Jot Down Cultural Magazine – Contra Amazon: siete razones / un manifiesto

Contra Amazon: siete razones / un manifiesto

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Foto: Cordon.

 I: Porque no quiero ser cómplice de la expropiación simbólica.

Durante cincuenta y cinco años ese edificio, uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial moderna de Barcelona, fue la sede de la editorial Gustavo Gili. Ahora, tras una remodelación que ha costado varios millones de euros, se ha convertido en la central de operaciones de Amazon en esta ciudad. Gracias a toda esa tecnología de la eficiencia y la inmediatez que ahora alberga, Barcelona es ya una de las cuarenta y cinco ciudades del mundo en que la empresa asegura la entrega del producto en una hora. La librería Canuda, que cerró en 2013 tras más de ochenta años de existencia, es ahora un Mango de proporciones faraónicas. La centenaria librería Catalònia es ahora un McDonald’s con decoración modernista y kitsch. La expropiación es literal, física, pero también simbólica.

Si escribes en Google «Amazon librería» te aparecen decenas de links a páginas de Amazon donde se venden estanterías. No me cansaré de repetirlo: Amazon no es una librería, sino un hipermercado. En sus almacenes los libros están colocados al lado de las tostadoras, los juguetes o los monopatines. En sus nuevas librerías físicas los libros están colocados de frente, porque solo exhiben los cinco mil más vendidos y valorados por sus clientes, muy lejos de la cantidad y del riesgo que caracterizan a las auténticas librerías. Ahora se plantea repetir la misma operación con pequeños supermercados. Para Amazon no hay diferencia entre la institución cultural y el establecimiento alimenticio y comercial.

La historia de Bezos es la de una larga expropiación simbólica. Escogió la venta de libros y no de aparatos electrónicos porque vio un nicho de mercado: no todos los títulos disponibles cabían en las librerías y él sí podía ofrecerlos todos. En los años noventa había pocos competidores de gran tamaño (sobre todo Barnes & Nobles y Borders) y los distribuidores ya tenían el catálogo adaptado a la época digital, con los códigos ISBN incorporados. Por eso hizo un curso de la Asociación de Libreros Americanos y se apropió en un tiempo récord del prestigio que los libros habían ido acumulando durante siglos.

Todavía hoy, cuando Amazon produce series de televisión, ofrece música online, acaba de incorporar a su oferta piezas de coches y de motocicletas y se plantea ser operador de telefonía móvil, todo el mundo vincula esa marca con el objeto y el símbolo que llamamos libro. El Kindle, desde su lanzamiento en 2007, ha imitado la forma de las páginas y el tono de la tinta. Por suerte, el tacto vegetal y el olor a lignina no son de momento reproducibles en la pantalla. Para bien o para mal, todavía no somos capaces de recordar con la misma precisión lo que leímos en papel y lo que leímos en e-book. Las transiciones arquitectónicas son rápidas; no tanto, por suerte, las mentales.

II: Porque todos somos cíborgs, pero no robots.

Todos llevamos implantes.

Todos dependemos de esa prótesis: nuestro teléfono móvil.

Todos somos cíborgs: bastante hombres, un poco máquinas.

Pero no queremos ser robots.

El trabajo que deben realizar los empleados de Amazon es robótico. Lo ha sido desde el principio: en 1994, cuando eran cinco personas trabajando en el garaje de la casa de Jeff Bezos en Seattle, ya estaban obsesionados con la rapidez. Lo ha sido durante veinte años, llenos de historias de estrés laboral y de acoso y de trato inhumano para lograr la maldita eficiencia extrema que solo es posible si eres una máquina.

Ahora los amazonians son auxiliados por robots Kiva, capaces de levantar trescientos cuarenta kilos de peso y de moverse a metro y medio por segundo. Sincronizados con los trabajadores humanos a través de un algoritmo, se ocupan de elevar los estantes para facilitar la recogida de los productos. Una vez se han reunido los productos que el cliente ha comprado, otra máquina, llamada Slam, con su gran cinta transportadora, se encarga de escanearlos y empaquetarlos.

Kiva y Slam son los productos de años de investigación. Amazon ha convocado competiciones de robots, en el marco de la International Conference on Robotics and Automation de Seattle, para perfeccionar su procesamiento de los pedidos. En una de las ediciones las máquinas diseñadas por el MIT o la Universidad Técnica de Berlín tenían que recoger en el menor tiempo posible un patito de goma, una bolsa de galletas Oreo, un perrito de juguete y un libro. Para Amazon no hay diferencia sustancial entre esas cuatro cosas. Son mercaderías de rango equivalente.

Pero no para nosotros.

Amazon ha eliminado progresivamente el factor humano. Durante los primeros años contó con redactores que escribían reseñas de los libros en venta; ahora ni siquiera hay mediación en el procedimiento de maquetar y subir a la red un libro autoeditado. Ha robotizado la cadena de distribución y pretende que los consumidores actuemos del mismo modo.

Pero no.

Porque para nosotros un libro es un libro es un libro.

Y su lectura —atención y regalo— es un rito, el eco del eco del eco de lo que fue sagrado.

III. Porque rechazo la hipocresía.

La gran vergüenza de Barcelona, ciudad de muchas y muy buenas librerías, ha sido la existencia durante veinticuatro años de la librería Europa, regentada por el neonazi Pedro Varela y un centro relevante de difusión de ideología antisemita. Por suerte, cerró el pasado mes de septiembre. En Amazon hay a la venta multitud de ediciones de Mein Kampf, muchas de ellas con prólogos y notas la mar de cuestionables. De hecho en 2013 el Congreso Mundial Judío alertó a la empresa de las decenas de libros negacionistas de que disponen sin cortapisas. Es decir, la librería Europa es cerrada por, entre otros delitos, incitar al odio, pero Amazon no. Pese a que en muchos países donde actúa sea delito negar el Holocausto.

