
Levan Akin nació en Suecia en 1979, pero sus raíces se hunden profundamente en Georgia, país que su familia abandonó durante la era soviética. Formado en la televisión sueca, alcanzó notoriedad internacional gracias a Solo nos queda bailar —And then we danced, 2019—, película que guioniza y dirige y que recibió el espaldarazo del exigente público de la Quincena de Realizadores de Cannes.
Esta historia de descubrimiento de la homosexualidad por parte de un estudiante de danza tradicional georgiana, encajada en un entorno profundamente homofóbico, llegó a desencadenar revueltas en Tbilisi y Batumi, propiciadas por la muy conservadora Iglesia ortodoxa. También puso el foco sobre Akin, que se convirtió en adalid del nuevo cine queer.
Nos refugiamos del imprevisto verano que ha asaltado el abril madrileño en una librería cercana al cine en el que se ha presentado Crossing, su película más reciente. Allí, rodeados de libros dedicados al arte de contar historias con imágenes en movimiento, hablamos de ella y profundizamos en su oficio a través de la serena mirada del director.
Al preparar esta entrevista, me descubrí pensando en Crossing en términos de comparación con Solo nos queda bailar. ¿Te preocupa que la película se juzgue no por sí misma, sino en función de su predecesora?
No, no creo que sea un problema. Al menos, no me lo planteo en esos términos. Quizá si fuera más joven, sí me hubiera preocupado. Cuando se estrenó Solo nos queda bailar tenía 35 años, ahora tengo 39, casi 40. Si hubiera sido mi primera película, la que hice cuando tenía 25, hubiera sido más complicado superar las expectativas. Además, creo que está bien comparar películas, especialmente las que están hechas por la misma persona.
Entonces entenderás la siguiente pregunta: ¿Te ha resultado más fácil hacer Crossing que la anterior o esas expectativas te han producido alguna preocupación?
Interesante pregunta. Sin duda, financieramente ha sido más fácil obtener el dinero… Creo que me resultó más fácil, pero de una manera diferente. Porque en Solo nos queda bailar casi no tenía presupuesto y en Crossing… Pues tenía muy poco presupuesto… Lo positivo de la situación es que cuando no tienes casi dinero, nadie se fija en lo que haces. Si tienes un presupuesto mayor un montón de gente empieza a tener opinión… Hacer estas películas siempre es difícil desde el punto de vista de producción. En Crossing tenemos tres actores protagonistas, todos maravillosos, y todos esos roles menores, todos esos personajes trans… Hay tantos personajes en la película y resulta tan difícil encontrar gente. La mayoría de ellos no son ni siquiera actores. Hacer esta película ha sido todo un desafío.
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