre de Oswald Spengler (1880-1936). Ciertamente, el volumen en cuestión, volumen primero de La decadencia de Occidente, pretende ser filosofía y erudición. Ahí se postulaba una morfología de ocho o nueve culturas o cosmovisiones, pero, además, curiosamente, desde la primera línea del texto, se prometían profecías. La más importante, claro está, afectaba a Occidente, y no era complaciente. Durante tres años, en Múnich, aquel oscuro, enfermizo y solitario doctor, outsider de la academia, había gestado y articulado miles de dictámenes sobre el pasado, el presente y el futuro del mundo con un tono retórico marcial, wagneriano, un punto esotérico. De hecho, Spengler nació en la región de Harz, Sajonia-Anhalt, que en Alemania es la tierra de los brujos.

Su influencia intelectual ha sido considerable. Y no solo en entreguerras (cuando prácticamente todos los escritores serios lo leyeron). La inquieta estela spengleriana ha rebasado el siglo XX y llega hasta nuestros dosmiles. Hace unos pocos años unos profesores en Alemania crearon la Sociedad Internacional Oswald Spengler para el Estudios de la Humanidad y la Historia Universal: cada año, entregan un premio. El primero, en 2018 (año de aniversario) fue para Michel Houellebecq, autor de Sumisión. En 2022, el psicólogo canadiense Jordan Peterson fue laureado con el tercer Premio Oswald Spengler. El nombre el autor de La decadencia de Occidente, así como de Prusianismo y socialismo (1919), El hombre y la técnica (1931) y Los años decisivos (1933), ha saltado también a propósito de los asertos del nacionalista ruso y presunto ideólogo de Vladímir Putin, Aleksandr Duguin, o de los diagnósticos más o menos oscuros sobre la deriva de los EE. UU.

Un ensayo reciente, Oswald Spengler. El destino de la civilización occidental (Renacimiento) de J. Rafael Hernández Arias (autor hobbesiano, nietzscheano y traductor de Kafka) desmiente que este autor fuera nazi o cuasinazi. En parte, según explica este más que solvente autor, Spengler cayó en desgracia por su distancia con las ideas de los nazis. Al parecer, este y Hitler charlaron una vez, el verano de 1933, en el wagneriano Festival de Bayreuth (inconcebible un escenario más apropiado para semejante encuentro) y no se gustaron. Sea como sea (como ocurre con los otros pensadores aún leídos y estudiados hoy de la llamada Revolución Conservadora) la raza biológica, piedra angular de la cosmovisión nacionalsocialista, no juega papel alguno en la doctrina defendida en La decadencia de Occidente. O sea, ideológicamente, Spengler era un nacionalista alemán recalcitrante, un conservador prusiano «a la antigua», muy de monóculo, pero también era contrario al antisemitismo seudocientífico y a la cultura de masas que Hitler representaba. Por otro lado, en el terreno de la especulación, Spengler presumía de «trágico». Veamos esas ideas. 

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Un comentario

  1. Los veo, está sucediendo: ser ingeniero, por las mañanas, y Pablo Motos el resto de la jornada. Y eso antes de la aparición del teletrabajo.

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