Amazon defiende que no cree en la censura. Por eso mantuvo en venta, pese al clamor en contra, The Pedophile’s Guide to Love and Pleasure: a Child-lover’s Code of Conduct, de Phillip R. Graves, aunque finalmente tuvo que retirarlo. Antes ocurrió algo similar con Understanding Loved Boys and Boylovers, de David L. Riegel. Abogó por la posibilidad de que sus clientes accedan a esos libros que defienden el amor sensual a los niños, como lo hacen a los que promueven las ideas nazis, porque supuestamente no desea censurar. Sin embargo, lo cierto es que censura o privilegia los libros según le interesa. Durante su controversia con el grupo editorial Hachette de hace un par de años, la escritora Ursula K. Le Guin denunció que sus libros fueron más difíciles de encontrar en Amazon mientras duró la disputa.

Aparentemente lo único que importa es la rapidez y eficacia del servicio. Parece que no hay mediación. Que todo es automático, casi instantáneo. Pero detrás de todas esas operaciones individuales existe una gran estructura económica y política. Una estructura que presiona a las editoriales para obtener el máximo beneficio del producto, como hace con los fabricantes de monopatines o con los productores de pizzas congeladas. Una macroestructura que decide la visibilidad, el acceso, la influencia: que está moldeando nuestro futuro.

IV: Porque no quiero ser cómplice del neoimperio.

Interior del centro logístico de Amazon España en San Fernando de Henares, Madrid. Foto: Álvaro Ibáñez (CC).

En Amazon no hay libreros. La prescripción humana fue eliminada por ineficaz. Por torpedear la rapidez, el único valor de la empresa. La prescripción está en manos de un algoritmo. El algoritmo es el colmo de la fluidez. La máquina convierte al cliente en prescriptor. «Los clientes que compraron este producto también compraron…». La autoedición deja el proceso en manos del productor. Amazon elimina a los intermediarios o los hace invisibles (equivalentes a robots). Parece una máquina de ordenar. Aspira a ser tan fluida que parezca invisible. Eliminando los gastos de envío, regateando con sus grandes clientes para conseguir el menor precio posible para el cliente individual, Amazon parece barato. Muy barato. Pero ya sabemos que lo barato sale caro. Muy caro. Porque la invisibilidad es un camuflaje: todo es tan rápido, tan transparente, tan fluido, que parece que no hay intermediación. Pero sí la hay. La pagas en dinero y en datos.

Demanda, objetos, precios, envío: los procesos individuales se deshacen en la lógica inmaterial de la fluidez. Para Jeff Bezos —como para Google o Facebook— el píxel y el link pueden tener un correlato material: el mundo de las cosas puede funcionar del mismo modo como lo hace el mundo de los bytes. Las tres empresas comparten la voluntad imperialista de conquistar el planeta, defendiendo el acceso ilimitado a la información, a la comunicación y a los bienes de consumo, al mismo tiempo que hacen firmar a sus empleados contratos de confidencialidad, pergeñan complejas estrategias para no pagar impuestos en los países donde se radican y construyen un Estado paralelo, transversal, global, con sus propias reglas y leyes, con su propia burocracia y jerarquía, con sus propios policías. Y con sus propios servicios de inteligencia y con sus propios laboratorios ultrasecretos. Google [x], el centro de investigación y desarrollo de proyectos futuros de la empresa, se encuentra en un lugar indeterminado, más o menos cercano a los cuarteles centrales de la compañía. Su plan estrella es el desarrollo de unos globos estratosféricos que aseguren en diez años el acceso a internet de la mitad de la población mundial que actualmente está desconectada. El proyecto paralelo de Amazon es Amazon Prime Air, su red de reparto con drones, que actualmente son híbridos de avión y helicóptero, con un peso de veinticinco kilos. Desde el pasado mes de agosto ha cambiado la regulación de la Federal Aviation Administration de Estados Unidos, facilitando el vuelo de drones con motivos comerciales y haciendo que sea muy sencillo acceder al certificado de piloto de drones. Viva el lobbying. Que el cielo se llene de repartidores robóticos de galletas Oreo, perritos de peluche, monopatines, tostadoras, patitos de goma y… libros.

A diferencia de Facebook y de Google, que tienen que lidiar con la posibilidad de que tu nombre y tus datos sean falsos, que hacen todo lo posible para conseguir tu número de teléfono porque no te lo pidieron cuando abriste la cuenta, Amazon posee desde el principio todos tus datos reales, físicos, legales. Hasta tu número de tarjeta de crédito. Tal vez no accedan con tanta facilidad a tu perfil sentimental, emocional e intelectual como lo hacen Google o Facebook, pero en cambio saben casi todo lo que lees, lo que comes, lo que regalas. Es fácil deducir el perfil de tu corazón y de tu cerebro a partir de tus cosas. Y el imperio nació de las cosas que más prestigio cultural atesoran: los libros. Amazon se apropió del prestigio del libro. Construyó el mayor hipermercado del mundo con una gran cortina de humo en forma de biblioteca.

V: Porque no quiero que me espíen mientras leo.

Todo empezó con un dato.

En 1994 Bezos leyó que la World Wide Web crecía a un ritmo mensual de nuevos usuarios del 2300%, dejó su trabajo en Wall Street, se mudó a Seattle y decidió empezar a vender libros por internet.

Desde entonces los datos se han ido multiplicando, se han ido agrupando orgánicamente en forma de monstruo con tentáculos o de nube tormentosa o de segunda piel: nos hemos ido convirtiendo en datos. Los dejamos en las miles de operaciones cotidianas que dibujan nuestras huellas dactilares por internet. Los emiten los sensores de nuestro móvil. Estamos escribiendo constantemente nuestra autobiografía con nuestros teclados, con nuestras acciones, con nuestros pasos.

El pasado Día del Libro Amazon reveló cuáles son las frases más subrayadas durante estos cinco años de plataforma Kindle. Si lees en su dispositivo, lo saben todo sobre tus lecturas. En qué páginas las abandonas. Cuáles concluyes. A qué ritmo lees. Qué subrayas. La gran ventaja del libro en papel no es su portabilidad, su duración, su autonomía ni su relación íntima con nuestros procesos de memoria y aprendizaje, sino su desconexión permanente.

Cuando lees un libro en papel la energía y los datos que emites a través de tus ojos y tus dedos son solo tuyos. El Gran Hermano no puede espiarte. Nadie puede quitarte esa experiencia ni analizarla ni interpretarla: es solo tuya.

Por eso Amazon ha lanzado la campaña mundial «Kindle Reading Fund»: supuestamente para incentivar la lectura en los países pobres, en realidad para acostumbrar a una nueva generación de consumidores a leer en pantalla, para poder estudiarlos, para tener datificados los cinco continentes. Por eso el Grupo Planeta —corporación multimedia que aglutina a más de cien empresas y que es el sexto grupo de comunicación del mundo— está invirtiendo en escuelas de negocios, academias e instituciones universitarias: porque quiere mantener niveles altos de alfabetización que aseguren las ventas en el futuro de las novelas que hayan ganado el premio Planeta. A ver quién gana.

Y sobre todo: a ver si ganamos todos.

VI: Porque defiendo la lentitud acelerada, la relativa proximidad.

Ha llegado nuestro momento.

Amazon se apropió de nuestros libros. Nosotros nos apropiaremos de la lógica Amazon.

Primero, convenciendo al resto de lectores de la necesidad del tiempo dilatado. El deseo no puede ser inmediatamente colmado, porque entonces deja de ser deseo, se vuelve nada. El deseo debe durar. Hay que ir a la librería; buscar el libro; encontrarlo; hojearlo; decidir si el deseo tenía razón de ser; tal vez abandonar ese libro y desear el deseo de otro; hasta encontrarlo; o no; no estaba; lo encargo; llegará en veinticuatro horas; o en setenta y dos; podré echarle un vistazo; lo compraré finalmente; tal vez lo lea, tal vez no; tal vez deje que el deseo se congele durante días, semanas, meses o años; ahí estará, en el lugar que le corresponde en la estantería correspondiente; y siempre recordaré en qué librería lo compré y cuándo.

Porque la librería te regala el recuerdo de la compra. Comprar en Amazon, en cambio, iguala una experiencia a la anterior y a la siguiente. Difumina el contorno de cada lectura, las vuelve borrosas.

Una vez hayamos conquistado nuestro tiempo y nuestro deseo, tal vez llegue el momento de dar un paso más y poner en las estanterías de todo. No temamos la mezcla —que es lo que nos hace humanos—. Que en las librerías haya café y vino. Que las botellas de vino argentino estén junto a las obras completas de Borges, los cedés de Gotan Project, El Eternauta, la filmografía de Lucrecia Martel, los libros de Eterna Cadencia, un vinilo de Mercedes Sosa, El hambre de Martín Caparrós y tres biografías de Carlos Gardel (aunque no fuera argentino).

O, mejor aún, olvidemos las categorías nacionales como olvidamos los géneros aristotélicos. No existen ya las unidades de tiempo ni las de espacio. En el siglo XXI no tienen sentido las fronteras. Ordenemos los anaqueles temáticamente, mezclemos en ellos los libros con los cómics, los DVD con los CD, los juegos con los mapas. Apropiémonos de la mezcla de los almacenes de Amazon, pero creando sentidos. Itinerarios de lectura y de viaje. Porque, aunque dependamos de las pantallas, no somos robots. Y necesitamos las librerías de cada día para que sigan generando las cartografías de todas esas lejanías que nos permiten ubicarnos en el mundo.

VII. Porque no soy ingenuo.

No: no lo soy.

No soy ingenuo. Veo series de Amazon. Compro libros que no se pueden conseguir de otro modo en iberlibro.com, que pertenece a abebooks.com, que en 2008 fue comprada por Amazon. Busco constantemente información en Google. Y le regalo constantemente mis datos, más o menos maquillados, a Facebook también.

Sé que son los tres tenores de la globalización.

Sé que su música es la del mundo.

Pero creo en la resistencia mínima y necesaria. En la preservación de ciertos rituales. En la conversación, que es arte del tiempo; en el deseo, que es tiempo hecho arte. En silbar, mientras paseo entre mi casa y una librería, melodías que solo yo escucho, que no pertenecen a nadie más.

Los libros que no están descatalogados siempre los compro en librerías físicas, independientes, de confianza.

Eso hice, por ejemplo, el otro día. Fui a Nollegiu, la librería de mi barrio, y me compré Acerca de la ciudad, del arquitecto y pensador Rem Koolhas. Y mientras me tomaba un café, allí mismo leí: «A veces una ciudad antigua y singular, como Barcelona, al simplificar excesivamente su identidad, se torna genérica». «Transparente», añade. Intercambiable: «como un logotipo».

El libro, por cierto, fue editado por Gustavo Gili en esta misma ciudad, cuando su sede era otra de la que ahora es.

96 comentarios

  1. Estando de acuerdo en muchos de los puntos expuestos, tengo que admitir que le estaré eternamente agradecido a Amazon. Esto lo digo desde mi isla del Atlántico a la cual muchas librerías me exigen unos gastos de envío abusivos, por el tema aduanero. Es curioso cómo algunas librerías pueden hacer envíos por Correos que no suponen un sobrecoste y otras directamente ni se lo plantean (“no hacemos envíos a Canarias”). He tirado mucho de iberlibro, pero también demando gran cantidad de material comiquero y en una isla en la que no hay tienda específica, Amazon es casi el único recurso.

  2. Pingback: Contra Amazon: siete razones / un manifiesto – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  3. El primer texto que me vino a la cabeza al leer este post fue “Apocalípticos e integrados” de Eco. Imagino que en breve otro redactor propondrá (como ya se ha hecho infinidad de veces) que Amazon es revolucionario y liberador, y que debemos abrazar las nuevas formas de lectura.
    Sospecho que en el pasado habrán existido lectores acostumbrados al rollo de pergamino que se rebelaron contra la difusión de la encuadernación Habrán dicho cosas como que interrumpía el libre fluir de la lectura, al reemplazar el desenrollar por el dar vuelta.
    Creo que lo mejor de lo analógico coexiste con lo digital, y que el furor por las nuevas tecnologías dura poco. Se naturalizan e incorporan, o se descartan. Y con un poco de suerte, la librería a la que íbamos con nuestro padre, y a la que seguimos yendo como adultos, sobrevivirá, atendida por ese anciano de bigotes que sabe de qué autor hablamos, sin buscarlo en el ordenador.

  4. Volvamos a leer 1984 y entenderemos lo que va a pasar

  5. ¿No os dais cuenta de que las s argumentos que exponëis contra amazon son los mismos que se alegaron contra la imprenta?

    ¿Por qué molesta tanto el acceso libre, barato y fácil a la cultura y a los bienes de consumo?

    • No es el acceso libre y barato lo que aniquila al escritor? A las editoriales? A los músicos? Si queremos todo libre y barato, olvidémonos de los futuros Tarkovsky y Bergman, adiós al próximo Humberto Eco o Tolkien, no más fenómenos como Pink Floyd o Puccini. Estaremos condenados a malvivir con producciones libres y baratas producto de una ideología de eficiencia de capital brutal que no deja espacio a la experimentación por miedo a un pobre retorno de inversión, tendremos que sobrellevarla con Michael Bay, Sombras de Gray y escuchando a DJ Bezos en streaming!! Si queremos calidad, hay que pagar por ella. La libertad tampoco es barata, es una batalla diaria.

      • La experimentación, siempre siempre con gaseosa.

      • ‘si queremos calidad hay que pagar por ella’ se dice por aquí. ¿y qué es de calidad? ¿Lo que nos empaqueta la editorial Planeta, lo que nos ponen las discograficas en los 40 principales, lo que le gusta al propietario de esa vieja librería o casa de discos? Hablas de Pink Floyd, millonarios en ventas y royalties, y muy idolatrados por la crítica, pero hubo multitud de grupos en los 60 y 70, tan buenos o mejores que ellos, que no tuvieron tanta suerte y no pudieron vivir de su arte.

        Los negocios mutan, pero la cultura pervive.

        Soy de los que opina que sobran intermediarios, que encarecen el producto cultural, y que puede haber calidad a un coste razonable para todos. Amazon es un canal más por el que acceder a esa cultura, de una forma sencilla y asequible. Un negocio alineados. No es perfecto, y forma parte de esta tremenda globalización que nos aprieta, pero te da un acceso directo y asequible, a un enorme catálogo de discos y libros,por poner un ejemplo, que difícilmente podrías obtener fuera de una gran ciudad.

      • Es un error identificar la suerte de los creadores con la de la industria artística. Los editores sudaban de Proust. El Ulysses se publicó de milagro. La mayor parte de la obra de Kafka es póstuma.
        La industria y el mercado encumbran y alimentan nombres, caras, ídolos pop (dicho sin ánimo peyorativo) cuya obra (literaria, musical) puede ser más o menos meritoria. La creación es otra cosa.

  6. O sea que Amazon, Mc Donald’s y Mango han agredido y expulsado a varios comercios tradicionales (entiendo por el tono del artículo) y supongo que sobornando de paso a la alcaldesa de Barcelona.
    ¿Por qué no crearon una ley contra la quiebra de PYMES?
    O mejor ¿por qué no obligaron a los lectores a ir a las “librerías tradicionales” en vez de abrazar al barato satán capitalista?

    Yo siempre dije que la rueda fué el primer invento que nos alejó de la manera tradicional, pausada, de viajar y transportar. ¿A qué tanta prisa?

    Y el fuego: ese maligno que nos alejó del sabor tradicional de la caza sangrante, y de la sana luz de las estrellas.

    ¿Quién necesitaba tanto progreso?
    Desde luego cualquier tiempo pasado…

  7. Leo habitualmente artículos con los que estoy en desacuerdo, pero este se lleva la palma. Hay argumentos que no hay por donde cogerlos. ¿Amazon es malo porque tiene robots que mueven estanterías de 300 kg? ¿Qué será lo próximo? ¿Quejarnos de que la imprenta les quitó el trabajo a los amanuenses?

  8. Jorge Carrión, te planteo una juguetona vuelta de tuerca simplemente para animar el debate.

    Contra las librerías: manifiesto a favor de las bibliotecas.

    Redúzcámoslo a su esencia. ¿Qué nos ofrece un libro? Seis, diez, doce, venticinco horas de entretenimiento, viaje, conocimiento, emociones, evasión. Una experiencia efímera, como disfrutar de una buena comida o asistir a un partido de lo que usted quiera. Cerramos la última página, damos el último bocado, pita el árbitro y se acabó. De ahí en más sólo el poso emocional, el recuerdo gozoso. ¿Por qué entonces la necesidad de POSEER el objeto, ya sea físico o digital? ¿Por qué además de leer la obra queremos tenerla?

    Aquí en Avilés, villa humilde de la comunidad autónoma con el PIB más bajo de España, somos afortunados: tenemos una biblioteca con un catálogo apabullante. Nos permite de manera gratuita experimentar el mismo goce que experimenta Jorge cuando compra sus libros en su librería de toda la vida y los toca y los huele. Por mis manos han pasado decenas de ejemplares. Los he saboreado y acariciado. En algunos casos hasta me han enamorado. Pero no tengo ninguno. Para amarlos no necesito poseerlos. Con que estén conmigo un ratito y me den la experiencia pura de su lectura tengo suficiente. Y después, que se los lea otro.

    La biblioteca da la experiencia orgánica del libro físico y la portabilidad del digital: no ocupa espacio y si te tieneso que mudar, el libro no pesa. Y es gratis. Pero el móvil no es económico (con gusto pagaría una cuota mensual a mi biblioteca si fuera necesario). El valor añadido es NO POSEER el libro. Poder leer sin la obligación de tener que tener. Que los libros puedan pasar por tu vida como un cometa y luego se desintegre.

    Somos esclavos de la adquisición. De la foto en Instagram. De los ojos del que va al lado en el autobús. Del libro-trofeo en la estantería de Ikea al lado de muchos otros libros-trofeo que dicen tanto de nosotros mismos, pequeños yo de papel. Porque como escribió Julio Cortázar, cuando te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.

    Simplifica tu vida. Serás más feliz.

    Es un consejo de la Dirección General de haz lo que quieras, yo solo vine aquí a molestar.

    Excelente tu artículo. Saludos.

    • Cuánta razón tienes.
      Yo también pertenezco a esa armada, Brancaleone.
      Conozco a más de uno que compra determinados libros para “exponerlos” en su librería, de ikea o no, eso da igual. Se trata de gente que se pone muy nerviosa cuando intentas echar mano a uno de esos libros para ojearlo, pues es evidente que nunca se han abierto. Y mucho menos leído.

  9. Todo tiempo pasado fue blablablabla. Que pereza me dan.

    Miren, si el terrible futuro que nos espera implica tener información al instante sobre el tema que quiera, poder pedir el producto que quiera y tenerlo en 24 horas en casa a un precio estupendo y poder estar conectado con prácticamente cualquier persona que haya conocido de forma inmediata les diré algo: espero que disfruten ustedes de su pasado cañí y zarrapastroso.

  10. Con respecto a Kindle, algunos trucos para minimizar lo descrito en el punto V. Para empezar no usarlo jamás para descargar libros directamente, mejor descargar libros en versión epub (gratuitos o no), convertirlos a formato Kindle usando el software gratuito Calibre y transferirlos en Kindle usando el cable USB. Usar el Kindle siempre en modo ‘avión’ para evitar que se conecte a nada y dentro de la configuración del Kindle (en la sección de Restricciones y Control Parental) desactivar totalmente el acceso a Tienda Kindle, el acceso a Cloud y el acceso a Googlereads. De esta manera os aseguráis que ni los subrayados, ni la lista de libros, ni lo que hemos leído o cualquier otra información se sube a los servidores de Amazon

    • Yo uso el Kindle exactamente como tú describes. Hay manera de aprovecharse de lo nuevo evitando muchos de los problemas y dilemas que introduce. Pero desafortunadamente, aunque solamente se trate de cambiar la configuración del lector e instalar una aplicación en el PC, esto resulta demasiado complicado para el autor del artículo. Es una tendencia entre mucha gente (¡no toda!) que se autoidentifica como “de letras”: se quejan amargamente de los automatismos, pero en la práctica carecen de la paciencia, la voluntad o la capacidad de hacer muchas cosas ellos mismos. Fíjate cuántos de ellos usan dispositivos de Apple… “Así no me preocupo del antivirus”, “así todo me funciona a la primera sin que tenga que hacer yo nada”, etc. etc… Pero luego, a quejarse. Y así nos va.

  11. Todo lo que dices es cierto pero hay algo con lo que yo no contaba y que me ha hecho usuario del libro electronico.LA LETRA QUE ME HE HECHO MAYOR Y LA PONGO MUY GRANDE

    • Yo prefiero siempre el libro de papel: retengo mejor la historia, tengo sensación de progresión, el reflejo de la luz natural o artificial sobre la textura y tinta del papel es infinitamente superior, el diseño de las portadas, el olor, etc. etc., pero si es cierto que ha habido ocasiones en las que he leído un libro a la vez en papel y en libro electrónico por la razón que mencionas, especialmente si viajo en algún vehículo. Ahí suelo usar el libro electrónico con letra bien grande para no marearme y ya cuando estoy tranquilo en mi casa o donde sea prosigo mi lectura en el de papel.

    • Bueno, también puedes usar una lupa de lectura como hacían LOS ANTIGUOS. Las venden a buen precio en Amazon.

  12. Es usted un verdadero romántico. Y con tiempo libre.
    Yo tengo una lista (varias, de hecho) de libros que quiero leer. Así que cuando termino uno, las reviso, decido el siguiente, y lo encargo físico o digital por Amazon, sí. También me doy el gusto de entrar a librerías a ojear ejemplares o preguntar si tienen allí el que quiero pedir por Amazon, y así ahorro tiempo. Porque como dije antes, usted tiene que tener tiempo. No es que yo tenga tanta prisa para no detenerme a dudar del siguiente libro frente a las estanterías, es que tengo las cosas claras, y pasé de romántico a creativo pragmático hace tiempo. Se lo recomiendo, además, se sufre menos.

  13. He recibido en menos de 24 h. algunos pedidos a Amazon. Es asombroso, habida cuenta de la tradicional lentitud en el transporte en España. Me joroba solemnemente que mis pedidos se facturen en Luxemburgo, lo más parecido a un paraíso fiscal de este continente, pero la rapidez y eficiencia me pueden. ¿Qué hago?

    • Gósalo

    • A mí, como al autor, también me molesta la eficiencia. ¿Cómo es eso de que pidas un libro y lo tengas al día siguiente? ¡Por dios!
      Con lo bonito que era ir a la librería donde quién te atendía no conocía nada del autor del que le estabas hablando, buscaba en su ordenador la disponibilidad y te ofrecía una edición con tapa blanda en lugar de la dura que buscabas.
      Cómo añoro cuando un mes después llamabas para reclamar el libro que habías pedido, y un nuevo dependiente te decía que desconocía por qué no te habían dicho que ese libro estaba descatalogado.
      ¡Qué tiempos tan maravillosos!
      Es una pena que además Amazon esté eliminando situaciones añejas similares en otros comercios: tiendas de discos, electrónica, juguetes, etc.

  14. Pienso que no hay que ser fundamentalista. Yo leo en papel y también en digital, sobre todo cuando estoy de viaje. Los dos sistemas me sirven para una de mis aficiones preferidas: leer.

    • Usted es demasiado coherente para estar diciendo la verdad. No mienta. Díganos cómo lee en realidad.

  15. Todos compramos por amazon, aunque se puede también intentar algo mejor en https://www.bookfinder.com/

  16. Amazon-Bezos, uno de los más listos de la clase de las nuevas generaciones del sistema capitalista. Colarnosla ya nos la colaron hacen mucho tiempo, con los macrocentros comerciales, las FNAC, los Carrefours y los Starbucks… Yo no compro productos culturales en España (salvo a pequeñas editoriales), los compro en países donde por el precio de uno en mí país, me llevo dos o tres en los otros. Para los productos españoles, hay unas instituciones estupendas que son las bibliotecas públicas. Cuando el gobierno y la industria cultural española decidan que los productos culturales no son artículos de lujo y tengan los mismos precios que en países con mayor precio de la vida, igual me animo a comprar. Pero los que no compramos 4 ó 5 libros al año sino unos cuantos más, tenemos que economizar para seguir leyendo y se agradece poder comprar libros a excelentes precios en otros países. Aquí hasta la segunda mano es cara.

    Me identifico con la frase de Koolhas. Todavía hay en el llamado “primer mundo” alguna ciudad que conserva cierta personalidad, pero cada vez son menos distinguibles. En mi niñez y juventud, me encantaba pasar los fines de semana por la Gran Vía madrileña y aledaños. Ahora trato de evitarla en la medida de lo posible. Quien me iba a decir que acabaría convertida en un clon de esa Oxford Street llena de tiendas de ropa que me horrorizaba.

  17. Qué raro debo ser. Y yo comprando libros en mi librería de barrio; sacándolos en préstamo en la biblioteca del pueblo y descargándomelos (piratas) en formato epub cuando no puedo conseguirlos de las formas anteriores.
    Porque de Amazon no quiero saber nada: yo no hago ganar dinero a empresas que pagan lo mínimo a nuestra hacienda pública.

  18. Viva Amazon! Los libros que ya tengo en papel me los vuelvo a comprar en Kindle. Mejor iluminación, escojo la letra, subrayados variados, tomo notas (cuando eran de papel había que hacerlo en los márgenes, penoso era) y de entrada me puedo bajar gratis el principio de cualquier libro para ver si me interesa. Todo lo que se diga es poco. Acabaré como empecé: Viva Amazon!

  19. Pingback: Artículo del Domingo – Sobre Amazon | Solo Ana

  20. Bueno…. el artículo es de una demagogia que espanta. De acuerdo en la mayoría de los puntos pero no se puede mezclar la situación laboral de los empleados de Amazon con lo que signifique para uno el ritual de lectura. Para ser justos, entonces, deberíamos hablar de la tala masiva de bosques para hacer papel y de las condiciones laborales de los madereros en el tercer mundo o la de como nuestros famosos grupos editoriales se dedicaron a producir sus libros en sudamérica porque la mano de obra era más barata, mucho antes de la era digital.
    Otra cosa, ¿qué es una librería de confianza?, creía que lo que tenía que ser de confianza eran los libros. Por Dios, ¡si ahora vas a Espasa Calpe y el dependiente no se ha leído ni un libro!.
    Hablemos de que Amazon es un monstruo, que lo es, explotador, neoliberal y asqueroso, pero no demonicemos la lectura electrónica que, por cierto, ha salvado a un montón de autores del olvido y a otros les ha permitido ser leídos.

  21. Problemas del primer mundo. Que el autor se mude a Venezuela para que sepa cómo se siente de verdad eso que él llama “deseo dilatado” o la “dilatación del deseo”. Para que sepa que si es por una librería –cuyo dueño jamás conseguirá dólares para importar– tu deseo dilatado podrá dilatarse para siempre y no leer nunca el libro que deseas. Una expropiacion que no tiene nada de simbólica.

    ¿Librerías con vino y café y vinilos? No te puedes imaginar cuánto tienes que trabajar para comprar un libro en su sitio así si existiera aquí.

    Aquí ya ni siquiera puedes pedir un libro por Amazon (antes podías, siempre y cuando pagaras un servicio de correo privado que te lo trajera a casa desde un buzón en EE.UU). Ahora te tienes que conformar con bajarlos a tu Kindle. Si es que tienes la suerte de tener uno. Problemas del primer mundo. “Expropiación simbólica”. Por dios.

    • Todo depende con quien te compares, amigo. Al menos tienes internet y un dispositivo para conectarte y contárnoslo. Otros en Africa caminan 10km por un cubo de agua. Todo es relativo.

    • Primer venezolano que escucho decir “aquí” en vez de “acá”. Sospechoso.

  22. Pingback: Contra los que añoran: a favor de Amazon – SMARTRATEGY

  23. Esta empresa cada vez más automatizada donde prescinden poco a poco de el personal humano, llegará el día que la humanidad no tenga trabajo, no cobre un sueldo, a ver quien les va a comprar sus artículos, quizás los robots que trabajen para ellos!

  24. Los comentarios vertidos en el artículo son mejores que el propio artículo. De hecho, parece como si el propósito del texto fuera generar un debate que se vislumbra más rico que el contenido del artículo, porque este último tiene un tono quizá un poco pedestre.

  25. Curioso es el descrédito. Busco en amazon por el autor de este artículo y claro que si: Me encuentro sus libros disponibles para Kindle!!
    https://www.amazon.com/s/ref=nb_sb_noss_2?url=search-alias%3Daps&field-keywords=Jorge+carrion

    Grande hipocresía, mucha inconsecuencia. El típico predico pero no practico.

    • Son peores los que dicen que no creen en Dios y luego vienen a misa. No le eche cuentas.

    • No es culpa del autor. Tengo una microeditorial. Si doy de alta un libro en el ISBN, al poco lo oferta Amazon, sin haber contactado con nosotros para nada.

  26. Lo curioso es que ahora en Amazon, la mayoría de los libros que están en kindle, los tienes en versión papel. Amazon se encarga de imprimírtelo y en dos, tres días, ya lo tienes en casa. Para los románticos del tacto, el olor y el sonido del repicar de las páginas…

  27. Intento fallido de hacer literatura con una bateria de argumentos discutibles y plagados de topicazos y falacias. Por el tono del articulo pareciera que los consumidores de Amazon fuéramos cómplices del holocausto nazi, hiciéramos la vista gorda respecto a la pedofilia, nos da igual la explotación laboral o que se cierren librerias, y fuéramos simultáneamente ingenuos, neoliberalistas, robots, ciborgs y la de todos los Santos. Para demagogias baratas, aqui una continuación a las del articulo. Si no es tan dificil. No hace falta extenderse tanto. O se corre el riesgo de resultar previsible, moralista, afectado y estomagante.

  28. Y ahora es cuando te informas y ves que el verdadero negocio de Amazon se llama Amazon Web Services, o lo que es​ lo mismo: el mejor proveedor de servicios de cloud computing del mundo. Más del 60% de sus ingresos proceden de aquí y facilitan la informatización a miles de pymes y no tan pymes.

    Bienvenido a 2017, la informática ha venido para quedarse.

  29. Menuda sarta de idioteces, gracias a Amazon puedo comprar películas desde 5€ aprox. en vez de 20€ en cualquier tienda, donde paguen los impuestos no es mi problema, que lo resuelvan los políticos que si me roban el dinero.

    Por otra parte, Amazon le ha quitado la tontería a infinidad de comercios y les ha puesto los pies en el suelo.

    Y todo esto sin contar que ha puesto el mundo a un click de mi.

    GRACIAS AMAZON

  30. Un día os estaréis cagando mientras esperáis a que Amazon os traiga el papel higiénico, eso sí, en menos de 24 horas. ¡Despertad humanos!

  31. Parace que al autor no le gusta el siglo XXI en absoluto. Pero eso en verdad carece de importancia porque es imposible que viaje al pasado. Amazon, gentrificacion, globalizacion, uber, etc es lo que toca. incluso si alguien es tan ciego de no ver que vivimos en la mejor epoca de la historia, le va a dar igual, que se acostumbre o llore

  32. Gran alegato ludita de alguien que presumiblemente nunca ha vivido lejos de una gran ciudad y no sabe lo que es no tener una librería decente en menos de 200 km a la redonda. Quien dice libros dice también buen cine en vo (cosa superada con el DVD en casa, emisión en streaming, etc. Avances técnicos que supongo al autor del artículo le parecerán otra manifestación del apocalipsis).

  33. La imprenta es el maligno…! Que la gente no lea, que se volverá inteligente y nos pedirá más y más…! Es ley de vida: viene alguien que hace mejor las cosas y ofrece mejor servicio y salen los inquisidores de siempre alertando del maligno… Y peor aún que seles dé pábulo desde ciertos medios

  34. Me encantan las buenas librerías, pero ese tipo de establecimientos independientes y románticos a los que alude Carrión solo suele existir ya en las grandes ciudades. Sin embargo, con Amazon, por muy maligna que sea, puedes recibir un libro reseñado por el NYT o publicado por una rara editorial universitaria en pocos días. Todo esto es como lo de los cines. Los podemos echar de menos, pero qué ventaja tener Netflix o una cadena de pago y no volver a pisar una sala incómoda y maloliente.

  35. Diga usted que sí. La nostalgia es el peor foco de infecciones.

  36. Pingback: En cultura…¡Nos están expropiando y nos estamos dejando! – cambiando de tercio

  37. Los comentarios son para mear y no echar gota. Está claro q los narciso-nativos digitales están encantados de respirar/consumir dentro de su cibernética/neoliberal jaula dorada.
    Encantado de ser un arcaico heidelbergensis a su lado.
    Pa tí y pa siempre, Reverendo

    • Su sitio en el museo de historia natural más cercano lo quiere de pasillo o de ventana?

    • Nos vamos a tener que reconvertir en eremitas recalcitrantes… como decía Groucho, que paren el mundo que yo me bajo.

      Pd.: Revendo Ramón, es usted un crack!!

  38. Estoy de acuerdo, pues el peligro de esta empresa no es que page pocos o ningunos impuestos, que tengan poco personal al tener mucha tecnología, sino que con mis datos personales estudie mis hábitos y intenten confundir para que consuma otros y más. Pero si estoy en paro o soy pensionista de escasos reclusos. ¿Porque se esfuerza y se toma la libertad deintentar de influir en mi, con el único fin de dejarme el bolsillo vacio?

  39. Pingback: Som la llibreria de la cantonada | Bernat Puigtobella

  40. Alguien está vendiendo Jot Down en Amazon: https://www.amazon.es/Libros-Jot-Down/s?ie=UTF8&page=1&rh=n%3A599364031%2Cp_27%3AJot%20Down

    Igual así empiezo a compraros la revista. También por el rigor del artículo.
    Pero en defensa de globalización, no creo que todo sea tan malo y poco humano como parece.

  41. Pingback: Contra Amazon: siete razones / Un manifiesto. Jorge Carrión en Jot Down – Trama editorial

  42. Pingback: Focus press setmanal número 44 | Taller de política

  43. Y este artículo lo escribe alguien en una red social donde todo lo publicado es guardado!!! Ya que se muestra en desacuerdo con nuevas tecnologías: escribe a puño mil octavillas y empieza a repartir. Si te molesta el cambio de un negocio y darle un uso distinto, no entres en Macdonals Gran Vía, H&M y muchos etccc.. En nuestras ciudades. Automatizando distribución de libros? Levanta tu denuncia en las cadenas de fabricaci9n de coches y así diversos motivos que desde luego es el consumo por consumo y, muchos usamos el consumo de la cultura que es para lo que usamos Amazónica, menos demagogia en futuros inevitables es la hora que nos ha tocado vivir ya que detrás de la economía del enriquecimiento de empresas como esta que tributan en paraísos fiscales NO HACEMOS NADA, CALLAMOS Y COMPRAMOS !!

  44. Haced como yo, que debo haber pasado más de quince años sin leer un libro y aquí me tenéis, tan pancho, viendo películas y series, escuchando música y follando todo lo que me dejan que es bastante, por cierto.

  45. Pingback: Amazon y las siete imposturas de Jorge Carrión – El blog de Bernat Ruiz

  46. Pingback: Defiendo la lentitud acelerada, la relativa proximidad. Jorge Carrión – Lasai…

  47. Pingback: Caminar… da para mucho… – cambiando de tercio

  48. Pingback: Lectura recomendada: ¿Qué hacemos con Amazon? | PROYECTO451

  49. Librerias, las de internet: http://libgen.io/

  50. Para el autor.

    I- Yo compraba libros en los kioscos… ¿el kioskero era también un expropiador?

    II- ¿Ha visitado usted cualquier fábrica de cualquier producto en cualquier país? Todos son “robots”, en eso precisamente consiste la clave de su éxito por suerte o por desgracia.

    III- La librería Europa no se cerró por vender libros, sino por algo más. Amazon sólo vende libros sobre Hitler, pero no va más allá, como sí paso en BCN.

    IV-¿Insinúa usted que puede engañar a FB y Google? Permítame que lo dude. Las series o la música de amazon es una anécdota, por si no lo sabía, incluso las misiones espaciales de la NASA a Marte han necesitado de la capacidad de cómputo de los computadores de amazon.

    V- Si tiene usted un PC con Windows o un Mac y casi seguro un android o un iOS siento decirle que ya le están espiando, y no sólo mientras lee…

    VI- De acuerdo con usted.

    Siento destriparle el final, porque yo también tengo algo de romático e idealista, pero usted va a perder y amazon va a ganar. Y creo que lo sabe.

    Saludos

  51. Yo tambien estoy parcialmente en desacuerdo. Pero solo comentar que JotDown esta usando amazon en su servicio, concretamente CloudFront

    builtwith (punto) com/jotdown (punto) es

    Tambien estan en el negocio de proveedores de servicios para desarrolladores, y son practicamente los mejores y mas usados, asi que tienen mas datos de nosotros de los que el articulo indica.

  52. Si alguien se pone a pensar en todo esto un rato, se dará cuenta que Amazon ha democratizado, por parte de los lectores, el acceso a los escritores y a sus libros, y que hay un montón de empresas que intentan poner de nuevo puertas al campo para volver a lo de siempre. No digo más.

  53. Pingback: Ni tenemos, ni queremos, tener bases de datos – Re-Read Bilbao San Mamés

  54. Pingback: La cosa esta de l’amazon i els llibres – el basar de les espècies

  55. Pingback: ¿El papel o la digitalización?: una sesión de chat con Jorge Carrión – LA PARADOJA

  56. Que cierren librerías de toda la vida no es culpa de amazon, es culpa de la sociedad que prefiere comprar un libro sin moverse del sofá y recibirlo en 1 hora que desplazarse a la librería e interactuar con otras personas. Amazon no ha puesto una pistola a nadie para que le compre, su éxito reside en la simplicidad y facilidad de uso que ofrece y que encaja a la perfección en la sociedad del ‘lo quiero ahora mismo y sin esfuerzo’ vivimos. El éxito de amazon es un reflejo de los valores de la sociedad en la que vivimos, Bezos ha sido el más listo de la clase, el que ha sabido ofrecer lo que la gente demanda. Creo que en lugar de criticar y escribir manifiestos en contra de la empresas se debería hablar de los culpables de que estas tengan éxito, los que compran.

  57. Amazon son unos hijos de puta

  58. Amazon es un timo! Aunque no he comprado libros, he comprado un par de zapatos que me han costado más de 100€ más el envío y luego de 3 usos me he quedado en la calle con la plataforma en la mano. He escrito al vendedor y enviado suficientes fotos como para documentar el hecho y nada! Me han dicho que no pueden hacer nada al respecto. Una verguenza! Quiero dejar mi testimonio en la mayor cantidad de sitios posible para advertir a otros compradores.

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